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    El submarino ruso de la clase Varshavianka

    EEUU no tiene nada como el torpedo ruso de 200 nudos: ¿se vuelve la guerra submarina "más ruidosa y mortal"?

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    Una de las armas submarinas más innovadoras desarrolladas por la URSS fue el torpedo VA-111 Shkval con un sistema de propulsión basado en la supercavitación. Según el columnista de The National Interest Kyle Mizokami, esta arma rompe ahora el paradigma de la guerra submarina.

    Torpedo revolucionario

    Altamente clasificado, el Shkval fue prácticamente desconocido antes del final de la Guerra Fría y salió a la luz solo en la década de 1990. Propulsado por un motor de cohete, era capaz de alcanzar velocidades asombrosas de hasta 200 nudos por hora. Pero en un mundo donde la mayoría de los barcos y las armas subacuáticas llegaban a 50 nudos, ¿cómo lograron los ingenieros rusos un avance tan drástico en la velocidad?, se pregunta el autor.

    Tradicionalmente, los torpedos utilizan hélices o chorros de agua para la propulsión, mientras que el Shkval usa un motor de cohete. Sin embargo, viajar por el agua crea grandes problemas de arrastre.

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    El Shkval resuelve este problema retirando el agua de su camino. El torpedo redirige los gases de escape a la proa, lo que crea una fina burbuja de gas a su alrededor. Viajando a través de esta, el torpedo encuentra mucho menos resistencia, lo que le permite moverse a velocidades de hasta 200 nudos. A este fenómeno se lo conoce como supercavitación.

    Inconvenientes

    No obstante, este sistema hace que las maniobras de giro sean complicadas, ya que un cambio de rumbo forzará a una parte del torpedo a salir de la burbuja. Las primeras versiones del Shkval aparentemente tenían un sistema de guiado muy primitivo.

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    © Sputnik / The Ministry of Defence of the Russian Federation
    "Considerando que la ojiva habría sido nuclear, eso habría sido suficiente para destruir el objetivo. Está claro que para la Unión Soviética hubo momentos en que la velocidad de los torpedos era más importante que la maniobrabilidad", opina Mizokami.

    Diseñado originalmente en la década de 1960, el Shkval se incorporó al arsenal de la Armada soviética en 1977 como medio de ataque rápido contra objetivos de superficie y submarinos. Las versiones más recientes del torpedo utilizan la supercavitación para llegar rápido hasta el área objetivo y luego disminuyen la velocidad para buscar su objetivo.

    Otro inconveniente es el ruido de la burbuja de gas y el motor del cohete, observa el columnista.

    "Cualquier submarino que lance un torpedo supercavitante revelará en seguida su posición aproximada. Pero un arma tan rápida podría destruir al enemigo antes de que le dé tiempo para actuar", agrega.

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    ¿Existe un futuro para el torpedo supercavitante?

    EEUU ha estado trabajando en un arma similar desde 1997, aparentemente sin lograr lanzarla, señala el autor. De hecho, la Marina de Estados Unidos está actualmente en el proceso de mejorar el torpedo submarino Mark 48 para su uso en un futuro. Por otra parte, los requisitos de la Marina eran mucho mayores que las capacidades del Shkval, incluyendo la maniobrabilidad y la búsqueda de objetivos.

    Mientras tanto, los submarinos rusos son los únicos en el mundo equipados con torpedos supercavitantes, versiones modernizadas del Shkval armadas con una ojiva convencional.

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    © Sputnik / Ministerio de Defensa de la Federación Rusa
    La industria rusa también ofrece una versión de exportación, el Shkval E, para las ventas en el extranjero. Irán afirma tener un torpedo supercavitante propio que se llama Hoot y que se supone que es un Shkval de ingeniería inversa.

    En 2004, el contratista alemán de defensa Diehl-BGT anunció el Barracuda, un torpedo de demostración destinado a alcanzar una velocidad de hasta 194 nudos. Los modelos de prueba podían viajar por caminos rectos y curvos. Sin embargo, el programa aparentemente nunca se tradujo en un arma comercializable.

    "El Shkval, un arma ruidosa pero efectiva, rompe el paradigma de la guerra submarina. Un torpedo de 200 nudos es una capacidad muy atractiva, y a medida que la competencia naval se calienta tanto en el Atlántico como en el Pacífico, podemos ver aún más armadas adoptar diseños supercavitantes y ajustar sus tácticas submarinas. La guerra submarina está a punto de volverse mucho más ruidosa y mortal", advierte Kyle Mizokami.

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