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    Exclave ruso de Kaliningrado vuelve a ser “una pistola en la sien de Europa” según experto

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    La provincia de Kaliningrado, exclave ruso situado entre Lituania y Polonia, vuelve a desempeñar el papel de “pistola en la sien de Europa” como hace dos décadas, escribe el politólogo Vladímir Abrámov en un artículo publicado hoy en Nezavisimaya Gazeta.

    La provincia de Kaliningrado, exclave ruso situado entre Lituania y Polonia, vuelve a desempeñar el papel de “pistola en la sien de Europa” como hace dos décadas, escribe el politólogo Vladímir Abrámov en un artículo publicado hoy en Nezavisimaya Gazeta.

    El embajador ruso ante la OTAN, Dmitri Rogozin, considera casi inminente el despliegue de misiles sobre plataforma móvil Iskander-M en esta región del Báltico. Rusia responderá así al escudo antimisil que EEUU y la OTAN planean desplegar cerca de sus fronteras y que hacia 2020 será capaz de controlar la parte europea de su territorio hasta la cordillera de los Urales.

    Moscú necesita dar una respuesta adecuada al reforzamiento del arsenal de ataque estadounidense en la Europa Central. Por su posición geográfica, la provincia de Kaliningrado es plataforma ideal para medios de espionaje electrónico y baterías de misiles destinadas a controlar y, si es necesario, neutralizar las posibles acciones hostiles por parte de EEUU. Lo cual la transforma automáticamente en el blanco de un primer golpe preventivo.

    El articulista da por seguro el incremento de la componente militar estratégica en el desarrollo de Kaliningrado y en la política del Centro federal con respecto a esa región. El grado de su militarización difícilmente volverá a los niveles del período soviético, pues para ello habría que emplazar allí una octava parte del Ejército ruso, pero cierta reanimación del llamado ‘distrito de defensa de Kaliningrado’ es ineludible, según él.

    Como consecuencia irá en aumento el potencial de conflictos en el sureste del mar Báltico. Abrámov opina que los líderes regionales, propensos a la histeria ante “la amenaza del Este”, tratarán de aprovechar a tope esa situación y pedirán a EEUU que también despliegue sistemas antimisiles en su territorio.

    El único consuelo es que tanto los medios de defensa antimisil como los sistemas Iskander-M desarrollados para neutralizarlos podrían usarse únicamente en las condiciones de una guerra global, algo que Occidente y Rusia han podido evitar en los últimos 66 años.

    El politólogo no cree que el despliegue de sistemas Iskander-M repercuta en la economía de Kaliningrado, entre otras cosas, porque el mantenimiento de esos misiles no requiere de un gasto importante en infraestructuras ni tampoco implica un incremento sustancial del número de efectivos militares.

    En cuanto a los inversores foráneos, se fijan más en el clima empresarial que en los cambios de carácter militar estratégico. La central nuclear Baltiyskaya, que planea exportar en un futuro la mitad de la energía generada en Kaliningrado y a la que probablemente harán competencia empresas de Lituania, Bielorrusia y Polonia, tampoco depende de misiles sino, más bien, del calendario de las obras y de la velocidad con que se vayan cerrando las plantas nucleares en Europa Occidental.

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