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    El gran colisionador de drones de Suiza o CERN

    Proyecto CREMLIN: cuando la ciencia une a Rusia con la Unión Europea

    © Foto: CERN
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    En un momento en el que la cooperación política entre Rusia y la UE no pasa por su mejor momento, unos y otros se esfuerzan por sacar adelante iniciativas que impulsen la ciencia a ambos lados de los Urales. El proyecto Cremlin es una de ellas.

    Desde el diario español El País desgranan el proyecto. Se trata de un salvavidas para la investigación científica en la Federación de Rusia que actúa como puerta de entrada para la cooperación y la financiación europeas.

    En él participan 19 instituciones rusas y europeas que, sorteando las sanciones occidentales, trabajan por encontrar beneficios mutuos en el campo de la investigación científica.

    Cremlin cuenta para ello con la financiación directa del programa de investigación e innovación más grande de la Unión Europea: Horizon 2020. Y también con el de los principales centros de investigación europeos, como el CERN de Suiza, los DESY, FAIR y Jülich de Alemania y el ILL de Francia.

    "Rusia quiere volver a la élite de la ciencia del átomo. Para lograrlo, sus responsables políticos han planteado una serie de grandes infraestructuras, desde sincrotrones para producir rayos X a reactores nucleares con los que generar neutrones, que etiquetan con el apelativo de 'Megaciencia'. Y (…) no quieren trabajar solos", señala David Mediavilla en El País.

    Esa 'Megaciencia' comprende seis proyectos rusos, todos ellos englobados en Cremlin, que funciona como una plataforma para la cooperación y la financiación europea.

    Lea más: EEUU y Rusia pueden impulsar la cooperación en ciencia a través de Consejo Ártico

    El PIK de San Petersburgo es un reactor nuclear —'Powerful Research Reactor'- que estudiará, cuando finalice su construcción, las características de materiales y biomoléculas utilizando para ello neutrones. "El PIK será uno de los mejores reactores para la investigación científica del mundo", aseguran desde su página web.

    El NICA ('Nuclotoron-based Ion Collider fAcility) es otro acelerador de partículas que se ha apuntado al Cremlin. Se encuentra en Dubná, una ciudad cerca de Moscú levantada en torno a un acelerador de protones construido en los años 40 y que forma parte del Instituto Central de Investigación Nuclear.

    Allí se pretende "juntar dos átomos para crear nuevos elementos", explica Alexandr Kárpov, investigador del centro, a El País. "Si la energía es excesiva, el choque produce fragmentos y no nuevos átomos, y si es poca, la fuerza de repulsión de partículas con la misma carga hará que salgan despedidos".

    Se espera que el colisionador entre en funcionamiento en el 2020. Para ello se necesitan inversiones de cientos de millones de euros, razón por la que la cooperación resulta indispensable. "Para que nuestro esfuerzo valga la pena necesitamos abrir la puerta a investigadores europeos", señala al rotativo Serguéi Grigóriev, director adjunto para las relaciones internacionales del Instituto Kurchátov, líder en investigación nuclear ya desde la Unión Soviética.

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    Los demás proyectos, como el colisionador Lepton (STC) de Novosibirsk, el Proyecto Fusion (IGNITOR) y el SSRS-4 de Moscú o el Láser de Alto Voltaje (XCELS) de Nizhni Nóvgorod también han sido seleccionados como 'proyectos de Megaciencia'. Se espera que la cooperación en el marco del Cremlin genere la experiencia necesaria entre la Unión Europea y Rusia para impulsar todos estos proyectos.

    "Cremlin desarrollará políticas de investigación en las que participarán todas las partes interesadas en la Unión Europea y en la Federación de Rusia. En el marco del Cremlin se elaborarán recomendaciones específicas, estudios prospectivos, estrategias y perspectivas para una cooperación reforzada entre la UE y Rusia", apuntan desde el portal.

    Fruto de esa inquietud renovada de Rusia por la cooperación internacional dio a luz a mediados de 2017 al Centro Conjunto de Astronomía Ultravioleta (JCUVA) de la Universidad Complutense de Madrid, que fomenta la cooperación entre científicos e ingenieros de España y de Rusia. Dicha colaboración se enmarca en un proyecto espacial encaminado a desarrollar el Observatorio Espacial Mundial UV.

    Desde El País apuntan a que la revista Nature sitúa a Rusia como uno de los países en los que más han crecido las publicaciones científicas de alta calidad en el mundo. Tras dos décadas de estancamiento después de la caída de la URSS, "vamos por buen camino", señala Grigóriev al medio.

    Atraer financiación extranjera, situar la ciencia en el centro del progreso y abrirse a la cooperación con la Unión Europea parecen ser los mejores ingredientes.

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    ciencia, cooperación, CERN, Unión Europea, Rusia