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    La soprano española Montserrat Martí

    Montserrat Martí Caballé: "Sobre el escenario me parecerá ver a mi madre"

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    La soprano española Montserrat Martí Caballé, hija de la legendaria cantante Montserrat Caballé, llegó a Rusia para asistir como invitada a la entrega de premios BraVo de artes clásicas de Moscú. Con Sputnik habló sobre ópera, sobre sus recuerdos de juventud, sobre los secretos de la voz, sobre el amor familiar y sobre Rusia.

    Martí (Barcelona, 1972) recibirá, de la mano de la organización de los BraVo en el Teatro Bolshói, un premio póstumo. Debía recibirlo su madre como reconocimiento a su larga trayectoria como soprano. Caballé, reconocidísima y queridísima por el público ruso durante décadas, falleció el 6 de octubre de 2018 dejando un legado artístico imposible de borrar. Será su hija quien recoja el premio con la misma ilusión y emoción que su madre y ante un público que la adoraba y la adora.

    — Tuvo una madre soprano y un padre tenor. ¿Cómo fue para usted crecer en una familia con personalidades como Montserrat Caballé y Bernabé Martí?

    — Sin duda fue una infancia diferente a la de los demás niños. El despacho de mamá y de papá no estaba cerca de casa. Estaba siempre por todo el mundo. Cuando yo nací, mi padre ya había dejado de cantar, porque había sufrido del corazón, pero mi hermano, que es cinco años mayor que yo, sí que había podido verlos cantar juntos a los dos.

    Recuerdo que, por ejemplo, tener vacaciones en el colegio significaba ir a donde estaba mamá. A los festivales de verano en Francia, en Orange, en Aix-en-Provence, en Verona… Yo a Rusia empecé a venir en 1992. Mi madre ya había venido en los años 70.

    Venir a Moscú no diré que para mí es como mi casa ¡porque todavía no tengo ninguna casa aquí! [se ríe]. Pero me siento como si estuviera en casa. Porque me han hecho sentir así durante mucho tiempo y ya mi madre me hizo sentir así.

    Así que nuestra infancia ha sido un poco distinta. Mi madre cantaba unas 200 o 300 óperas al año, luego pasaba dos días por casa y se iba tres meses. Entonces el tiempo que estaba mamá en casa no íbamos a la escuela, con lo cual eso ya era distinto para nosotros, que éramos pequeños. También lo era pasar las Navidades fuera de casa porque mi madre estaba en Niza cantando y los regalos estaban en un armario de la habitación del hotel, por ejemplo.

    — Teniendo dos cantantes de ópera como padres, aun así usted iba para bailarina de clásico.

    — ¡Sí! En aquel entonces era más delgada [se ríe]. Desde pequeñita, desde los cinco años, empecé a tener pasión por la danza. Yo creo que me debí aficionar porque en muchas de las óperas de entonces existía el cuerpo de baile de los teatros, que salía y bailaba en las óperas. Y a mí las bailarinas que salían me entusiasmaban. Así que yo pedía por Navidad de regalo zapatillas de ballet y tutú.

    — Con 12 años le pidió a su madre que le enviase a Rusia a estudiar ballet.

    — ¡Sí! Es cierto. Cuando tenía 12 años estábamos en Nueva York con mi madre y yo recuerdo estar en una habitación comiendo y que le dije a mi madre que quería bailar profesionalmente y que quería que me enviase a Rusia. El muro de Berlín todavía no había caído. Y claro, mi madre se asustó. La mezzosoprano rusa Elena Obraztsova era amiga suya, así que le pedí a mi madre que me enviase a vivir con ella a Rusia porque así ella estaría tranquila [sonríe]. Yo le dije que quería ir a estudiar al Bolshói porque creo que la escuela rusa de ballet es la mejor. De hecho, cuando veo bailarines, los que más me gustan son los rusos. Los franceses son buenos con las puntas, los ingleses en lo suyo, pero los rusos lo tienen todo, la mejor técnica.

    La soprano española Montserrat Martí Caballé durante su entrevista para Sputnik
    © Sputnik / Sergey Pyatakov
    La soprano española Montserrat Martí Caballé durante su entrevista para Sputnik

    Entonces empecé a estudiar en una academia y después tuve la oportunidad de conocer a la bailarina rusa Maya Plisétskaya en un viaje que hicimos con mi madre a Pekín. Maya me vio bailar poniendo los pies como los ponen las bailarinas. Pero yo era un poco mayor para la danza. Tienes que ser muy jovencita y yo tenía ya 15 años. Pero lo intenté. No podré decir que no lo he intentado.

    — Y luego llegó el canto.

    — Sí, después en la casa donde en aquel entonces vivía, en Madrid, fue donde yo cantaba mientras sonaba el disco de Freddie Mercury y de mi madre, 'Barcelona', ¡en la ducha! [se ríe]. Y entonces le dijeron a mi madre que yo tenía buena voz. Mi tío, que era el agente de mi madre, me hizo una prueba y desde entonces empecé a estudiar canto (…) Esta carrera es una carrera muy solitaria y hay que tener mucha seguridad en uno mismo y un poco de locura.

    — Su madre falleció el 6 de octubre de 2018, así que todo es todavía muy reciente. Ustedes juntas, madre e hija, cantaron en multitud de ocasiones sobre el escenario. ¿Ha recuperado la normalidad, al menos, en los teatros?

    — Pues verás. Me habían operado de la espalda en agosto y estuve sin poder trabajar hasta el 13 de septiembre. Tuve que cancelar 13 conciertos por España. Cuando pude volver a cantar, canté en el auditorio de Zaragoza, en la sala Mozart, una sala maravillosa. Y ese mismo día ingresaron a mi madre en el hospital. Entonces dejé otra vez de cantar. Tras fallecer, decidí que no pasara mucho tiempo hasta que volviese a cantar. Porque, ¿verdad que dicen que cuando te tira el caballo tienes que volver a subir o, si no, no vuelves a subir más? Pues yo sabía que en algún momento tenía que volver y que era mi trabajo.

    Entonces decidí volver a hacerlo en la filarmónica de Oviedo, en España, el 24 de octubre, dos semanas después. Llegué al teatro y había una foto de mi madre de jovencita, de los años 60, con un ramo de flores. Y me dijeron que era la foto de la primera vez que ella había actuado en la misma sala, hacía 40 o 50 años. Entonces cuando me giraba para mirar al pianista la veía un poco de reojo. Me sentí muy fuerte en el escenario.

    Lo que voy a hacer aquí, en los premios BraVo, para mí no es fácil. Vengo a recoger un premio, pero me invitaron a cantar, además, en el Bolshói. Yo ya había hecho un recital con mi madre en este teatro. Pero ahora vengo a recoger un premio, de mi madre, póstumo, en el teatro en el que ella ha cantado tanto y con este público que tanto la ha querido. Porque sé que mi madre es muy querida en este país y que ella quiere a este país. Poder estar sobre el escenario aquí y poder cantar lo que ella ha cantado siempre, 'O mio babbino caro'… No es un aria que tenga una gran dificultad, y es que tampoco vengo a venderme ni a exhibirme. La gente ya me conoce. Pero vengo a cantar algo que ella siempre cantaba y que era un poco como su marca y su firma. Será emocionante. Ya lo es subirse a un templo como es el Bolshói. Y sobre todo haciendo o intentando hacer honor, si puedo, de la mejor manera, a la artista. Porque a la madre ya la llevo en el corazón.

    — A propósito del templo que es el Bolshói de Moscú y del lugar que ocupa en el mundo de la danza, de la ópera y del teatro, surge la pregunta de si es posible ser cantante de ópera y no visitar Rusia en algún momento.

    — Yo creo que ópera y Rusia van muy ligadas. Porque la historia que tienen las voces de este país… ¡Que son unas voces…! Están las voces mediterráneas, con ejemplos como José Carreras y mi madre. O voces italianas como la de Pavarotti… Pero luego están las voces de esta zona del planeta, ¡que son unas voces grandes, profundas, con un color maravilloso, con una fuerza…! Así que sí, yo creo que no se puede desvincular el país de la ópera ni la ópera del país. Va unido y tiene que seguir así.

    — Hablando de un instrumento como es la voz, en diversas ocasiones usted ha dicho sentirse en un momento muy cómodo sobre el escenario y que siente que su voz es ahora la que quiere usted.

    Bueno, la que quiero exactamente, no. Pero estoy acercándome. Porque siempre he tenido una voz que proyectaba mucho. Pero eso puede dar tendencia, si no la colocas o acabas de colocarla bien, a tener un sonido bastante estridente, sobre todo en los agudos. Entonces estoy intentando, con los años, con el embarazo, con la edad, colocarla.

    — Porque todos esos cambios influyen en la voz…

    ¡Sí, influyen! La voz va cambiando. Entonces uno intenta adaptarse. Cuando digo que estoy en un momento bueno no quiero decir que sea buena o que me sienta perfecta, sino que ahora me conozco todo el registro de arriba abajo y que intento buscar ese color en todo el registro de los agudos a los graves. Y estoy en un momento en que me está empezando a gustar para llegar a algo que me guste más. Simplemente eso.

    Por ejemplo, a veces me piden que dé algunas clases, alguna 'masterclass'… Yo puedo, por ejemplo, explicar cómo respiro, que es una técnica de respiración que sirve para no hacer daño a la voz. Pero me daría mucho miedo aconsejar a nadie. Cada cantante es un mundo porque no solo basta con nacer con el sonido. Hay también que hacer un trabajo que viene después con la responsabilidad y con el saber escoger los papeles. Porque con la edad va cambiando la voz. Y tú por ejemplo puedes ser joven, pueden darte un papel y puedes pensar que puedes cantarlo. Pero luego no tienes que olvidar que a lo mejor tienes que dar 11 funciones y que detrás hay dos meses de ensayos. Con lo cual estás cantando cada día durante dos meses, algo que, si no le va bien en ese momento a tu voz —aunque lo puedes cantar y suene— quizás tengas que esperar.

    La soprano española Montserrat Martí Caballé
    © Sputnik / Sergey Pyatakov
    La soprano española Montserrat Martí Caballé

    Mientras tanto hay otros papeles. ¡Hay papeles muy atractivos! El tenor siempre quiere ser Otello, la soprano siempre quiere ser La Traviata o Desdémona. Pero a lo mejor antes hay que pasar por otros roles para que la carrera sea larga. Una de las cosas que mi madre supo hacer con su técnica y con su sonido es tener 60 años de carrera. Las cuerdas vocales son un músculo que se puede dañar.

    — Un músculo que se debe cuidar.

    — Mucho.

    — ¿Cómo se cuida un músculo como la voz? Aparte de los típicos consejos como puede ser no fumar.

    Bueno, ¡yo a veces he fumado algún cigarrillo! Era un poco fumadora social cuando no tenía que cantar [se ríe]. Porque los bailarines son grandes fumadores, algunos de ellos. Y cuando bailaba yo fumaba [se ríe]. Pero lo cierto es que, por ejemplo, el descanso es muy importante. El sueño es muy importante. Que la voz descanse. Es importante que sepas administrarte. Porque no solo es cantar en el escenario. Es el viajar, son los cambios de clima, es el aire acondicionado del avión, es el frío de la calle. Los cambios bruscos de temperatura los cantantes los sufrimos mucho. ¡Así que claro! Te puedes encerrar en el hotel. Nos dicen luego '¡no salen!'. ¡No salimos por miedo a enfriarnos! [se ríe].

    — ¿Cuándo fue la última vez que vino a Moscú?

    En junio, con mi madre. Estuvimos celebrando su 86 cumpleaños. Estuvimos en el Kremlin, haciendo un concierto en el escenario. Estaba lleno, no sé sí había 7.000 u 8.000 personas. Aquello es inmenso. Venir a Rusia le hacía muchísima ilusión. Vinimos con mi hija, Daniela, que también ha venido en esta ocasión. Y fue la última vez que salió al escenario. Salimos y cantamos juntas. Daniela salió a dar el ramo de flores. Y esa fue la última vez. Por eso he querido esta vez que mi hija volviera a Moscú tras pocos meses. Es la tercera vez que viene mi hija a Moscú, con siete años. Todavía se acuerda de la última vez, porque salió al escenario con las flores. Yo le he hablado mucho del Bolshói y le he dicho que esta noche vamos a ir a un teatro maravilloso donde se abuela cantaba.

    Montserrat Martí y su hija, Daniela, en Moscú
    © Sputnik / Sergey Pyatakov
    Montserrat Martí y su hija, Daniela, en Moscú

    — Usted ha estado muchas veces en Moscú. La primera vez vino en 1992. ¿Cómo ve ahora la ciudad?

    — Madre mía, ha cambiado mucho. Yo vine cuando el muro ya había caído. Mi madre ya venía desde los años 70. Recuerdo por ejemplo el aspecto de la ciudad. La Plaza Roja… Había una tienda de Christian Dior… ¡No entraba nadie! [se ríe]. Los coches, el aeropuerto mismo… Ha cambiado mucho en todo, para bien, para mejor. Moscú ahora es una ciudad espectacular.

    — ¿Qué sabe usted de los Premios BraVo?

    — Sé que son unos premios que los ven no sé cuántos millones de personas en todo el mundo. Sé que en 2018 lo recogió José Carreras. Me ha hecho muchísima ilusión saberlo y pensar que este año iba a venir mi madre. Estoy muy honrada de que se lo den y muy orgullosa. Me siento muy humilde de, sin ser ella, recogerlo y poder ir con mi familia. Mi hija está muy contenta porque dice que va a estar John Travolta y que lo va a ver [se ríe].

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    Este país siempre ha reconocido a mi madre y lo sigue haciendo. Ella decía mucho que era un país que adoraba y se ha sentido aquí como en su casa. El Bolshói durante una época parecía como el propio Teatro Liceo de Barcelona. Ella siempre decía que había tres teatros con una acústica maravillosa. El Colón de Buenos Aires, el Liceo de Barcelona y el Bolshói de Moscú. Y no necesariamente en este orden.

    Recuerdo, cuando hicimos juntas el recital en el Bolshói, que yo cantaba y que ella se apoyó en una de las columnas de los palcos que dan al escenario. Y hay una foto en la que ella está así en la que se ve todo el teatro y a ella mirándome. Entonces yo creo que mañana [19 de marzo] o esta noche en el ensayo [18 de marzo] miraré a la columna y me parecerá verla.

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    canto, ópera, entrevista, BraVo, Teatro Bolshói, Montserrat Caballé, España, Rusia
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