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    Al cromosoma Y le han dado fecha de caducidad. Aunque es el único capaz de definir el sexo masculino en el ser humano y en otros mamíferos, es más pequeño, débil y menos complejo genéticamente que el cromosoma X. Sin embargo, su extinción puede no ser cierta: un gen capaz de matarlo es también su seguro de vida.

    El cromosoma Y solo está presente en los machos de la mayoría de los mamíferos y de algunos otros animales. Tiene un rol importante en la determinación del sexo del embrión. De los 23 pares de cromosomas que conforman el genoma humano, el último de ellos define el sexo. Si son dos cromosomas XX, el ser humano será mujer, y si se trata de un par XY, será hombre.

    La ciencia sostiene que el cromosoma Y se extinguirá en 10 millones de años a causa de una degradación genética que se ha dado a lo largo de la evolución. Por estar presente solamente en los hombres, no puede emparejarse para recombinarse y repararse genéticamente.

    No obstante, dos investigadores de Australia y España van a contramano de la corriente con su hipótesis del Y persistente, según la cual el cromosoma Y no se extinguirá. Para Paul D. Waters, experto en Biotecnología y Ciencia Biomolecular de la Universidad de New South Wales, y Aurora Ruiz-Herrera, del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de la Universidad Autónoma de Barcelona, la clave está en la división celular que permite la creación de gametos, es decir, el proceso de meiosis.

    En un artículo publicado en la revista científica Trends in Genetics, ambos sostienen que un gen del cromosoma Y, que es de gran importancia durante la meiosis y capaz incluso de matar al propio cromosoma, es también el responsable de evitar su extinción. ¿Cómo?

    El gen verdugo, el gen amigo

    La meiosis es la división sucesiva de las células diploides (células con dos series de cromosomas) para formar cuatro células haploides (con un solo juego de cromosomas), es decir, es el proceso que permite la formación de los gametos femenino y masculino (óvulo y espermatozoide).

    Durante la meiosis masculina, tiene lugar la inactivación meiótica de cromosomas sexuales —MSCI, por sus siglas en inglés—. Es decir, los cromosomas X e Y son "silenciados" para que la meiosis sea exitosa.

    La MSCI podría desencadenarse por las diferencias de estructura genética de los cromosomas X e Y. Durante la meiosis, una parte de los cromosomas no pueden ligarse entre sí por sus divergencias, lo cual provoca el silenciamiento gracias a un gen llamado Zfy.

    Asimismo, para que la meiosis sea viable, el propio gen Zfy debe permanecer silenciado. Si el gen se activase durante esta etapa, produciría la muerte del espermatozoide. Por ello el gen Zfy es llamado ejecutor, ya que es responsable de llevar a cabo la apoptosis (muerte celular programada).

    La MSCI es de vital importancia, así como la capacidad del gen ejecutor para "matar" el espermatozoide defectuoso tras una meiosis fallida. Se ha probado que en ratones que no tienen un correcto silenciamiento durante la meiosis se ha producido una mutación que los vuelve infértiles.

    Para los científicos, según la hipótesis del Y persistente, "el futuro del cromosoma Y es seguro porque porta genes ejecutores que son críticos para que la meiosis masculina progrese con éxito, y, a diferencia de otros genes del Y, estos ejecutores se autorregulan".

    "Esencialmente, actúa como su propio juez, jurado y verdugo, y al hacerlo, protege al Y para que no se pierda", aseguran.

    Etiquetas:
    reproducción, Macho, extinción, genética, cromosomas, ADN
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