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    El 21 febrero de 1973, las tropas soviéticas ensayaron por primera vez el arma más potente de la Tierra, el misil balístico intercontinental R-36M. Este sistema se adelantó a su tiempo más de medio siglo, dado que los diseñadores soviéticos utilizaron tecnología de punta, vigente incluso con los estándares actuales.

    Aparte de tener eficaces herramientas, que le permitían superar la defensa antimisiles, los motores con el empuje vectorial y las ojivas maniobrables, el R-36M con el alcance de 16.000 kilómetros es capaz de transportar su carga de combate a cualquier territorio enemigo.

    Mejor que la arma antecesora

    Este misil, bautizado Satán, fue diseñado como un arma con el que la URSS podía responder a un agresor después de que este pasara a lanzar un ataque nuclear contra ella.

    Si bien Satán representa formalmente una versión modernizada del R-36, realmente es un arma prácticamente diferente. En este misil fueron plasmadas todas las mejores características de su antecesor. La potencia y la precisión del R-36М son 1,5 y 3 veces mayores respectivamente que las del R-36, mientras que la protección de su silo de lanzamiento supera 30 veces a la de su antecesor.

    El R-36 solía descansar sobre varios muelles amortizadores, pero estos fueron incapaces de aguantar el peso del nuevo misil, que superaba las 200 toneladas. De hecho, es el misil balístico más grande en servicio de toda la historia.

    Sin embargo, los diseñadores soviéticos lograron solucionar este problema al llenar su contenedor de lanzamiento con el gas sometido a presión. Este contenedor y un colgador pendular protegen el misil contra las perturbaciones causadas por las posibles explosiones nucleares cerca del silo de lanzamiento.

    Las preocupaciones de EEUU

    EEUU vigiló atentamente los ensayos de este misil. Un barco de inteligencia siempre se encontraba en las aguas neutrales durante los lanzamientos de prueba realizados cerca del polígono de Kura en Kamchatka. A la vez, un laboratorio volador, construido a base del bombardero B-52, los observaba desde el aire. Sin embargo, los militares rusos simplemente esperaban a que se le acabara el combustible y volviera a su base de emplazamiento para realizar los lanzamientos de prueba.  

    Washington mostraba su interés por las ojivas que se separaban del misil, dado que se trataba de una tecnología que había sido implementada por primera vez en un misil balístico intercontinental, recuerda el periódico ruso Rossiyskaya Gazeta. No obstante, estos no eran sus únicas sorpresas. Los operadores de esta arma podían reapuntarla poco antes que esta sea lanzada en el aire. Esta función también fue implementada por primera vez en un misil balístico intercontinental.

    Por si fuera poco los equipos de a bordo del Satán contaban con una protección máxima contra las consecuencias de una explosión nuclear y el efecto que podrían tener sobre ellos los sistemas de contramedida electrónica. Además, un blindaje producido de los materiales absorbentes de calor y de radio protegía al PS-36M desde fuera.

    En caso de que los motores llegaran a pararse en pleno vuelo por culpa de la radiación ionizante, los constructores del misil lo dotaron de la capacidad de volver a arrancarlos estando ya en el aire. Además, el impacto de una ojiva nuclear enemiga en el silo de lanzamiento del R-36M solo es capaz de aplazar su despegue en 3 o 5 minutos, pero no detenerlo por completo.   

    ​Los constructores soviéticos desarrollaron al menos tres tipos de ojivas que pueden instalarse en este misil:

    • pesados con potencia de 18, 20 y 25 megatones;
    • ligeros con potencia de 8 megatones;
    • ojivas con bloques múltiples que se separan en el vuelo y tienen potencia de 800 kilotones cada una.   

    El coeficiente del posible desvío de una ojiva pesada llega a 130 metros y el de los que se separan asciende a 80 metros. Al tomar en cuenta su potencia y margen de error, se puede deducir que esta arma es tan precisa como la de un francotirador. Además, al equiparse con ojivas con bloques múltiples, también cuenta con bloques señuelos con diferentes principios de funcionamiento.

    "Invulnerable frente a las armas enemigas, con un alcance sin precedentes y una potencia destructiva, este misil balístico intercontinental podría haberse convertido en un protector fiable en la posible Tercera Guerra Mundial. En EEUU entienden que si pasan a atacar a Rusia, su contrincante tiene con qué responder a Washington. Tras haber sumado a ello las capacidades supernaturales del R-36M, bautizaron a este misil con respeto y con recelo como Satán", concluye Rossiyskaya Gazeta.
    Etiquetas:
    Unión Soviética, misiles balísticos
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