SPUTNIK
Wattebled: el fotógrafo francés 'amateur' rescatado entre cajas en España
El español Paco Gómez edita un libro sobre una familia francesa a partir de negativos que encontró en el mercadillo del Rastro de Madrid y que corresponden a la primera mitad de siglo XX.



Por Alberto García Palomo



SPUTNIK
Wattebled: el fotógrafo francés 'amateur' rescatado entre cajas en España
El español Paco Gómez edita un libro sobre una familia francesa a partir de negativos que encontró en el mercadillo del Rastro de Madrid y que corresponden a la primera mitad de siglo XX.



Por Alberto García Palomo



Por curiosidad, coleccionismo o proyectos personales, a Paco Gómez le gusta husmear entre las cajas de negativos antiguos. Lo hacía a menudo en las del Rastro de Madrid antes de que la pandemia de coronavirus lo dejara en suspenso. El fotógrafo de 49 años acudía a este mercadillo de la capital de España buscando joyas sepultadas entre obras anónimas. En noviembre de 2019, auscultando ese celuloide rasgado, vio algo que le pareció interesante: una familia sonreía a lomos de un Rolls Royce en medio de una cordillera. Olía a principios del siglo XX.
Sin el ojo entrenado, esta imagen podría pasar desapercibida. Pero tenía un toque diferente. Frente a la mayoría de instantáneas de este tipo que Gómez manoseaba los domingos en los puestos del Rastro, destacaba su encuadre, su preparación. "Era muy bueno técnicamente y con una mirada especial", rememora. Eso le empujó a llevarse las dos cajas de la misma colección. Le costaron 15 euros.
© CC BY 2.0 / Álvaro Vega F./ negatif
"Compro cuando puedo tirar del hilo", explica el profesional madrileño. "Me fijo en el potencial", dice, mientras enciende un proyector en su estudio y muestra otro de sus hallazgos: en 2003 rescató de la basura una colección que pertenecía a una extravagante familia estadounidense. Años después se convirtió en el exitoso libro 'Los Modlin', que recorría la vida de estos artistas extranjeros radicados en Madrid y editó en su propio sello, Fracaso Books.

© CC BY 2.0 / Hans Dinkelberg / El Rastro 9
A veces, sin embargo, es puro capricho. Como cuando se hace con fotografías antiguas o planos de barcos. "Estas son de un lote de Antonio Ribero, un capitán de corbeta", sonríe, abriendo una carpeta de la estantería. Al lado tiene ordenado el último botín: en esas cajas que compró por intuición había unas instantáneas y un papel con una dirección. La chispa había prendido: la jornada siguiente de Rastro volvió y se lanzó a por las otras 20 que tenía en tendero, adquiridas en las afueras de París.
© Joseph Wattebled / Cortesía de Paco Gómez

De aquella panorámica de las montañas pasó a escenas cotidianas: una niña mirando sonriente a cámara, el paseo campestre dominical, un evocador puerto de mar o posados familiares con un aroma diferente. "Sin apenas datos, me obsesioné por localizar al autor", resume. Descubrió el nombre de un lugar francés, Le Portel, y el del autor, Joseph Wattebled. Aparte, había algunos pasquines del Partido Comunista, manuales sobre fotografía o alguna carta. Y el vendedor le regaló unos botes incluidos en el paquete. Eran de polvo para revelar. Poco más.
© Paco Gómez
© Paco Gómez
Persiguiendo una historia
Pronto movió hilos: se puso en contacto con un secretario del Ayuntamiento y preparó un viaje por el país. "Había localizado varios lugares y aproveché para fijar una ruta", cuenta, poniendo en el ordenador el mapa de Francia con ese trayecto. Le habían ayudado desde Mondicourt, localidad de la zona donde le explicaron que había sido maestro y donde tiene una placa. Joseph Wattebled (Calais, 1895-1979) plasmó la vida de su mujer, sus dos hijas y otros allegados incesablemente, elaborando un fresco de varias décadas de principios del siglo XX donde se respiraba alegría.
© Joseph Wattebled / Cortesía de Paco Gómez
© Joseph Wattebled / Cortesía de Paco Gómez
No solo iría a Mondicourt, sino que aprovecharía para visitar los demás lugares anotados en las placas. "A principios de siglo, no era tan infrecuente tomar fotografías. Salvo quizás en España, por las circunstancias económicas. Y se veía que Wattebled tenía una forma propia de mirar, tenía estilo", dice Gómez, que marca distancias con el caso de la estadounidense Vivian Maier, también descubierta póstumamente y cuya obra era ingente y premeditada, plagada de autorretratos y escenas cotidianas.

"Me fui hacia el norte en febrero y aproveché para pasar por Coillure y ver la tumba de Machado o por el viaducto de Millau", explica Gómez. De allí, al meollo: Tourcoing, Le Portal o Mers-les-Bains. Condujo durante un par de semanas por caminos secundarios, siguiendo esas estampas bucólicas que había visto y disparando cada vez que coincidía el paisaje. Se juntó con aquel empleado de Monticourt y fue entrevistado para La Voix Du Nord, un periódico local.

Las pesquisas daban fruto. Edmée Picot, la mujer de Joseph Wattebled, había nacido en 1899 y había tenido esas dos hijas mencionadas, Françoise y Annie. Una de las tres hijas de la primera, Maryse Copin, se puso en contacto con Gómez a raíz de su aparición en medios. Le narró, a sus 68 años, algunos recuerdos de su abuelo, que también sale en alguna imagen, siempre de punta en blanco, con boina y con un recortado bigote.

© Joseph Wattebled / Cortesía de Paco Gómez

© Joseph Wattebled / Cortesía de Paco Gómez
"Me contó lo que les había pasado con la familia, me confirmó que era un maestro que cambió de escuelas y llegó a decir que el libro era lo mejor que le había pasado en la vida".

Era para Maryse una forma de retomar su infancia. Un bumerán existencial que había salido sepultado en polvo y regresaba en forma de libro. Un volumen que no es ni un fotolibro, como aclara Gómez, ni una hagiografía.

Es, simplemente, el relato de una aventura: la de encontrar este documento original, la de esclarecer el ambiente de entreguerras, la de emprender un viaje aliñado por reflexiones autobiográficas o la de imaginar tiempos pretéritos. "Fotografié lo que se intuía del puente entre los árboles. Imaginé dónde pusieron los pies los retratados, ahora el agua los enterraría hasta la cintura y las cestas de mimbre serían arrastradas por la corriente como el canasto de Moisés", anota en una de las 300 páginas.

"Pasaba frío y las fotos que hacía me parecían una mierda. Solo me satisfacía la sensación de pisar el barro de la historia. Cuando sostenía en mi mano la placa original del puente, me reconfortaba estar seguro de que ese trozo de cristal estuvo aquí un doce de septiembre de 1921. Ese mismo trozo de cristal que nunca soñó con hacer ese viaje de vuelta", medita.
Aprovechó la cuarentena para darle forma al material, igual que había hecho anteriormente con Los Modlin, Proyecto K (una incursión en la figura de Kafka) o Volverás a la Antártida.

La portada de Wattebled o el rastro de las cosas muestra ese vistazo al trasluz que lo indujo a rebuscar en esta familia. Y en su interior se plasma el árbol genealógico, las imágenes tomadas hasta 1941 (cuando, en una incógnita que solo conoce el madrileño, dejó súbitamente su afición) y esa imbricación personal de Gómez en una historia que pretende homenajear a los "fotógrafos amateur".
© Joseph Wattebled / Cortesía de Paco Gómez
© Joseph Wattebled / Cortesía de Paco Gómez

El 8 de septiembre, justo un siglo después de que se casaran los Wattebled inició un crowdfunding para financiar el proyecto. "La totalidad del dinero recaudado irá destinado a los gastos de impresión del libro, la producción de recompensas y los envíos a los mecenas", apunta. Pretende tenerlo a lo largo del mes de octubre. Ya van más de 400 mecenas y de 16.000 euros, el doble de lo que pretendía alcanzar. "No es tanto la reconstrucción de un personaje, sino un acercamiento desde varios ángulos a la fotografía o la época", sentencia Gómez, con un horizonte lejano hasta que pueda volver a husmear entre álbumes abandonados.

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Fotos: © Paco Gómez / Joseph Wattebled
Texto: Alberto García Palomo
Diseño: Mónica Rodríguez