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    Ilustración de la obra del Quijote

    El Cervantes de nuestro tiempo: las mil desdichas del autor más leído del mundo

    © Flickr/ Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla
    Cultura
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    El 22 de abril se cumplen 400 años de la muerte del autor de “Don Quijote de la Mancha”, el libro más traducido y editado de la historia después de la Biblia, una obra maestra que fue traducida incluso del castellano del siglo XVII al español moderno.

    Hoy en día Miguel de Cervantes Saavedra es concebido como proyecto nacional de España, con más de 300 actividades planeadas por la Comisión Nacional para conmemorar el cuarto centenario de su muerte, incluyendo exposiciones, piezas teatrales, lecturas y conferencias.

    El Quijote, que incluso dio nombre a un sistema planetario, es un referente indiscutible de la cultura dentro y fuera del mundo hispanohablante, siendo precursor de la novela moderna.

    Paradójicamente, la obra cumbre de la literatura de España había sido leída solo por dos de cada diez españoles, según reveló la encuesta del Centro de Investigación Sociológica (CIS) de 2015.

    Aunque al castellano se alude como a la lengua cervantina, la dificultad que, de hecho, presenta la lengua del Siglo de Oro para el lector contemporáneo, fue "compensada" mediante la traducción de la novela al español moderno, realizada por Andrés Trapiello a lo largo de los 14 años y publicada en 2015, en vísperas del cuarto centenario de la muerte de Cervantes.

    Por lo visto, en la era de Internet se está perdiendo la costumbre de hojear centenares de páginas, fijándose en las notas. Como consecuencia, los sustantivos como "quebrantes" o "astilleros", así como algunas formas verbales, resultan un obstáculo para el entendimiento del espíritu quijotesco.

    Irónicamente, en vida, la máxima figura de las letras de España no tuvo suerte en su oficio de escritor ni en su trayectoria personal.

    Las mil desdichas lo persiguieron desde su nacimiento en 1547 en Alcalá de Henares en una familia que sufría una estrechez financiera. A partir de entonces, en cierto sentido, siguió los pasos de su padre, Rodrigo de Cervantes, quien varias veces estuvo preso y huía de acreedores.

    Un valiente soldado, el joven Miguel de Cervantes participó en la victoriosa batalla de Lepanto de 1571 contra la flota del Imperio Otomano, donde tuvo graves heridas que para siempre le dejaron inmovilizada su mano izquierda. Allí se le pegó el apodo Manco de Lepanto.

    En 1575 fue capturado por piratas y adjudicado como esclavo del renegado griego Dali Mamí en Argel. Frustrados todos sus intentos de escapar, permaneció cinco años en el cautiverio hasta que lo liberaron los padres Trinitarios por el valor de 500 escudos.

    De su regreso a España, tuvo una hija ilegítima, pero acabó casándose con otra mujer, 18 años más joven que él, procedente de un pueblo toledano. El matrimonio no solo fue estéril, sino un fracaso.

    Arruinada su carrera militar, se empeñó como autor de piezas teatrales, pero, de ser un dramaturgo clasicista, cayó víctima de su amigo Lope de Vega, quien llevó a la escena la comedia nueva. Además, componía versos, aunque él mismo admitió su mediocridad en el terreno poético: "Yo que siempre me afano y desvelo por parecer que tengo de poeta los dones que no quiso darme el cielo".

    En medio de sus búsquedas literarias, recorrió el país como comisario de abastos para las galeras reales y recaudador de impuestos. Fue encarcelado en dos ocasiones por acusación de estafa, en 1592 en Córdoba y en 1597 en Sevilla. Según afirman, fue en la prisión de Sevilla dónde concibió el "Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha".

    El éxito de la primera parte las aventuras del caballero andante, que en el año de su publicación en 1605 tuvo varias reimpresiones, en un papel de mala calidad y con numerosas erratas, era debido a su faceta cómica como parodia de novelas caballerescas.

    La fama efímera, sin embargo, no supuso riqueza para Cervantes, quien había concedido los derechos de autor a su editor. Como si fuera poco, con la publicación empezó la enemistad entre él y Lope de Vega a causa de los elogios envenenados al dramaturgo en el prólogo del Quijote.

    A alguno de la sequita de Lope se le atribuye la autoría de la continuación apócrifa de la novela cervantina, conocida en la literatura crítica como el Quijote de Avellaneda. Cervantes sí que sabía quién era Avellaneda, pero lo dejó en secreto. El anonimato eterno fue su venganza por el intento de aprovecharse del éxito de su obra maestra. 

    En respuesta, emprendió la escritura de la auténtica segunda parte del libro, que apareció en 1615, un año antes de la muerte de su autor a la edad de 68 años.

    Se supone que Cervantes fue enterrado en la iglesia del Convento de las Trinitarias, según su propia voluntad, en tanto que los miembros de la congregación habían hecho las inmediaciones para liberarlo del cautiverio en Argel. Tan solo en 2015 los hallazgos arqueológicos de la tumba con iniciales "M.C." comprobaron dicha versión.

    Los antepasados desconocemos el aspecto físico del novelista, ya que no se ha conservado ningún retrato auténtico de Miguel de Cervantes. Solo disponemos de algunas evidencias que el propio escritor dejó en sus "Novelas ejemplares", tales como "rostro aguileño", "de alegres ojos y la nariz corva aunque bien proporcionada", "las barbas de plata que no ha veinte años que fueron de oro", "bigotes grandes", "dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis".

    Además, por una carta de Lope de Vega se sabe que usaba anteojos para leer, un accesorio tan caro en su época que, una vez rotos los cristales, se negó a repararlos.

    Tanto por sus rasgos y estatura, como por la personalidad aventurera y desmesurada, se suele comparar a Cervantes con el ingenioso hidalgo, protagonista de su obra maestra. A pesar de las mil desdichas de Don Quijote causadas, tal vez, por la falta de conexión del caballero andante con la realidad, es un libro de la alegría de vivir, una afirmación poderosa de la persona.

    En estas páginas digitales lo que se puede hacer es ofrecerles saborear algunas de las sentencias famosas de Don Quijote en la lengua propia de su época.

    Cada uno es artífice de su propia ventura.

    Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.

    Come poco y cena menos, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

    El amor es deseo de belleza.

    El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.

    Etiquetas:
    Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra, España
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