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    Científicos latinoamericanos y estadounidenses durante la expedición a la cima de la montaña Huascarán, en el norte de Perú, en julio de 2019

    El día que un dios y la ciencia se encontraron en el glaciar tropical más alto del planeta

    © AFP 2019 / Oscar Vilca
    Ciencia
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    La misión de extraer hielo del glaciar tropical más alto del mundo hizo enojar a la comunidad indígena local. Un grupo de científicos tuvo que abandonar su expedición en la cima de la montaña Huascarán, en el norte de Perú porque así se lo exigieron los nativos de la zona. Sputnik te cuenta por qué ese hielo es tan valioso. 

    A fines de julio de 2019 unos audaces investigadores escalaron una montaña nevada del Parque Nacional Huascarán. Instalaron su tienda, el clima era perfecto. Las máquinas funcionaron sin fallas. Ningún miembro del equipo se enfermó, y a pesar de que algunas avalanchas los habían obligado a encontrar nuevos caminos hacia la cima, lo hicieron relativamente rápido y sin mayores dificultades. 

    Estaban allí para desarrollar una tarea que podría marcar un hito científico: extraer hielo del glaciar y analizarlo en busca de pistas sobre los cambios del planeta en los últimos 20.000 años. Tal estudio permitirá verificar los niveles atmosféricos de gases de efecto invernadero, la temperatura y el uso de los suelos de la Cordillera de los Andes y la cuenca amazónica adyacente en todo ese período. 

    Ese hielo también podría reforzar las predicciones sobre los efectos del derretimiento de los glaciares, lo que ha puesto a las comunidades que viven al pie de la montaña en riesgo de escasez de agua y de deslizamientos de tierra catastróficos, según se explica en la revista científica Nature.

    Para lograrlo, los científicos debían transportar las muestras de hielo en un camión congelador hasta Lima, y de ahí subirlas a un avión con destino a Estados Unidos; luego llegarían a destino: la Universidad Estatal de Ohio, donde serían analizadas.

    A pesar de todo lo preparados que estaban los científicos para desarrollar tan ambiciosa tarea, surgió un conflicto que no preveían. 

    El Huascarán, en la Cordillera Blanca de Perú, es la montaña tropical más alta del mundo. Para los lugareños, su copa nevada representa un dios, hogar del oso de anteojos y del cóndor andino, dos especies cuyas poblaciones están disminuyendo a pasos agigantados. Para los científicos, esta montaña es la llave a uno de los registros más completos de la calidad del aire y clima de la historia de la Tierra

    Algunos habitantes de Musho, una pequeña comunidad que vive en la parte occidental de la base del Huascarán, subieron enojadísimos hasta donde estaban los científicos: pensaban que allí iban a explotar la montaña en busca de minerales; aunque la minería está prohibida por ley, hay quienes lo hacen y contaminan los suministros de agua, además de poner en peligro el ecosistema.  

    Una de las científicas miembro del equipo, Roxana Sierra-Hernández, hizo las veces de traductora: "Piensan que estamos aquí para extraer oro", les dijo a sus compañeros, según publicó Ohio State News. "Creen que el Gobierno [peruano] vendió la montaña a los estadounidenses", agregó. 

    Los indígenas les dieron 12 horas para terminar con su expedición; un imposible si querían trasladar las muestras a Ohio. Algunos miembros del equipo fueron evacuados en helicóptero

    La comunidad de Musho está preocupada porque quiere proteger a su dios, reforzar los derechos territoriales y de acceso al agua, y teme que se instale un proyecto minero; ya conoce sus devastadores efectos

    A su desencanto se le sumó el hecho de que el presidente de Perú, Martín Vizcarra, viajó a encontrarse con los investigadores al inicio de su expedición, pero no fue capaz de pasar por Musho a explicarle a los lugareños qué iban a hacer en su lugar sagrado.

    Por otra parte, la necesidad de terminar el trabajo era obvia (y urgente): desde la cima del Huascarán, a 22.000 pies sobre el nivel del mar, el equipo de científicos había visto un humo nebuloso que se acercaba, parecía provenir de la Amazonía.

    Lonnie Thompson, el cabecilla del equipo de 71 años y más de 80 expediciones encima, pidió una reunión con el líder de la comunidad, le explicaron qué estaban haciendo. Luego, el equipo de científicos que aún permanecía en el lugar mantuvo una reunión con el resto de la comunidad indígena para que cada lugareño pudiera evacuar sus dudas. 

    Sin embargo, continuó el enojo y el desentendimiento. Los lugareños les dieron tres días para bajar de la montaña las muestras y los equipos. Así lo hicieron, bajaron hasta el poblado más cercano, desde donde un helicóptero del Gobierno peruano se llevó el último cargamento el 18 de agosto.

    "Los glaciares son políticos", dijo a Nature Mark Carey, historiador ambiental de la Universidad de Oregon en Eugene que ha estudiado la relación entre los lugareños y el hielo en la Cordillera Blanca. 

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    montañas, glaciares, hielo, comunidades indígenas, Huascarán, Perú, ciencia
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