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    Soldados estadounidenses en Oriente Medio (archivo)

    La táctica emergente 'cross-domain' revoluciona el sistema de ataque militar de EEUU

    © AFP 2018 / Yasil Akgul
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    Un nuevo concepto de combate del Pentágono está dirigido a aumentar vigorosamente los ataques 'cross-domain', en los que la aviación desempeñará el papel principal, escribe el experto en asuntos militares Kris Osborn.

    En su artículo para el medio Scout Warrior, Osborn destaca que la idea también incluye ataques de cohetes del Ejército y de artillería para destruir blancos marítimos y los activos de la Fuerza Aérea, eliminando objetivos terrestres.

    ¿Por qué es importante?

    Los líderes del Pentágono y los principales desarrolladores de armas hablan cada vez más sobre el uso de tecnologías aéreas, terrestres y marítimas mediante la gestión de redes y la coordinación.

    "Tenemos que usar todos los activos conjuntos en una iniciativa colectiva. Podemos recurrir a las fuerzas terrestres para abrir brechas en las defensas aéreas y luego usar la Fuerza Aérea", indicó a Scout Warrior Rick Smith, jefe adjunto de personal de la rama G-9 del Mando De Entrenamiento y Doctrina del Ejército de EEUU.

    Las tácticas de varios dominios son mucho más impactantes que el mantenimiento del intercambio de información, prosigue Osborn. La idea consiste en potenciar las redes de información y en localizar a los aliados y adversarios.

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    De esta manera, el obús autopropulsado M109A6 Paladin o el sistema de lanzamisiles ligero HIMARS podrían destruir un buque enemigo desde la tierra.

    Smith también apuntó que las tecnologías de comunicación electrónicas y de satélite, como el GPS, se vuelven vulnerables ante los ataques del enemigo. Por lo tanto, los desarrolladores del Ejército de EEUU continúan trabajando en las tecnologías de comunicación capaces de funcionar en un modo degradado, así como en lo que se denomina un entorno 'denegado'.

    "Dado el ritmo del cambio tecnológico global, las operaciones de varios dominios involucrarán al ciberespacio y al espectro electromagnético", profundiza el autor.

    Una serie de maniobras conjuntas con la participación de 6.000 militares, llevada a cabo en 2016 en Alaska, ya utilizó las tecnologías de redes para enviar de manera rápida las coordenadas de un avión de combate a las armas terrestres.

    El protocolo de comunicación JREAP (Joint Range Extensions Applications Protocol), sobre todo su versión JREAP-C, permite que los mensajes de datos tácticos se transmitan a largas distancias, a través de internet, ampliando efectivamente el alcance del Link-16 —un servicio digital de alta seguridad de la OTAN a través del cual se comparten diferentes redes dentro de un anillo de comunicación—. Según explicaron los desarrolladores de armas, JREAP-C es necesario debido a que el Link-16 ya está sobresuscrito.

    "Tenemos que mejorar cómo proyectamos la fuerza terrestre a otros dominios: aire, mar, espacio y ciberespacio. Todos los dominios se están congestionando y haciéndose [paulatinamente más] disputados", apuntó Smith.

    Un mayor uso de ataques de varios dominios traería consigo la necesidad de desactivar las frecuencias, las comunicaciones y los ataques entre estos dominios, protegiendo el espacio, la tierra y los activos aéreos, destaca Osborn.

    Asimismo, la integración de la tecnología de control de ataques es esencial para estas operaciones debido a que los datos tácticos, geográficos y de focalización tienen que ser procesados, integrados y coordinados con los activos de ataque terrestres, tales como la artillería, los cohetes de Himars y sistemas de cohetes guiados múltiples.

    "El hecho de que me envíes información no significa que yo sepa cómo procesarla a la hora de lanzar un ataque", explicó Smith.

    El militar también subrayó que es posible que el Ejército de EEUU tenga que renunciar a su "capacidad de ojivas" con el fin de obtener alcance adicional para las armas que lanzarán ataques contra objetivos marítimos con explosivos de pequeño tamaño y de largo alcance.

    Precedentes históricos

    Durante la primera guerra berberisca —conflicto naval entre EEUU y los Estados Berberiscos del norte de África a principios del siglo XIX—, el presidente estadounidense, Thomas Jefferson, envió tropas terrestres y marítimas para que sus fuerzas confluyeran.

    Los piratas relacionados con el Imperio Otomano exigieron 'tributo' de los barcos estadounidense cuando estos pasaron por el Mediterráneo, cerca de las costas de Trípoli. Jefferson se negó a pagar y se involucró en una lucha contra los piratas. De hecho, envió a la región los buques de la Armada de EEUU para bombardear las ciudades berberiscas a lo largo de las costas.

    Al margen de esto, las tropas israelíes derrotaron a los egipcios en 1973, recurriendo a ataques terrestres para destruir las defensas aéreas egipcias antes de lanzar una exitosa ofensiva apoyada por las fuerzas aéreas.

    Un escenario inverso fue utilizado en la guerra del Golfo, cuando los bombarderos furtivos y aviones de combate destruyeron las defensas aéreas de Irak, abriendo camino a una invasión terrestre. Aunque los primeros disparos fueron dados por los helicópteros pertenecientes a las fuerzas terrestres, los primeros ataques a gran escala fueron lanzados por los activos aéreos. Así, el primer helicóptero eliminó el radar de alerta temprana iraquí y abrió la puerta a los mayores ataques aéreos.

    Otro ejemplo citado en el artículo hace referencia a los sistemas de defensa aérea de Rusia —S-300 Favorit y S-400 Triumf—, los cuales "figuran entre los mejores del mundo". Aunque, tanto el S-300 como el S-400 tienen su base en tierra, son capaces de dominar el aire dentro de su alcance.

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    Sin embargo, según opinan algunos expertos, el Ejército del siglo XXI tendría que poner el foco en los ataques marítimos costeros.

    Implicaciones estratégicas

    El desarrollo de este tipo de estrategias parece particularmente relevante en un momento en el que las tendencias mundiales de la creación de armas tecnológicas presuponen la aparición de sensores de largo alcance, misiles y sistemas de comunicación avanzados.

    "Si los buques de superficie son cada vez más vulnerables a los ataques de precisión terrestres, el uso de los activos aéreos en las operaciones ofensivas y defensivas podría mejorar radicalmente la protección y alterar la ecuación táctica de fuerzas a favor de EEUU", enfatiza Osborn.

    Por ejemplo, el sistema de redes NIFCA (Naval Integrated Fire Control-Counter Air) incluye sensores radicados en barcos, una plataforma de reconocimiento y focalización y un misil SM-6 para detectar y destruir a un enemigo desde grandes distancias.

    A pesar de que NIFC-CA se concibió como una tecnología defensiva capaz de destruir los misiles antibuque entrantes, los estrategas de la Armada de EEUU ahora consideran que el sistema podría coordinarse con ataques terrestres móviles o estacionarios en las operaciones de varios dominios. Su capacidad de detectar las armas terrestres también sería capaz de lanzar ataques directos contra enemigos radicados en tierra.

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    "El NIFC-CA es un ejemplo actual extremadamente significativo en los ataques de varios dominios, ya que implica el uso de un activo aéreo, un buque de superficie y, muy posiblemente, activos terrestres también", concluyó.

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    información, ataque artillero, ataque aéreo, estrategia militar, Departamento de Defensa de EEUU, EEUU
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