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    Guernica, cuadro de Pablo Picasso

    Sao Paulo, la estancia latinoamericana casi desconocida del "Guernica" de Picasso

    © AFP 2017/ Cristina Quicler
    Cultura
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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — El 26 de abril de 1937 aviones alemanes e italianos bombardeaban el municipio español de Guernica y, bajo la conmoción que le provocó la Guerra Civil Española, Pablo Picasso alumbraba uno de los cuadros más icónicos de la historia del arte, una obra que en sus diversos viajes también pasó por Brasil.

    "Hoy regresa el último exiliado", dijo en septiembre de 1981 el entonces ministro de Cultura del Gobierno español, Íñigo Cavero, al dar la bienvenida en Madrid al "Guernica" después de más de 40 años fuera de España por expreso deseo del artista.

    Picasso (1881-1973) pidió que el óleo solo se expusiera en su país natal cuando se recuperara la normalidad democrática, y la mayor parte del tiempo la obra estuvo custodiada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, (MoMA, por sus siglas inglesas).

    El "Guernica" fue un encargo del Gobierno de la República de España a Picasso para la Exposición Internacional de París de 1937; querían un mural que retratase los horrores de la guerra y sirviera de llamamiento a la comunidad internacional sobre el avance del fascismo en España.

    El pintor cubista finalizó este óleo sobre lienzo monumental (ocho metros de largo y más de tres de alto) en un tiempo récord y, tras su presentación en París, viajó a Oslo, Copenhague y Estocolmo, entre otras ciudades europeas.

    En 1940 llegó al MoMA, donde pasó más tiempo, aunque el museo de Manhattan organizó a su vez varias muestras itinerantes por diversas ciudades de Estados Unidos.

    Picasso no ocultó su deseo de que sirviera como herramienta de concientización política, así que debían conocer la obra cuantas más personas mejor.

    En 1953 la obra formó parte de una gran retrospectiva dedicada a Picasso en el Palacio Real de Milán y en diciembre de ese año aterrizó en la Bienal de São Paulo, fue la primera y única parada del "Guernica" en América Latina y en el hemisferio sur.

    La Bienal de São Paulo estaba entonces en su segunda edición, intentando erigirse como faro de las vanguardias en el Cono Sur sudamericano; traer el "Guernica" era una oportunidad única para consolidar su incipiente prestigio internacional.

    El cuadro llegó a Brasil por mar; desembarcó en el puerto de Santos, en el sureño estado de São Paulo y procedente de Génova, después de que ser expuesto en Milán (norte de Italia)

    Su llegada a tierras tropicales no fue fácil y tuvo mucho que ver con el empeño de varias personas, sobre todo al de Ciccillo Matarazzo, un industrial brasileño que en diciembre de 1952 escribió una carta a Picasso pidiéndole permiso para organizar una retrospectiva de su obra en la recién nacida Bienal.

    Para sorpresa de todos, el genio malagueño accedió y Maurice Jardot, un brasileño afincado en París, fue el que propuso a sus colegas de la Bienal de São Paulo rizar el rizo e intentar llevar a Brasil el "Guernica" como gran reclamo.

    "El señor Jardot piensa solicitar a Picasso la necesaria autorización para la eventual ida a São Paulo de su gran cuadro "Guernica" (…) Para que esto sea posible se necesita el consentimiento de Picasso y del Museo de Arte de Nueva York; no sé si será posible obtener tal préstamo, dada la importancia excepcional que Picasso atribuye a esa obra…", escribió en una carta a Matarazzo otro brasileño que formaba parte del equipo que se conjuró para traer la obra a Brasil, Paulo de Berrêdo.

    La buena noticia no tardó en llegar y poco después Berrêdo informó a los organizadores de la Bienal de que Picasso autorizaba el préstamo; no sólo del "Guernica", sino de otras 30 pinturas de su colección personal.

    Lo que no sabían los brasileños es que chocarían con las reticencias de los administradores del MoMA, que no sabían nada de la operación que estaban tramando directamente con el pintor.

    El director de la colección del MoMA, Alfred Barr, incluso escribió una carta a Picasso confesándose "muy sorprendido" con su decisión de que el "Guernica" viajase a Brasil.

    Barr se lamentaba de que eso supondría desmembrar la recién creada colección permanente del museo neoyorquino y alertaba a Picasso sobre los cuidados necesarios con la obra, que ya había sufrido mucho con tantos montajes y desmontajes por el mundo.

    Finalmente todas las partes se pusieron de acuerdo y los obstáculos burocráticos se salvaron; pero había otros más prosaicos.

    A su llegada a São Paulo, el "Guernica" tuvo que ser rescatado de un camión que quedó atascado en el barro del parque Ibirapuera, donde iba a celebrarse la Bienal y que se estaba construyendo a toda prisa.

    Una vez colgada y expuesta al público, el impacto de la pieza no dejó indiferente a nadie, como relatan las impresiones de Wolfgang Pfeiffer, un crítico alemán establecido en Brasil en 1948; su visión de la Bienal quedó plasmada en el libro "As Bienais de São Paulo/1951 —1987", de Leonor Amarante.

    "Hubo quien se rió de algunas obras, pero normalmente esa burla partía de personas de la burguesía (…) Vi a mozos de buena familia hacer bromas delante del "Guernica" de Picasso y a gente sencilla del campo, traída en autobús e invitada por el Gobierno, deslumbrarse ante el lienzo", aseguró el crítico.

    Sesenta y cuatro años después de que la obra maestra de Picasso visitase Brasil, la fascinación que genera en este país sigue intacta.

    El Instituto Tomie Ohtake de São Paulo, uno de los principales centros culturales de esa ciudad, acogió el año pasado la exposición "Picasso: mano erudita, ojo salvaje", que incluía numerosos bocetos y dibujos preparatorios de su obra más celebre.

    Además, en la ciudad de Curitiba (sur) se pudo ver hasta el pasado mes de marzo el espectáculo de danza contemporánea "Guernica", de Laura Haddad, que próximamente iniciará una gira por otras ciudades de Brasil.

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    Etiquetas:
    arte, Pablo Picasso, España, Brasil
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