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    Geishas japonesas

    En casa de geishas: el pasado y el presente de la famosa tradición japonesa

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    Al escuchar la palabra 'geisha' un europeo o latinoamericano se imaginará más bien a una japonesa de belleza exótica y una experta en el placer sexual. Algunos aún creen que Japón es el país donde se practica el sexo como en ningún otro lugar del mundo lo que hará el viaje allí aún más particular.

    El portal ruso Lenta.ru decidió comprobar los detalles.    

    Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el país fue invadido por las tropas ocupantes, las geishas se consideraban no más que simples prostitutas. Los soldados estadounidenses, sin conocer el idioma ni la cultura japonesa, buscaban alcohol y aventuras sexuales. Debido a tal actitud, la palabra 'geisha' se convirtió en sinónimo de una chica de compañía.

    "En realidad no es así. Las geishas aparecen aún entre los siglos XIV y XV. En japonés la palabra significa literalmente una 'persona de las artes' que divertía a los invitados de las fiestas. Al inicio eran los hombres de familias nobles de samurái", escribe el medio.

    ​A principios del siglo XVII iban apareciendo casas de té que formaban parte de estaciones en las carreteras donde un viajero podía descansar y dormir. Para aumentar la popularidad de las casas, sus dueños contrataban a jóvenes bellas e inteligentes de las familias samurái. Estaban dotadas de buenas maneras, sabían mantener una conversación, bailar y tocar instrumentos musicales. Ganaron popularidad rápidamente y adquirieron el nombre de 'geisha'.

    "No se trataba de sexo. Las geishas vendían su arte, mientras las prostitutas, que eran numerosas también, tenían otro nombre. Las llamaban las chicas que sirven el arroz", prosigue.

    En los tiempos del shogunato Tokugawa en el país reinaba la paz. Las mujeres de las familias samurái dejaron poco a poco el trabajo en las casas de té. Sin embargo, seguía habiendo una gran demanda de geishas por lo que elaboraron duras normas internas para conservar su arte. Existía la así llamada 'okaasan' (madre en japonés) que enseñaba a las jóvenes, 'hermanas'. Normalmente eran niñas entre 5 y 9 años de  familias campesinas.

    ​Solo los ricos feudales se podían permitir invitar a una geisha. Cualquier geisha podía ser vendida a un rico mecenas que la mantenía económicamente y le compraba una casa. Ella tenía acceso a los grupos de la élite política y militar.

    Hoy en día, las chicas entre 15 y 16 años pueden hacerse geishas si reciben el permiso de sus padres. Como antes, viven según duras normas, observan las buenas maneras y aprenden a bailar y tocar instrumentos musicales. Se les prohíbe usar ordenadores y hasta los 25 años aún tener móviles.

    Los periodistas de Lenta.ru señalan que un extranjero no tiene posibilidad de entrar en las casas de té de ningún modo.

    "Se puede entrar solo con una recomendación por parte de alguien que ya sea bienvenido allí. Los japoneses aprecian más a las geishas más adultas, mientras los extranjeros, a las más jóvenes aunque con menos experiencia", cuentan.

    Según ellos, como las casas de té son casi inaccesibles para los turistas, a las chicas las invitan por un acuerdo preliminar a un restaurante. Normalmente llegan tres geishas: la 'hermana' mayor muy experimentada, su tutelada y una música. Además del restaurante, que podría costar unos 150 dólares por persona, un extranjero tendrá que pagar un intérprete que son unos 150 dólares más y también la comida para él.

    "Dos horas en compañía de las geishas, a pesar de su edad y experiencia, costarán otros 600 dólares. Y sin sexo de por medio, solo una conversación agradable, música y bailes. Una geisha visita en una tarde varios banquetes. Es un trabajo realmente muy duro. Pero en un solo mes gana entre 5.000 y 10.000 dólares", explican.

    La diferencia entre las geishas de antes y ahora consiste no solo en sus salarios. Las de Tokio, por ejemplo, ya no viven en las casas de té sino en sus propias casas y simplemente asisten a las cenas. Para los 40 ya pueden devolver todo el dinero invertido por la 'okaasan' y pueden abandonar la casa de té. Alguna abre su propio negocio, otra puede hacer una carrera brillante y ganar hasta 100.000 dólares al mes.

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    El diario indica que aún se mantiene la práctica del rescate. Además, tienen derecho a casarse, pero en este caso, pierden su profesión.

    ​"En cuanto al sexo, pues, para ello se va a otros lugares. La prostitución está oficialmente prohibida en Japón desde 1947 pero las cortesanas locales encontraron la posibilidad de hacer su trabajo. (…) Aparecieron numerosos  salones de masajes, cuyas fachadas dan a entender el tipo de servicios que ofrecen (…) existe además la así llamada 'entrega de salud a casa' que es lo mismo pero en este caso llegan a domicilio", dicen.

    El precio es entre 60 y 150 dólares por visita. El diario advierte que las zonas donde se encuentran tales salones se controlan por la mafia local y pueden representar un peligro para un extranjero.

    "Pero los japoneses solteros prefieren sobre todo las así llamadas 'tierras jabonosas', donde la visita cuesta 300 dólares o tres veces más caro para un extranjero. Se parecen a las saunas turcas pero con chicas. (…) Son verdaderos burdeles pero pagan impuestos. Por supuesto, tienen cuartos de baño y por eso nadie los controla", concluye el reportero.

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    Etiquetas:
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