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    JERUSALÉN (Sputnik) — Hace más de 70 años un pastor beduino perdió una cabra en el desierto de Qumran, junto al mar Muerto. Buscándola se metió en una cueva de difícil acceso, situada en la pared de una montaña, y allí encontró varias vasijas que contenían pergaminos, los llamados Rollos del mar Muerto.

    Ahí empezó una odisea que dispersó los referidos documentos por distintos países, aunque la mayor parte permanecieron en poder de las autoridades locales jordanas, hasta que Israel ocupó Jerusalén este en la guerra de 1967 y se apropió de ellos.

    Los Rollos del mar Muerto contienen numerosos pergaminos que con el paso del tiempo se han desmembrado en unos 25.000 fragmentos, algunos diminutos. Algunos, sin embargo, permanecen enteros y se han podido leer, pero innumerables fragmentos continúan separados sin que los estudiosos hayan sido capaces de reunirlos unos con otros para completarlos tal como los ocultaron en las cuevas de la zona los esenios, una peculiar secta del judaísmo que prosperó hace dos milenios, coincidiendo con la irrupción del cristianismo.

    Muchas respuestas, más interrogantes

    Aunque los manuscritos del mar Muerto dan respuesta a algunas de las cuestiones que se plantean los eruditos, el número de preguntas que suscitan no es inferior. Para responderlas sería necesario recomponer los 25.000 fragmentos en los 930 manuscritos distintos que los expertos calculan que existieron en su día, una tarea gigantesca que los estudiosos no han logrado completar después de siete décadas de estudio. Para complicar las cosas, se sabe que un número desconocido de pequeños fragmentos se han perdido para siempre en el transcurso de los años.

    La semana pasada la revista Cell publicó un artículo en el que se reveló que un equipo de científicos de varios países ha aplicado las herramientas más avanzadas de la biología para investigar los fragmentos y resolver los misterios que plantean. En la investigación han participado profesores de Israel, Suecia y Estados Unidos.

    Esos eruditos han aplicado sofisticados métodos de computación para establecer la secuencia del ADN de la piel de los animales donde se escribieron los fragmentos, y de esa manera han podido catalogar fragmentos pertenecientes a 26 manuscritos. El método es sencillo y consiste en juntar los fragmentos que tienen la misma secuencia de ADN.

    "Hay numerosos fragmentos de rollos que no sabemos cómo conectar entre sí, y si conectamos piezas erróneas, la interpretación de los rollos puede cambiar dramáticamente", explicó el profesor Oded Rechavi, de la Escuela de Neurociencia Sagol de Tel Aviv al diario Haaretz. "Asumir que los fragmentos que vienen de la misma oveja pertenecen al mismo rollo, nos permite juntar las piezas del rompecabezas".

    Los investigadores empezaron recogiendo muestras de los fragmentos. En la mayoría de casos, para evitar hacer daño a los fragmentos, extrajeron el ADN del "polvo" de los fragmentos que se desprendía de manera natural. "No se nos permitió tocar los rollos", explicó la doctora Sarit Anava, de la misma Escuela de Neurociencia, la encargada de llevar el "polvo" de los pergaminos a un laboratorio genético de Upsala, en Suecia, para su análisis.

    Los manuscritos más antiguos

    La idea de llevar a cabo este tipo de análisis del DNA ha estado circulando desde hace muchos años en los medios académicos, pero hasta ahora no se había dado el paso definitivo. Todos los científicos y profesores coinciden en que ha sido un gran éxito que permitirá que el estudio de los Rollos del mar Muerto avance de una manera vertiginosa en los próximos años.

    Los Rollos del mar Muerto contienen textos del siglo I antes de Cristo hasta el siglo I después de Cristo. En algunos casos son fragmentos de libros de la Biblia, y por lo tanto se trata de los manuscritos más antiguos de la Biblia disponibles. Otros manuscritos tienen que ver con la comunidad de los esenios, o incluso los hay relacionados con autores de la época que no pertenecieron a la comunidad de los esenios.

    Los Rollos permiten a los estudiosos formarse una idea aproximada de cómo era una facción del judaísmo que desapareció poco después, aunque pudo dejar una huella en las incipientes comunidades cristianas.

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