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    El teléfono suena, la pantalla se enciende y algo vibra en el bolsillo. Durante tres días, cada notificación se transforma en un cosquilleo que dispara el morbo de quienes participan en 'Sex virtual', una experiencia teatral que se vio obligada a mutar en tiempos de confinamiento.

    "Que entren mis dedos uno a uno… mmm, lo estoy haciendo en este momento, ¡qué rico levantarse así! ¡Ay, Dios! Encima ver a Felipe en el baño... ¡qué morbo que me da! Qué ganas de...", dice jadeando la bailarina Adabel Guerrero en un mensaje de voz por Telegram. 

    La conversación entre Adabel y el mexicano Felipe Colombo continúa ante unos 2.000 voyeristas que están en ese chat tras haber pagado 500 pesos argentinos —menos de 7 dólares—. Sin embargo, este es el único lugar de la experiencia donde no hay interacción entre el público y los actores. Fuera de Telegram, el intercambio entre la troupe y el público es permanente: vivos de Instagram, Twitter y hasta multitudinarias videollamadas en Zoom. Y el morbo sube para aquellos que estén dispuestos a pagar el doble, ya que reciben mensajes personalizados en WhatsApp.

    ​"La opción de poner el espectáculo en streaming me parecía una idea demasiado estática para lo vanguardista que es. Estuve trabajándolo en mi cabeza hasta que apareció esta idea de sexting en plataformas que se entrelazan", explica a Sputnik el creador y director de Sex, José María Muscari.

    José María Muscari
    © Foto : Gentileza Agencia AB
    José María Muscari, director de 'Sex'

    Prepandemia, la obra transcurría en el Gorriti Art Center en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde había un escenario en el espacio central y múltiples salas aledañas. Allí, los espectadores seguían a su actor, actriz o pareja favorita por todo el lugar, inclusive en los baños. Algo similar, ocurre ahora en la reversionada Sex virtual

    Con gran parte de América Latina en cuarentena y España todavía definiendo la reapertura de los teatros, la experiencia erotiza a hispanohablantes alrededor del mundo: "En la primera experiencia vendimos entradas para 18 países y en la segunda para 24".

    "No es un elenco de actores, ni de bailarines, ni de performers, ni nudistas. Esa gente tan diversa convive y nos obliga a cada uno a generar un nuevo lenguaje", agrega el director de esta experiencia a la que no se puede definir solo como una obra, un espectáculo de cabaré, sexting, fantasía ni porno. Es algo más que la suma de esas partes y cada asistente vivirá una experiencia diferente, según sus intereses. No es improbable que mientras alguien esté al borde del orgasmo, otro se esté riendo y otros tantos estén al acecho de una cita —por ahora virtual— con otro espectador. La línea entre lo sensual y lo bizarro es muy fina y la traza cada uno. 

    La experiencia va mutando a mutando semana a semana y recientemente ha incorporado un condimento más inesperado. El filósofo y divulgador Darío Sztajnszrajber se suma al elenco para "erotizar los conceptos" y, quizá, contrarrestar el lenguaje crudo y explícito que abunda debajo de las sábanas.

    ​"Es muy importante que cada persona haga la experiencia a su manera. Los tres días son un bombardeo de material, donde cada espectador hace su propio recorrido, su propia experiencia. Tiene contenido erótico. No es porno, pero no lo tiene miedo a la genitalidad. Es muchas cosas y cada uno lo transita como quiere", resalta Muscari.

    "Estás enfrente de la mujer más puta que te vas a cruzar en tu vida"

    Noelia Marzol, una de las mujeres más deseadas de la Argentina, aparece en un Zoom y mira fijo a cámara. Con su lencería con transparencias le dice sin titubear a cientos de personas que miran en directo, algunas vestidas y algunas desnudas: "Si mi escote te escandaliza, es un problema tuyo".

    "Amo hacerme la paja, fantasear, hacer cosas nuevas, tocar, ver, chupar, amo gozar. Me apena que señalen a quienes queremos coger con libertad. Puedo pensar y coger. Puedo ser inteligente y la más puta a la vez y eso me llena de poder", agrega en un manifiesto que comparte con la actriz y conductora radial Señorita Bimbo. 

    Dos artistas que, a raíz de prejuicios, uno creería que no tienen nada en común, se unen en un manifiesto feminista que deja atónitos a los hombres, mientras que las mujeres apoyan cada frase con palabras de aliento en el chat común. 

    • Señorita Bimbo
      Señorita Bimbo
      © Foto : Gentileza AB
    • Diego Ramos
      Diego Ramos
      © Foto : Gentileza Agencia AB
    • Gloria Carrá
      Gloria Carrá
      © Foto : Gentileza Agencia AB
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    © Foto : Gentileza AB
    Señorita Bimbo

    "Si pensas que una puta es una mujer libre, inteligente, capaz, independiente, profesional e indomable, estás enfrente de la mujer más puta que te vas a cruzar en tu vida", remata Noelia.

    Entonces, de repente, el erotismo, la perversión y el morbo quedan por un instante de lado. 

    "Lo atractivo es que puede haber un manifiesto feminista que convive con un entretenedor sexual como Cristian Sam del porno internacional y que en el medio pueda haber alguien característicamente heterosexual como Cachete Sierra conviviendo con alguien nómade del sexo como es la Chica del Fuego", señala Muscari en la entrevista.

    "Todo eso genera una heterogeneidad sexual que te permite como espectador decir: frente a toda esta diversidad, cualquiera de los mambos que yo puedo tener con mi sexualdiad y gustos son nada", concluye.

    ​Muscari jura que no hay nada de improvisación durante los tres días: "No es un elemento que utilice en mis espectáculos. Todo está muy pautado, predeterminado, pero a la vez hay un espacio para la espontaneidad de cada uno de los intérpretes. En la experiencia no sucede nada que no haya salido de mi cabeza".

    Grupos paralelos de WhatsApp para todos los gustos

    Más allá de las plataformas y los formatos oficiales por donde transcurre la experiencia efímera, a lo largo de tres días, el público va creando grupos de WhatsApp, según los intereses: swingers, citas, amistad, tríos, fantasías, homosexualidad… un abanico infinito en el que no se juzga a nadie.

    "Hay que dejar de pensar que uno es propiedad del otro", dice una mujer del público junto a su novio en una videollamada de Zoom. Si bien la mayoría participa con la cámara apagada y solo ve lo que sucede, hay quienes se animan a dar un paso más. Esta pareja compró su entrada de Sex virtual para sumar a alguien más a la cama: "Estamos casados por iglesia... sí, soy católica. La gente pensaría que soy conservadora".

    Más tarde, Señorita Bimbo confiesa: "¡No puedo dejar de mirar a este chico, me desconcentra!". Acto seguido, le activa el micrófono a un espectador para saludarlo y se sorprende al escuchar una voz algo afeminada. "Bueno… ¡podemos ser amigas!", responde al saludo del espectador y ambos se funden en risas.

    "El sexo es una energía muy vital que nos acompaña en toda nuestra vida. Lo que me parece que hace Sex es poner el sobre el tapete y enunciar ciertas cosas que andan dando vueltas por nuestra cabeza de las que uno en general no habla", sostiene Muscari.

    Al final de la experiencia, los mensajes y el material audiovisual se borran; las notificaciones en el móvil retoman su cotidianidad, pero algo queda en la mente y cuerpo de uno y el sexting, entonces, se empieza propagar como la pandemia, pero con síntomas mucho más placenteros. 

    Etiquetas:
    pornografía, chat, sexo, teatro
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