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    Las vacunas rusas contra el COVID-19 (201)
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    ¿Los curados de COVID-19 realmente pueden volver a infectarse? ¿Cómo logra nuestro cuerpo combatir al nuevo coronavirus? La respuesta inmunológica a la pandemia de 2020 guarda algunos secretos que los científicos recién logran desentrañar y pueden ser clave en el futuro.

    A pesar de que el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 fue declarado pandémico en marzo de 2020, y que científicos de todo el planeta se han dedicado a estudiar sus particularidades, la humanidad aún mantiene varias preguntas sin respuesta sobre el virus que provoca COVID-19.

    Es cierto, la comunidad científica ha logrado grandes avances para mejorar la capacidad de detección de infectados, prevenir nuevos contagios e incluso en tratamientos que puedan mitigar sus avances. También avanza a paso firme la carrera en busca de una vacuna contra la enfermedad, con Rusia a la cabeza tras el lanzamiento de su Sputnik V.

    Sin embargo, algunos aspectos vinculados a cómo se relaciona el COVID-19 con el sistema inmunológico de los seres humanos aún son una incógnita, tal como recopila un artículo de la revista Pesquisas, editada por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de Sao Paulo (FAPESP, por sus siglas en portugués).

    Las preguntas más comunes sobre la inmunidad al COVID-19

    • ¿Por qué el SARS-CoV-2 desafía las vacunas?

    En tiempos en que científicos del mundo ya están en plena carrera hacia el desarrollo de vacunas contra el COVID-19, se debe tener en cuenta cómo las características de la compleja respuesta inmunológica puede afectar a las etapas de testeo de las vacunas.

    Por ejemplo, científicos del Instiuto de Inmunología de La Jolla, California, encontraron en un estudio publicado por la revistas Cell que había reacciones inmunológicas positivas al COVID-19 en muestras de sangre tomadas en 2019, antes de la pandemia, gracias a la presencia de linfocitos T de memoria, células sanguíneas que mantienen el "recuerdo" inmunológico de virus anteriores

    El problema es que la acción de estos linfocitos de memoria puede interferir en las pruebas diagnósticas si no se tiene cuidado, advirtieron los científicos  Alessandro Sette y Shane Crotty, autores del estudio publicado en Cell. 

    Aplicación de la vacuna contra COVID-19 a un voluntario en Rusia
    © Sputnik / Ministerio de Defensa de Rusia
    En efecto, pacientes a los que se aplica la vacuna pero ya tienen una respuesta celular contra el virus, tendrán una respuesta más fuerte que otros que sí recibieron la vacuna pero no cuentan con esa memoria inmunológica.

    Edecio Cunha-Neto, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo (USP), se encuentra  trabajando en una forma de identificar de forma efectiva los péptidos que responden exclusivamente al nuevo coronavirus. Según explicó a la revista Pesquisa, la importancia de los linfocitos T en la respuesta contra el coronavirus significa que "una vacuna eficaz tendría que inducir a la producción tanto de anticuerpos neutralizantes, como de linfocitos T".

    La vacuna rusa Sputnik V, por ejemplo, utiliza vectores —virus modificados para evitar su replicación— de adenovirus para transferir al organismo material genético que, si bien es seguro para la persona, logra activar una respuesta inmunológica de la persona.

    Los ensayos clínicos de la fase 1 y 2 para la vacuna rusa demostraron que todos los voluntarios "indujo la formación de una alta respuesta inmune celular (es decir, de linfocitos T) y de anticuerpos", según repasa el informe presentado por el Centro Gamaleya en el sitio web de la  nueva vacuna.

    • ¿Las personas pueden volver a contagiarse de COVID-19?

    Poder determinar a ciencia cierta si los pacientes que se recuperan de COVID-19 generan una cierta inmunización natural que impide recaer en los días siguientes es una cuestión aún no resuelta por los investigadores.

    Los primeros estudios en este sentido se realizaron en China, el primer país en tener pacientes recuperados de COVID-19. Los científicos intentaron medir el nivel de anticuerpos en el plasma de los pacientes —proteínas conocidas como inmunoglobulina G (IgG) e inmunoglobulina M (IgM)— para saber si habían logrado generar una autodefensa que les permitiera recuperarse sin el riesgo de volver a caer enfermos.

    El problema fue que, según observó un estudio chino publicado en junio en la Revista Nature y citado por la revista brasileña, de 37 personas que habían padecido COVID-19 asintomático presentaban niveles de anticuerpos muy bajos. Incluso, el 12,9% de los enfermos sintomáticos no mostraban poseer anticuerpos. Para peor, el estudio recogió que la cantidad de anticuerpos de los pacientes infectados caía a niveles "indetectables" a los dos o tres meses del punto más agudo de la enfermedad.

    A partir de estas conclusiones, algunos científicos se volcaron a pensar en que la posibilidad de reinfectarse de COVID-19 es importante, ya que los infectados no logran desarrollar la cantidad necesaria de anticuerpos para garantizar la inmunidad.

    Sin embargo, otros aportaron un punto de vista diferente: que los test serológicos actuales —utilizados para medir la cantidad de anticuerpos— no sean lo suficientemente específicos para medir los anticuerpos generados tras el paso del nuevo coronavirus. Es lo que explica el infectólogo brasileño Reinaldo Salomão de la Universidad Federal de Sao Paulo (Unifesp), recordando que la falta de sensibilidad de los test serológicos también era un problema para la detección de anticuerpos al HIV décadas atrás.

    Pero hay otro factor que podría impedir una reinfección, incluso si no se genera la inmunoglobulina G. El papel clave podrían tenerlo los linfocitos T, células sanguíneas que se generan en la médula ósea pero que luego recorren todo el cuerpo y cumplen una función activa para combatir a diferentes patógenos.

    Según el propio Salomão, la falta de casos de reinfección y los resultados de estudios que indican inmunidad en pacientes con bajos anticuerpos, sugieren que los linfocitos T pueden dar "al menos durante un tiempo, cierto grado de protección".

    Este fenómeno es el provoca que, aún en un mundo con vacunas, las personas tengan que volver a inmunizarse periódicamente. La vacuna rusa Sputnik V, de tipo vectorial y la primera en ser registrada, garantiza un período de inmunidad de hasta 2 años. Luego, la persona tendría que recibir nuevas dosis para asegurar que los anticuerpos no desaparezcan.

    Asimismo, los ensayos clínicos de las etapas 1 y 2 de la vacuna rusa indicaron que ninguno de los voluntarios que recibió la vacun se contagió luego de aplicadas las dosis.

    • ¿La exposición a otros coronavirus inmuniza contra el SARS-CoV-2?

    El estudio del Instituto de Inmunología de La Jolla, en California, aportó algo novedoso: hay pacientes que desarrollan una respuesta inmunológica fuerte a pesar de no haber estado nunca en contacto con el nuevo coronavirus.

    La respuesta a este misterio es más sencilla de lo que parece, ya que, a pesar de las consecuencias inéditas de su diseminación por el mundo, el coronavirus SARS-CoV-2 no es único en su especie. En efecto, se trata de la variante más novedosa de una familia de coronavirus, varios de los cuales circulan de forma endémica por el planeta desde hace décadas.

    El estudio de los científicos californianos encontró una respuesta celular positiva en muestras de sangre que habían sido tomadas en 2019, antes de que el virus circulara por el planeta. Cunha-Neto consideró que la explicación más razonable para ese fenómeno es que los linfocitos T de memoria —encargados de la respuesta inmunológica adaptativa— de esos pacientes estuvieron en contacto con un patógeno "muy parecido" al nuevo coronavirus.

    La revista Pesquisa recoge a su vez un comentario esclarecedor de Sette y Crotty, los autores del estudio publicado en Cell: el 90% de las personas tienen anticuerpos detectables para al menos tres de los cuatro tipos de coronavirus que circulan de forma endémica en el mundo.

    • ¿Sirven los pasaportes para curados de COVID-19?

    Comprender cómo puede funcionar el sistema inmunológico es fundamental para entender, a su vez, los frecuentes cuestionamientos a las iniciativas de algunos países o ciudades de entregar "pasaportes" de circulación a personas que ya se recuperaron de COVID-19.

    A finales de julio, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, planteó la posibilidad de entregar cartillas para que las personas que ya pasaron por la enfermedad puedan "acceder a establecimientos, gimnasios, museos, cines y a cualquier recinto cerrado".

    La propuesta fue cuestionada por el Gobierno nacional español, que recordó que este tipo de medidas no son recomendadas por los médicos ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) debido, justamente, a la incertidumbre que persiste sobre la inmunidad generada naturalmente por los pacientes.

    "Asociar la presencia de anticuerpos, de tipo IgG, a un pasaporte de inmunidad es una cuestión que ya fue echada por tierra", aportó la infectóloga Nancy Bellei, también de la Unifesp y citada en el artículo de Pesquisa.

    La experta recordó, en ese sentido, que la presencia de inmunoglobulina G desaparecía (al menos para los test) luego de poco tiempo, por lo que ya no era posible garantizar que la persona había generado o no anticuerpos.

    Por tanto, este tipo de medidas no serán efectivas, al menos hasta que la vacunación contra COVID-19 se generalice entre las personas.

    Tema:
    Las vacunas rusas contra el COVID-19 (201)
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    vacuna contra coronavirus, Sputnik V (vacuna), vacuna, Rusia, pandemia de coronavirus, COVID-19
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