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    ¿Cómo sería el mundo sin la supremacía de EEUU?

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    Después de un largo período de hegemonía militar, Estados Unidos está valorando cómo comportarse en un mundo en el que países como Rusia y China empiecen a disputarle su supremacía.

    A pesar de que la agenda occidental esté cargada de noticias sobre la guerra contra el extremismo, lo que en realidad preocupa al Pentágono es la amenaza que percibe de Rusia y China, sostiene el artículo de Atlantico. El diario se pregunta cuáles serían las consecuencias de un cambio en el poder internacional. ¿Qué implicaría el fin de una posición dominante de EEUU en la actual lucha de alianzas?

    "Intervencionismo arrogante"

    A nivel político, solo el poder puede detener a otro poder. Cuando alguien acumula demasiado poder en sus manos, se le hace muy difícil contenerse y no abusar de él. Esto fue lo que, según el analista geopolítico Alexandre del Valle, pasó con EEUU en la época de principios de los 90 y hasta finales de los 2000. De aquella 'embriagues' de poder vendrían los daños causados en Irak, Afganistán y Libia. Con sus bruscas injerencias militares, Washington abrió la caja de Pandora no solo del terrorismo islamista, sino también del nacionalismo europeo, tal y como hizo en la antigua Yugoslavia.

    "La hiperdominación estadounidense ha traído más daños de los que ha resuelto y ha provocado una respuesta islamista, por lo tanto, un reequilibrio sería beneficioso", indica del Valle.

    De esta manera, el especialista define que el exceso de "intervencionismo arrogante" de EEUU ha sido contraproducente y ha acabado generando toda una ola de odio antiestadounidense y antioccidental sin precedentes.

    El reto que han presentado Rusia y China ha tenidos dos efectos, señala. El primero ha sido la aprobación por parte del Pentágono de una doctrina militar conocida como 'la tercera estrategia de compensación' —Third Offset Strategy, en inglés—, que tiene como prioridad intentar mantener la superioridad tecnológica y armamentística estadounidense y su capacidad de proyección militar sobre otras naciones.

    Esta ha sido la opción adoptada por los estrategas de la OTAN —ya sean anglosajones, polacos o de las repúblicas bálticas— quienes padecen de una vital 'necesidad' de "sentir la amenaza rusa".

    Por otra parte, el autor destaca el auge de lo que califica como "un movimiento alternativo en Occidente". Su intención, según del Valle, sería dar los pasos necesarios para un acercamiento con Rusia, además de alejarse de los "falsos aliados", como las monarquías del golfo pérsico, consentidas por Washington.

    Este movimiento podría ayudar a combatir eficazmente la amenaza islamista, a la vez que ayudaría a alejar a Rusia "de los abrazos de China", quien a la larga podría convertirse en un nuevo poder hegemónico.

    Seguridad europea

    De ahí provienen las voces que, como los ministros de Defensa y de Exteriores de Italia, llaman a formar un "Schengen militar" con el fin de situar el poder militar europeo en manos de los propios europeos y no en una estructura dominada por EEUU como es la OTAN.

    "Los principios de la defensa y la estrategia están relacionados con los intereses. Si su defensa es proporcionada por otros, usted, básicamente, no está protegido. Las propuestas italianas son dignas de elogio, pero la defensa paneuropea solo puede ser funcional en un contexto de convergencia de los intereses entre los diferentes países, que ahora tienen su propia agenda y no están dispuestos a renunciar a sus prerrogativas soberanas frente a Bruselas como última instancia. Esta es la razón por la que Bruselas es responsable del suministro de agua, los quesos y las pinturas, pero no de cuestiones estratégicas".

    Desde la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, la OTAN ha dejado de ser una estructura dedicada a la defensa, para pasar a ser un instrumento más de la hegemonía estadounidense. Es por eso que la alianza se centra en el aislamiento de Rusia, en vez de en combatir el islamismo, considera del Valle.

    Esta posición encuentra cada vez menos comprensión en estados como Francia, Italia, Hungría o Grecia, que llaman a un acercamiento con Rusia.

    Pero mientras Alemania le siga el juego a los países del este europeo y mientras el Reino Unido continúe siendo "el caballo de Troya" de EEUU en Europa, las fuerzas centrifugas no permitirán que el continente se una contra un enemigo común, concluye el artículo.

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    Etiquetas:
    fuerzas armadas, hegemonía, Atlantico, Alexandre del Valle, Europa
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