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    La visita del ministro ruso de Defensa Serguéi Shoigú (tercero drcha.) a la base aérea de Hmeymim en Siria (archivo)

    Rusia evitó en Siria una guerra civil crónica, como la de Libia

    © Foto : Ministerio de Defensa de Rusia
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    Ante la reunión del presidente de Rusia, Vladímir Putin, con sus pares de Turquía e Irán por el inminente final del conflicto bélico en Siria, Sputnik dialogó con el analista internacional Paulo Botta.

    El experto, doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid, destacó las palabras de Putin sobre los esfuerzos de Rusia, Irán y Turquía para evitar la desintegración de Siria y la catástrofe humanitaria de manos del terrorismo.

    Presidente de Rusia, Vladímir Putin, presidente de Irán, Hasán Rohaní y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan
    © REUTERS / Kayhan Ozer/Turkish Presidential Palace
    Botta subrayó que durante buena parte de la guerra en ese país, las naciones occidentales exigían que Bashar Asad saliese del poder "como situación previa a cualquier solución". Sin embargo, la participación de Moscú en la contienda contra el terrorismo "ha logrado mantener al Gobierno central". Hoy, la permanencia del presidente sirio "es una condición que nadie discute".

    El analista subrayó el liderazgo de Rusia, Turquía e Irán, que han oficiado de garantes en el cese del fuego pactado en el proceso de Astaná, una instancia impulsada para conseguir la paz entre las distintas facciones que se disputan el poder.

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    "Desde mi punto de vista, el gran error sería querer volver al momento del 2011 [el inicio de la guerra]: un Estado totalmente centralizado, sin ningún tipo de reconocimiento por ejemplo a la autonomía kurda, un tema muy sensible", dijo Botta.

    ​"Lo más inteligente sería incluir ese tipo de demandas, mantener la estructura política y no hacer lo que algunos pretendían, que era precisamente dividir totalmente el país y que viviera una guerra civil crónica como está sucediendo en Libia", agregó.

    ¿Qué pasará con Daesh?

    Gracias a la colaboración de Moscú, el grupo terrorista Daesh —autodenominado Estado Islámico, proscrito en Rusia y otros países— ha perdido el control de territorios y ciudades. Sin embargo, más que la organización en sí, "los derrotados son sus militantes", estimados entre 20 y 30.000 individuos, la mitad de ellos provenientes de otros países, estimó el experto.

    "Es gente muy ideologizada, con entrenamiento militar. Pueden ir a otros lugares o a sus países de origen, lo cual es un problema de seguridad. No es la primera vez que se da: recordemos que en los años 80 sucedió exactamente lo mismo en Afganistán", cuando los combatientes volvieron hacia fines de los 80 e inicios de los 90 a sus regiones nativas, recordó Botta.

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    Estas personas radicalizadas "dieron origen a la guerra civil en Argelia" y a "levantamientos en Yemen y Jordania". Por lo tanto, el analista opinó que "el problema en sí no es Daesh sino los combatientes extranjeros", cuyo control plantea un importante desafío a la comunidad internacional.

    "Se debería fomentar la cooperación, porque sin un intercambio de información, estos militantes, lamentablemente están en una condición ideal para realizar atentados a lo largo y ancho del mundo", comentó.

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    Etiquetas:
    guerra, Hasán Rohaní, Recep Tayyip Erdogan, Bashar Asad, Vladímir Putin, Irán, Turquía, Siria, Rusia
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