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    Kiril Yeskov se propuso escribir una especie de continuación de 'El Señor de los Anillos' pero con un giro interesante: ¿por qué no contar la historia desde el punto de vista de los vencidos? Aquí los orcos son los buenos; y los pocos mordorianos que sobreviven a la masacre deben acabar con la tiranía de Gandalf y los elfos en la Tierra Media.

    El último anillo fue publicada en 1999. La novela de Yeskov, un biólogo y paleontólogo ruso que se considera a sí mismo grafómano antes que escritor, funciona como una secuela paródica de la obra de Tolkien. Yeskov retoma los últimos acontecimientos de El Señor de los Anillos y sus consecuencias pero los narra para mostrar la otra versión de lo acontecido, la que no cuenta la historiografía oficial de la Tierra Media. Aquí los buenos viven en Mordor.

    La historia la escriben los vencedores

    Quien haya leído la obra cumbre de Tolkien, o al menos visto su adaptación cinematográfica, conoce el desenlace de la Guerra del anillo entre la alianza de hombres y elfos contra las huestes de Sauron. El señor Oscuro de Mordor es derrotado y destruido cuando el anillo único es arrojado a las profundidades del Orodruin. Los buenos triunfan… O eso creíamos.

    En la novela de Yeskov los acontecimientos son narrados desde la óptica de los derrotados. La versión de la historia que todos conocemos es la de los vencedores, en la que Mordor aparece como la fuente de todos los males y los orcos como seres despreciables, violentos, salvajes y afectos al canibalismo. Yeskov, en cambio, describe a Mordor como un país preindustrial, el único lugar de la Tierra Media donde predomina el pensamiento racional y en el que la ciencia se contrapone a la magia antigua que rige el mundo.

    De hecho, en esta versión los nazgul son científicos y filósofos que, con la esperanza de retrasar el avance de los elfos contra el florecimiento industrial e iluminista de Mordor, urdieron la creación del Anillo único, que aquí no es más que una baratija sin poderes. Eso sí, bien bonita.

    Asimismo, los pueblos libres de la Tierra Media no son tan nobles como nos hizo creer Tolkien. Luego de derrotar a Sauron, azuzados por el despiadado Gandalf, las fuerzas élficas y sus aliados de la Coalición del Este toman Mordor y aniquilan con salvajismo a los sobrevivientes. No hay clemencia.

    La única esperanza para el triunfo de la razón y deshacerse del yugo de la magia antigua son dos orcos sobrevivientes de la masacre de Barad-dur, a quienes el destino pondrá en el centro de una importante misión.

    Las críticas a Tolkien

    Desde su publicación, El último anillo ha generado todo tipo de opiniones. Hay lectores que destacan la creatividad de Yeskov, quien resulta ser más complejo e incisivo en su análisis geopolítico o en las cuestiones morales de los personajes que el propio Tolkien.

    Por otro lado, hay quienes consideran que la apropiación que hace el autor ruso con fines paródicos malinterpreta la decisión de Tolkien de contar una una serie de historias inscritas en una mitología propia, en la que subyace cierta ambigüedad moral de los personajes. Si se lee con atención, claro.

    Yeskov admitió en un ensayo publicado en Salon que su manía de escribir lo llevó a recrear el universo de Tolkien. Se considera un grafómano que simplemente obedeció al deseo de escribir para divertir a sus amigos y a sí mismo, sin mandato editorial ni la perspectiva de una audiencia amplia.

    "'El último anillo' fue escrito para una audiencia muy específica; es solo un 'cuento de hadas para jóvenes científicos' entre quienes me encuentro. Está pensado para escépticos y agnósticos que crecieron con Hemingway y los hermanos Strugatzky, para quienes Tolkien es solo un encantador, aunque ligeramente tedioso, escritor de libros infantiles. Esas son las personas que más se divierten con la novela; suyas son las reseñas de lecturas que utilizan la expresión 'sin pegar un ojo en toda la noche', a menudo tan querida para el corazón de un escritor".

    Sin embargo, el autor asegura que escribió la novela para dar respuesta a algunas de las contradicciones presentes en la obra del escritor sudafricano. Desde la propia geología de la Tierra Media, que no obedece a la conformación que debería tener una masa continental de sus características, hasta el funcionamiento de la economía de ese mundo ficticio, con sus mercados, la obtención de materias primas o hasta el simple y obvio problema pecuniario.

    También es evidente el deseo de complejizar la moral de los personajes, que en la obra original son retratados con un maniqueísmo ramplón. Este es sin dudas uno de los aspectos más criticados de Tolkien (eso sin considerar siquiera las acusaciones de racismo en su obra), además de esa visión idílica y algo reaccionaria del medio rural, que respondía al disgusto del escritor frente a los avances de la industrialización propia del desarrollo urbano.

    En su ensayo, Yezkov reconoce el innegable talento de Tolkien como "demiurgo" capaz de crear la cosmogonía de un universo como la Tierra Media. Donde Tolkien falla es en darle espesor a sus personajes y a las motivaciones de la historia.

    Incluso cita a Terry Pratchett, el gigante de la literatura fantástica pasada por el tamiz de la parodia y el humor absurdo, a quien endilga el juicio de que "las montañas de Tolkien tienen más personalidad que sus protagonistas".

    Etiquetas:
    elfo, novela, parodia, John Ronald Reuel Tolkien, literatura
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