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    Comer 12 uvas, usar ropa blanca, limpiar la casa o dar una vuelta manzana con una valija en los últimos minutos del año para atraer suerte. ¿Son supersticiones? ¿Por qué cumplimos determinados rituales al cambiar de año?

    "La emoción más fuerte en el individuo es el miedo. Tenemos miedo a lo desconocido y un año que inicia, que está por construirse, genera ansiedad. Estos rituales de fin de año son eso: queremos a través de un ritual conjurar los temores y tener un buen destino", sostuvo el historiador mexicano Bogar Escobar Hernández en diálogo con Sputnik.

    "La fe es una manera de controlar el caos de lo indeterminado. Y hasta el ser más racional tiene ese respaldo psicológico que le ayuda a creer que tiene control sobre lo incontrolable. Básicamente, los rituales de fin de año tienen en esencia esa significación: pactar con lo oculto y desconocido para volverlo conocido", reforzó el investigador de la Universidad de Guadalajara.

    Doctor en Antropología, Escobar Hernández estima que un 80% de la población mexicana practica algún tipo de rito de fin de año. En su país, es común hacer maletas con la idea de atraer muchos viajes, limpiar la casa y adquirir ropa de color amarillo para atraer dinero o rojo si lo que se busca es amor.

    También se suele comer 12 uvas en los últimos segundos del año en México. En su opinión, si bien las costumbres varían en cada país, se trata de una práctica mundialmente generalizada porque "el ser humano maneja ritmos y ciclos vitales". "De una u otra manera, el ser humano busca hacer estos cierres de ciclo y prepararse para el nuevo proceso", añadió.

    Para el experto, sin embargo, más allá de las creencias populares para recibir un futuro "potencialmente amenazante", muchos de los rituales se realizan también por una cuestión de sociabilización.

    "En mi caso familiar nosotros tenemos el hábito de las 12 uvas con la premisa de que así uno tendrá un buen año. Y lo hacemos en colectivo. Creo que al margen de que uno crea o no en la práctica, tiene otra función, esa sí muy real y efectiva, que es la acción conjunta, un momento para compartir, estrechar lazos afectivos", ejemplificó.

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    © Sputnik / Alexandr Vilf
    Por otro lado, el antropólogo consideró que los rituales para el pasaje de un año a otro se vuelven más fuertes en contextos de crisis, cuando "uno intenta exorcizar estos miedos a través de la ritualización de determinadas acciones".

    Según Escobar Hernández, el ser humano maneja cuatro grandes temores: a la muerte, a la enfermedad, a la escasez y a la soledad. "De algo tenemos que agarrarnos, sobre todo en contextos en los que sentimos que esas amenazas están más en ciernes sobre nosotros", concluyó.

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    Etiquetas:
    costumbres, uvas, antropología, Fin de Año, Año Nuevo, América Latina
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