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    La comunidad científica ya no solo se preocupa por desarrollar cada año una nueva vacuna contra la gripe. Ahora, también deben afrontar el desafío de encontrar formas más efectivas de convencer a las personas de que acepten vacunarse. Estudios sugieren que algunos argumentos más económicos son más poderosos que las ventajas sanitarias.

    El brote de coronavirus chino y su expansión por el mundo puso en alerta a los sistemas sanitarios del planeta y a la comunidad científica, que ya se volcó a intentar diseñar una vacuna que proteja de la enfermedad designada como Covid-19. Sin embargo, hay enfermedades para las que sí existen vacunas pero lograr una efectiva inmunización sigue siendo difícil.

    Uno de los casos más paradigmáticos es la gripe estacional, la tradicional enfermedad que cada año afecta a más personas de las que debería como consecuencia de la renuencia de la población a vacunarse. Esto se vuelve un problema en EEUU, donde se estima que el 60% de la población no se aplicará la vacuna en 2020. En los países de América Latina, la cobertura de esta vacuna también se mantiene en porcentajes similares, a pesar de que los gobiernos destinan fondos a campañas publicitarias y de concientización.

    La reticencia de la población encuentra un aliado en la creciente tendencia 'antivacunas' que incluso ameritó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considerara a esta filosofía como uno de los riesgos para la salud pública.

    Por ese motivo, la preocupación en torno a la vacuna contra la gripe excedió a la comunidad científica y se trasladó a profesionales de otras áreas como el marketing. Fue así que la profesora de Marketing de la Universidad Purdue de Indianápolis Helen Colby y la profesora de Salud y la profesora de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Denver, Colorado Meng Li investigaron cuáles pueden ser las maneras más efectivas para convencer a alguien de vacunarse contra la gripe.

    En un resumen de su investigación para la revista The Conversation, Colby y Li lamentaron que muchas veces los argumentos más fuertes detrás de la vacuna —como los beneficios para quien la recibe y para las poblaciones vulnerables de su entorno— no bastan para que un ser querido decida concurrir a vacunarse.

    En ese marco decidieron probar otras alternativas, que comprobaron son más eficaces. Una de ellas es remarcar que darse la vacuna en EEUU es una "ganga", puesto que los usuarios pueden conseguirla gratis o por 10 dólares, cuando debería tener un costo de entre 40 y 70 dólares. "Es un ahorro de entre el 75% y 100%. Si los televisores fueran ofrecidos con ese descuento, la gente estaría haciendo cola en la puerta", señalan las autoras.

    En efecto, para las investigadoras fue más efectivo poner énfasis en los beneficios económicos de la vacuna que mostrar un vídeo informativo de 30 segundos a los interesados.

    Colby y Li también descubrieron que una forma efectiva de lograr que sus allegados se vacunaran era agendarles una cita en los centros de vacunación sin consultarlos previamente. Según determinaron, ese mecanismo era un 36% más efectivo que enviarles un correo electrónico pidiendo que hicieran el trámite por ellos mismos.

    "Incluso cuando algunas personas cambiaron la fecha o la hora, y otros no concurrieron, las personas que recibieron una fecha aleatoria se vacunaron más que las que tuvieron que agendarse por sus propios medios", señalan.

    Otra estrategia es lograr que las personas realicen lo que se conoce como 'intenciones de implementación', es decir, planes específicos sobre cuándo y dónde se realizarán determinadas acciones. Así, es posible comprometer a los familiares a ir por una vacuna luego del retirar a los niños tras su entrenamiento de fútbol, por ejemplo. Cuando se da este tipo de planificación, la posibilidad de vacunarse aumenta un 4,2%, de acuerdo al estudio.

    ¿Qué tan efectiva es la vacuna?

    Las novedosas estrategias planteadas en el trabajo de Colby y Li no resuelven una de las principales dudas que mantienen muchos escépticos de la vacuna: ¿qué tan efectiva es a la hora de prevenir la gripe estacional?

    En un artículo publicado en febrero de este año, la doctora del Colegio de Medicina de la Universidad Estatal de Florida, Christienne Alexander, recordó que cada año los científicos deben desarrollar una nueva vacuna contra la gripe, intentando anticipar cómo será la gripe del año siguiente a partir de examinar las cepas que intervinieron en el año anterior.

    La capacidad de mutar rápidamente de las cepas es una de las explicaciones de que la efectividad de la vacuna varíe cada año. De hecho, las cepas del virus continúan mutando luego de que los científicos desarrollaron una vacuna y comenzaron a administrarla. Por eso los científicos tratan de predecir las posibles mutaciones para incluirlas en la vacuna de cada año.

    Una de las preocupaciones es qué puede suceder con la gripe de 2020, dado que existen dos cepas de gripe A y dos de gripe B. "Si una de esas cepas comienza a mutar, la vacuna ya no coincidirá con las cepas" y podría resurgir un brote de esa cepa, señala Alexander. De todas formas, remarca que eso no sucede todos los años y que, históricamente, la vacuna contra la gripe tiene una efectividad de entre 40% y 60% y logra prevenir millones de consultas al médico cada año.

    Si bien la gripe de 2020 en el hemisferio norte parece estar caracterizada por una cepa de gripe B, todavía no puede saberse qué tan efectiva es la vacuna de este año. Para eso, explica Alexander, es preciso esperar hasta el final de la temporada de vacunación, que generalmente se extiende hasta abril o incluso mayo.

    Etiquetas:
    vacunación, EEUU, gripe
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