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    Militares de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de Rusia

    No temen a la radiación: ¿quiénes son los primeros en entrar en el epicentro nuclear?

    © Sputnik / Vitaly Ankov
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    El 13 de noviembre Rusia celebra el día de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica. Su enemigo es invisible, el riesgo que corren es enorme y el papel que juegan para garantizar la seguridad del país es difícil de sobrevalorar.

    Nueva guerra

    Los gases tóxicos de la Primera Guerra Mundial han cambiado para siempre los métodos de guerra. En lugar de lanzar al combate un batallón tras otro, una pequeña división química armada con cilindros de cloro era suficiente para llegar a una posición inexpugnable.

    En pocos minutos, los soldados llenaban las trincheras con el veneno, privando al enemigo de la voluntad de resistir o incluso de la vida. Además del gas, los químicos militares recibieron otras armas terribles: lanzallamas.

    Las tropas rusas también llevaron a cabo ataques con gas y llamas. A finales de 1916 había 15 unidades químicas en el Ejército imperial, que operaban en diferentes partes del frente.

    Diez años después del final de la guerra, el 8 de febrero de 1928, entró en vigor el Protocolo sobre la prohibición del empleo en la guerra de gases asfixiantes, tóxicos o similares y de medios bacteriológicos, usualmente llamado Protocolo de Ginebra. La URSS lo ratificó en abril del mismo año. Sin embargo, abordaba solo el uso de armas químicas o biológicas, pero no se mencionaba su producción, ni almacenamiento, ni transporte.

    Durante la Segunda Guerra Mundial, las Tropas Químicas hacían cortinas de humo y escondían importantes instalaciones. El Ejército mantenía una alta disponibilidad de defensa antiquímica en caso del uso de armas químicas por el enemigo.

    Experiencia nuclear

    En la era nuclear, las tropas químicas se dedicaron a unas misiones nuevas: exploración nuclear, descontaminación y desinfección, control de la seguridad del personal, armas, equipos, etc.

    El escaso conocimiento sobre los peligros de la radiación dio lugar a unas maniobras que parecen impensables a día de hoy. En 1954, en el campo de entrenamiento Totski, se utilizaron armas nucleares durante unos ejercicios que involucraron a unos 45.000 militares. Los especialistas de las tropas químicas evaluaron la situación antes de la explosión, describieron la nube en forma de hongo e investigaron la zona.

    Las primeras patrullas para explorar la radiación llegaron al epicentro tan solo 40 minutos después de la detonación y establecieron que la radiación era de más de 450 mSV, equivalente a las mayores dosis que recibieron los liquidadores de las consecuencias de la catástrofe en Chernóbil, también militares de las Tropas Químicas. Una vez cumplida la misión, se aplicaron unos reactivos especiales para tratar al personal y al equipo militar irradiado.

    Llama del dragón

    En la actualidad, las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica garantizan la seguridad del personal militar, población e infraestructura, exploran las zonas con la ayuda de máquinas y dispositivos especializados y, en caso de que se detecte una infección, marcan los límites de su foco.

    Además de sus funciones puramente defensivas, las Tropas han conservado su famosa llama del dragón. En caso de una guerra, serán capaces de atacar al enemigo con armas incendiarias. Disponen, por ejemplo, de un lanzallamas de infantería RPO-A Shmel, equivalente a un proyectil de artillería de 152 mm por su efecto destructivo, y de un sistema móvil de lanzallamas pesado TOS-1A Solntsepiok, capaz de lanzar 24 proyectiles incendiarios de 220 mm al objetivo en unos segundos.

    Etiquetas:
    tropas, Rusia, armas biológicas, armas químicas, radiación
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