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    Nuestros ancestros prehistóricos buscaban piedras preciosas en las altas montañas que hoy están ocupadas por glaciares. Así lo demuestra el cambio climático y el consiguiente derretimiento de esos glaciares, los cuales han mantenido intactos materiales fácilmente degradables. Veamos cómo trabajan los arqueólogos a contrarreloj entre el hielo.

    Unos investigadores han encontrado en los Alpes pruebas de las búsquedas de cristales que hacían nuestros ancestros de la era Mesolítica (hace unos 9.500 años) después de que el deshielo de los glaciares haya revelado nuevos yacimientos arqueológicos.

    La práctica totalidad de los glaciares alpinos desaparecerá a lo largo de este siglo, y ese fenómeno ya está provocando una revolución en la arqueología. Y es que en las últimas décadas se están pudiendo analizar reliquias esparcidas por lugares a gran altitud donde se creía que no se aventuraban nuestros ancestros prehistóricos.

    Por lo que se ha sugerido ahora, los primeros humanos pudieron escalar altas montañas para desplazarse a valles cercanos, para buscar materias primas, para cazar o para encontrar pasto para los animales.

    "Ahora sabemos que la gente escalaba las montañas hasta llegar a 3.000 metros de altitud en busca de cristales y otras materias primas", cita Science Alert a Christian auf der Maur, un arqueólogo suizo que participó en la expedición del yacimiento de cristales.

    Prueba de ello son las pertenencias de los antepasados encontradas en montañas en los últimos años, como un carcaj de corteza de abedul o como prendas de cuero. En muchos casos se trata de materiales orgánicos que, de no ser porque han estado congelados, se habrían degradado rápidamente.

    Regula Gubler, arqueóloga, advierte de que ese hielo está desapareciendo y de que los antiguos materiales por descubrir que tan bien se han conservado podrían perderse dada la velocidad a la que se descompondrán sin el frío en el que se han mantenido hasta ahora.

    "Es un espacio de tiempo muy corto. En 20 años estos descubrimientos habrán desaparecido y estos bloques de hielo habrán desaparecido. Es un poco estresante", declara la experta.

    La superficie que ocupan estos glaciares es muy extensa, y no es fácil saber dónde se debería poner exactamente la atención para hacer hallazgos prehistóricos. Dado que esperar de brazos cruzados a que el hielo se derrita no es una opción, los arqueólogos confían en la buena voluntad de los alpinistas que se topen con reliquias casualmente.

    No fue así en 1999, cuando dos italianos dieron con una escultura de madera de 52 centímetros con forma humana en el glaciar de Arolla, en el sur del cantón suizo del Valais, a unos 3.100 metros sobre el nivel del mar. La recogieron, la pulieron y la colgaron en la pared de su salón.

    Por azares del destino, 19 años más tarde el arqueólogo del Museo Histórico del Valais Pierre Yves Nicod tuvo acceso a la obra, que resultó ser un artefacto celta de más de 2.000 años de antigüedad, concretamente de la Edad del Hierro.

    Otra incógnita, dijo Nicod, es saber "cuántos objetos de este tipo se han recogido en los Alpes en los últimos 30 años y están actualmente colgados en las paredes de la sala de estar", de manera que el especialista recordó que es necesario concienciar a la población de la importancia de comunicar hallazgos como este.

    Vistos todos estos hechos, Nicod resumió que realmente se trata de una “emergencia arqueológica”.

    Etiquetas:
    hallazgo, arqueología, cambio climático, deshielo, glaciares
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