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    ¿De quién es la culpa?

    © AFP 2019 / Alexander Nemenov
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    El reciente desplome del rublo volvió a plantear la cuestión sobre la eficiencia de la organización estatal y de la gestión pública en Rusia. Los activistas liberales y los periodistas en seguida determinaron, como suelen hacer, de quién es la culpa.

    Por supuesto, se la echaron a Vladimir Putin y el "sistema que implantó". Desde mi punto de vista, se podría discutir si Putin tiene la culpa de una única cosa: si, en los años de su presidencia, pudo y tuvo que reorganizar de forma radical el sistema del capitalismo oligárquico, impuesto en los años noventa por ‘reformadores' como Yegor Gaidar y Anatoli Chubáis, dotado de una superestructura política pseudo-democrática y dirigida por magnates como Berezovski, Gusinski y Jodorkovski.

    Pero empecemos por el desplome del rublo. El bando conservador cree que la culpa del Banco Central es evidente, al igual que la culpa personal de su presidenta, Elvira Nabiúllina. Los conservadores de derechas creen, además, que, lógicamente, la culpa es de Putin, que nombró a Nabiúllina para este cargo. Me gustaría recordar que en su momento ese nombramiento estuvo rodeado de una verdadera intriga, ya que el candidato alternativo era el asesor de Putin, Serguéi Gláziev. Se montó un escándalo mediático en torno a su posible designación: unos predecían el inmediato desplome del sistema financiero en caso de que fuera nombrado. Otros decían que, si llegaba a suceder, el equipo liberal renunciaría a sus puestos acto seguido y entonces el desplome sería inminente. A diferencia de Gláziev, Nabiúllina era presentada por los liberales como una persona capaz de garantizar la estabilidad del sistema financiero ruso. De hecho, los liberales presionaron por conseguir el nombramiento de Nabiúllina asumiendo, de esta manera, la responsabilidad por el actual desplome del rublo. Un destacado liberal ruso, considerado "el mejor ministro de Finanzas del mundo" en su momento, Alexéi Kudrin, dijo que la política del Banco Central era, en general, correcta, a excepción de algunos desaciertos insignificantes, sin embargo echó la culpa de la crisis a "la dependencia de los hidrocarburos" y explicó que en el contexto de la caída de los precios mundiales del petróleo más no se podía hacer. Tal vez no estuviera muy equivocado dentro del sistema capitalista reinante en Rusia. Pero entonces Putin hizo bien cuando no nombró a Gláziev para este cargo. A Gláziev se le puede nombrar sólo en el caso de que se pretenda cambiar el sistema. Si no, no tiene sentido.

    Unas palabras sobre la "dependencia de los hidrocarburos", que sirve a los liberales para justificar cualquier problema. Es una hipocresía y una mentira. El padre de la dependencia de los hidrocarburos no fue otro que Yegor Gaidar y su círculo liberal de economistas reformadores. Su teoría cataloga los gastos públicos para la defensa, la seguridad social y la cultura como gastos no productivos. Hay que recortarlos (si es junto con la población, mejor) y entonces los ingresos de la venta de hidrocarburos cubrirán el proceso continuo de extracción y transporte de recursos naturales. Es obvio: ¿Cómo podemos integrarnos en el llamado sistema económico mundial con su esquema de división del trabajo? Sólo de una forma, siendo suministrador de materias primas. Es nuestro proceso económico básico. Entonces hay que hacerlo rentable, o, mejor incluso, súper rentable. ¡Fuera los gastos no productivos! Sin ellos se podrán vender a Occidente activos "primarios" muy caros y quedarse con el dinerito. Esta teoría sigue vigente en la actualidad. No es de extrañar que el bando liberal en los últimos 20 años no haya propuesto ningún proyecto para impulsar el desarrollo de otras ramas de la industria. Todo lo contrario, ha hecho de todo para frenar cualquier intento de realizar o, incluso, diseñar este tipo de proyectos. El señor Kudrin fue ministro de Finanzas durante once años y no hizo nada para poner fin a la "dependencia de los hidrocarburos". El Ministerio ruso de Desarrollo Económico, encabezado durante años por los liberales (primero Guerman Gref, luego Elvira Nabiúllina, ahora Alexéi Uliukáev), que no se cansan de condenar la maldita "dependencia", no ha llevado a cabo ningún proyecto ni han elaborado ningún plan en los últimos doce años para superar el mayor problema de nuestra economía: la dependencia de los hidrocarburos. Y eso que el desarrollo económico que debería buscar el ministerio es posible sólo después de ser superado este problema. Pero nuestros liberales no tienen ninguna intención de superarlo. Por amiguismo y por miedo.

    El capitalismo global necesita a Rusia sólo en calidad del suministrador de recursos, y nuestros liberales ya son parte de este capitalismo global. Por eso dicen que hay que bombear el gas y el petróleo y estar bien calladitos, porque si no, el amo se enfada y nos podrá arrebatar el modesto negocio petrolero. Todas los mantras de los liberales relativos a la dependencia rusa de los hidrocarburos sirven para recordarnos una vez más que Rusia tiene que conocer su sitio en el sistema mundial. Somos sólo un país atrasado, desindustrializado, con posibilidades limitadas, así que dejémonos de ideas insensatas y hagamos lo que nos manden. Por cierto, los países atrasados que suministran las materias primas no pueden ser tan grandes. Lo ideal sería dividir el país en 5 o 10. Esto aumentaría la rentabilidad de la extracción de los recursos y reduciría a cero la posibilidad de cambio de su estatus en el sistema global. Se puede decir que los liberales son luchadores por "lo real" ya que a un país atrasado, exportador de materias primas no le está permitido tener ambiciones propias, que sólo acelerarán la decisión del líder mundial sobre la necesidad de fragmentar el país. Ningún representante del bando liberal se ha planteado jamás superar la dependencia de los hidrocarburos porque es, justamente, su objetivo y su forma de integrarse en el "mundo civilizado". Es por eso que la pregunta de quién o qué tiene la culpa por el desplome del rublo tiene una respuesta muy simple en el bando liberal: el petróleo, porque somos un país atrasado, exportador de materias primas y éste es nuestro lugar en el mundo, y Putin, porque ha perdido el sentido de la realidad (se ha "olvidado" de que somos un país atrasado) y provocó la ira (las llamadas sanciones) del sistema mundial y su amo, EEUU.

    Otro liberal ruso destacado, Mijaíl Jodorkovski, es el principal "luchador contra el régimen autoritario de Putin". Me gustaría recordar que no fue precisamente Putin quien instauró este régimen. Fueron nuestros liberales los que destruyeron el parlamentarismo ruso al disparar en 1993 contra el Parlamento de Rusia. La constitución vigente que otorga al presidente los poderes de un monarca fue redactada por nuestros liberales y oligarcas a principios de la década de los 1990. Planeaban hacer uso de estos poderes manipulando a los que ocuparan la presidencia. La constitución fue aprobada en 1994 y manipulada en las primeras elecciones.

    Para hacer su fortuna, Jodorkovski, como los demás oligarcas, recurrió a la corrupción política y al chantaje de autoridades. Me refiero a las llamadas subastas en las que a partir de 1995 los oligarcas rusos consiguieron hacerse con importantes propiedades del Estado a cambio de créditos insuficientes. De esta manera, Borís Yéltsin les agradeció la propia reelección. No tiene nada que ver con la ley, Yeltsin pagó a los oligarcas su respaldo y lealtad. Por cierto, esta naturaleza "legal" de la adquisición de los activos por parte de los señores Jodorkovski, Berezovski y Gusinski conlleva la misma naturaleza "legal" de la pérdida de estos activos. Os dieron estos activos por lealtad a las autoridades y os los arrebataron por falta de lealtad. Así que los alaridos de nuestros oligarcas que se sienten injustamente ofendidos, desde un punto de vista legal, son, cuanto menos, ridículos.

    El sistema vigente de la democracia simulada y dirigida no es una invención de Putin. Se supone que las recientes protestas en Rusia fueron protestas contra los resultados de las elecciones de 2011. Pero las elecciones más fraudulentas de nuestra historia moderna fueron las elecciones de Yeltsin en 1996. Y nadie protestó. ¿Por qué protestar si el resultado había sido aprobado por el amo mundial de EEUU? Las protestas contra el gobierno en el mundo actual pueden tener éxito sólo en un caso: si son respaldadas por los estadounidenses. Las elecciones de 1996 fueron para el sistema político ruso un ejemplo flagrante de manipulación de la conciencia colectiva a través de los medios, de financiación ilegal y opaca y de falsificaciones durante la votación y el escrutinio. En las elecciones de Putin todos estos elementos fueron cortados de raíz en gran medida, en cualquier caso estuvieron muy lejos de batir el "récord" de 1996.

    El parlamento obediente y controlado también es producto de la actividad de Jodorkovski, quien durante las elecciones de 2003 intentó "comprar" a todos los partidos políticos, fueran del bando que fuesen, desde los comunistas a los liberales. Así que el origen de nuestro sistema económico y político está, precisamente, en la democracia liberal de principios de los noventa. Es por eso que nuestros liberales no luchan contra el sistema, sino contra Putin. Según ellos, el sistema es bueno, porque lo crearon de acuerdo a lo que había mandado el amo mundial, sólo que "cayó en las manos" de la persona incorrecta.

    Putin tampoco ha cambiado el sistema. Sólo ha consolidado su poder hasta donde fue posible sin provocar conflictos globales y lo ha aprovechado para solucionar los problemas más importantes e inmediatos: 1) restringir a los oligarcas el acceso al poder y no permitir su participación directa en el gobierno del país, 2) eliminar la amenaza de desintegración del país mediante la "doma" de los virreyes regionales, 3) recuperar la capacidad defensiva del Estado y, lo más importante, su escudo nuclear estratégico, 4) detener o al menos frenar la degradación en los ámbitos sociales (educación, sanidad, cultura, etc.).

    Para finales de los noventa la oligarquía rusa era consciente de que podía perder el poder. Necesitaba sustituir al borracho de Yeltsin con un presidente joven, enérgico, moderadamente populista. Putin fue propuesto como una figura manejable y necesaria para retener el poder en manos de los oligarcas. Es sorprendente pero Putin para los oligarcas es lo mismo que Gorbachov para el Partido Comunista de la URSS, pero justo a la inversa. Gorbachov también fue propuesto como una figura manejable por los altos funcionarios del partido. Nadie se podía imaginar que sería tan tonto que terminaría destruyendo el país. Los oligarcas y los liberales no se podían imaginar, a finales de los noventa, que Putin sería tan listo que terminaría ganando y deteniendo la destrucción del país. Putin es un ex agente de inteligencia, un profesional, no un don Quijote. Por eso durante todos estos años actuó con cautela, evitó acciones radicales, capaces de provocar una división social o crear las condiciones favorables para un golpe de Estado apoyado desde el exterior. Tomó decisiones cuando ya no se podía evitar hacerlo ya que las decisiones prematuras no son mejores, y a veces son peores, que las decisiones tardías. Comprendía que antes de reorganizar el sistema hacía falta comprobar si existía una posibilidad de éxito en el contexto dado. Y si tal posibilidad no se presentaba había que cambiar el contexto. Creo que durante todos estos años Putin se dedicó a crear condiciones que permitieran reformar el sistema político y económico consolidado en los años noventa según el proyecto liberal y prooccidental de tal manera que las posibilidades de Rusia en la lucha por sobrevivir aumentaran en lugar de disminuir. Porque esta es la apuesta en este juego: sobrevivir. Y me parece que durante todos estos años Putin actuó de forma adecuada ante las condiciones dadas en la situación histórica actual.

    Pero hoy en día el sistema consumista ruso y la democracia dirigida agotaron sus potencialidades para garantizar la supervivencia del país. Ya no pueden ser explotados ni ofrecer recursos para un cambio positivo. Hace falta cambiar el propio sistema y es una condición puesta por la situación actual, que va transformándose con una rapidez vertiginosa. Las decisiones adoptadas por Putin con respecto a Crimea y Donbás sobrepasan (según el amo mundial) las limitaciones previstas para un "país atrasado, exportador de materias primas". Con ellas Rusia manifestó su desacuerdo con este papel. El discurso de Putin pronunciado en octubre de 2014 en la XI edición del Club internacional de debates Valdái, da una forma política a esta manifestación. Y esto significa que debemos estar a la altura de las ambiciones anunciadas y reorganizar nuestro sistema político y económico.

     

    Etiquetas:
    Elvira Nabiúlina, rublo, Banco Central de Rusia, Vladímir Putin, Rusia
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