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    El célebre escritor y dramaturgo ruso Antón Chéjov definió, en una carta que escribió desde Moscú a su hermano Nikolai en 1886, las ocho condiciones que según él deben cumplir las personas "cultas".

    Qué características debe cumplir una persona para ser considerado alguien "culto" era uno de los temas que apasionaba el escritor ruso Antón Chéjov, al punto de elaborar una lista con las ocho condiciones que entendía necesarias en las personas cultivadas.

    Quiso la historia que su octólogo quedara inmortalizado en una carta que el propio Chéjov envió a su hermano mayor, Nikolai, en 1886. En la misiva, Antón elogia el talento de su hermano y atiende su preocupación por sentirse incomprendido. Sin embargo, aprovecha las líneas para reprender a su hermano por el que considera su principal falencia.

    "Tú solo tienes un fallo, y lo falso de tu posición, tu infelicidad y tus problemas intestinales son debidas a él. Se trata de tu extrema falta de cultura", señala Chéjov.

    Según el dramaturgo, "para sentirte bien entre gente educada, estar como en casa y feliz entre ella, uno debe ser cultivado en cierta manera". Chéjov le reconoce a su hermano que su talento lo ha llevado a introducirse en esos círculos pero que, por su falta de cultura, está quedando "apartado".

    Enseguida, el dramaturgo acota: "Y es que las personas cultivadas satisfacen, en mi opinión, las siguientes condiciones".

    Ocho características de las personas cultivadas según Chéjov

    1. Respetan la personalidad ajena y además son siempre amables, gentiles, educados y listos para ceder ante los otros. No montan un escándalo porque una herramienta se haya perdido; si viven con alguien no lo entienden como un favor que hacen y no andan diciendo ¡nadie puede vivir contigo! Disculpan el ruido y el frío y la carne seca y la presencia de extraños en sus casas.
    2. No solo tienen simpatía por los mendigos y los gatos. Su corazón se duele también por lo que su ojo no ve. Se levantan de noche para ayudar, para pagar la universidad de sus hermanos y para comprar ropa a sus madres.
    3. Respetan la propiedad ajena y pagan sus deudas.
    4. Son sinceros y temen a la mentira como al fuego. No mienten ni tan siquiera en pequeñas cosas. Una mentira insulta al que la escucha y le pone en una posición humillante a los ojos de quien la cuenta. No fingen, se comportan en la calle como en casa, no presumen ante sus camaradas más humildes. No son dados a la charlatanería ni fuerzan a los otros a escuchar confidencias no deseadas. Por respeto a los demás a menudo se mantienen en silencio en vez de hablar.
    5. No se desprecian a sí mismo para despertar compasión. No manipulan los corazones de otras personas para sacarles algo. No dicen 'soy un incomprendido' o 'me he convertido en alguien de segunda fila' porque todo eso tiene un efecto barato, es vulgar, falso…
    6. No tienen una vanidad hinchada. No les importan esas ridiculeces como conocer a gente famosa o estrechar la mano al borracho P. Si ganan un poco de dinero no lo malgastan como si hubieran hecho cientos de rublos. No presumen entrar en lugares donde otros no son admitidos. El talento verdadero se mantiene siempre oculto entre la multitud y tan lejos como sea posible de la publicidad. Incluso Krylov ha dicho que un barril vacío puede tener más eco que uno lleno.
    7. Si tienen talento lo respetan. Sacrifican a ese talento el descanso, las mujeres, el vino, la vanidad… Están orgullosos de ese talento. Además, son cuidadosos.
    8. Desarrollan un sentido de la austeridad. No pueden irse a dormir con la ropa puesta, ver cucarachas por las paredes, respirar aire viciado, caminar sobre el suelo que se ha escupido, cocinar sobre una estufa aceitosa. Buscan tanto como sea posible contener y ennoblecer el instinto sexual. Lo que quieren en una mujer no es solamente una compañera de cama… No buscan esa agudeza que se manifiesta en la mentira continua. Quieren, especialmente si son artistas, frescura, elegancia, humanidad, la capacidad de una mujer para ser madre… no beben vodka a cualquier hora de la noche y del día, no olfatean la alacena porque no son cerdos. Beben solamente cuando están de recreo, en ocasiones. Defienden una mens sana in corpore sano.

    "Así es como es la gente cultivada", le escribe Chéjov a su hermano luego de enumerarle las ocho condiciones y le especifica que "para ser cultivado y no estar por debajo del nivel de tus semejantes no es necesario haber leído The Pickwick Papers (Los papeles póstumos del club Pickwick) y haberse aprendido el monólogo del Fausto".

    Según Chéjov, "lo que se necesita es trabajo constante, día y noche, lectura continuada, estudio, voluntad… Toda hora del día es preciosa para ello".

    El dramaturgo finaliza su carta siendo tajante con su hermano menor: "Vuelve a nosotros, estampa la botella de vodka, túmbate y lee… a Turgenev, si quieres, a quien no has leído. Tienes que renunciar a tu vanidad, no eres un niño… pronto tendrás treinta años. ¡Este es el momento! Yo lo espero. Todos lo esperamos de ti".

    ¿Quién fue Antón Chéjov?

    Nacido el 29 de enero de 1860 en la ciudad de Taganrog, Antón Pávlovich Chéjov es considerado uno de los escritores rusos más célebres de todos los tiempos. De profesión médico, Chéjov ganó notoriedad en la Rusia de finales del siglo XIX como escritor de relatos cortos, una especialidad en la que logró forjarse como un verdadero maestro.

    Su legado más notable quedó en la dramaturgia, ya que fue autor de varias obras clásicas como La gaviota (1896), Tío Vania (1897), Las tres hermanas (1901) y El jardín de los cerezos (1904).

    La obra de Chéjov se destacó principalmente en el naturalismo y sus piezas teatrales sorprendieron en la época al incorporar elementos poco comunes hasta el momento como el monólogo o lo que denominó como "acción indirecta".

    Etiquetas:
    teatro, arte, Antón Chéjov
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