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    Las vacunas rusas contra el COVID-19 (200)
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    Rusia demuestra una vez más sus afirmaciones con resultados y no con solo retórica.

    El pasado 11 de agosto Rusia se convirtió en la primera nación en registrar una vacuna contra el COVID-19, Sputnik V, desarrollada por el Centro de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, hecho al que los científicos y teóricos de otras latitudes, en vez de sumarse a la celebración de semejante logro en pos del bien común, no demoraron en ponerlo bajo lupa, incluso elaborando teorías —o dicho de otra forma, especulaciones— de por qué el mismo carecía de credibilidad hasta el punto de cuestionar desde su existencia hasta su eficacia.

    Existe un juego infantil muy popular llamado piedra, papel o tijera en donde a manera de duelo un jugador prevalece sobre su oponente de acuerdo a la figura que con la mano elige para enfrentarlo: la tijera corta el papel, la piedra aplasta a la tijera y el papel cubre la piedra.

    Actualmente, en un mundo dividido más por modelos económicos que por ideologías, o más bien dividido en ideologías modeladas por esquemas económicos y en donde el teorizar ha desplazado en definitiva al positivismo, es importante para cada parte dentro del tablero de juego global demostrar que sus argumentos son los correctos aun cuando sus fundamentos y resultados estén fuera de la vista de los demás, por tanto hay jugadores que, incluso ante la ausencia de estos efectos concluyentes deciden con premeditación y hasta malicia darle a sus posturas la categoría de verdad y a su vez desacreditar la posición del resto de los adversarios.

    No obstante, como en el aparentemente ingenuo juego infantil referido más arriba, si el papel vence a la piedra, la tijera vence al papel y la piedra vence a la tijera, los resultados, una vez más, vencen a la teoría. Por consiguiente, con la publicación en la revista científica The Lancet de su artículo sobre la vacuna rusa Sputnik V, las especulaciones de la otra esquina en la arena mundial en cuanto al tema llegan a su fin.

    Ahora bien, zanjado el tema principal, todavía se hace difícil no ver con el mismo ojo crítico otros incidentes que, en tan solo la última década, muestran el mismo juego de espejos y luces que el de la citada vacuna rusa contra el COVID-19. Como por ejemplo, cuando en 2015 el canal CNN citando a unos altos funcionarios de EEUU, para poner en tela de juicio la eficacia de las armas rusas afirmaba que cuatro misiles lanzados por estos desde el mar Caspio habían caído en territorio iraní y no sobre los objetivos programados de ISIS en Siria, algo que Rusia negaría rotundamente, pero que dos años después esas mismas armas ayudarían al Ejército sirio y sus aliados a declarar la derrota de Daesh en el país. O aquellos que hace solo un lustro se relamían los labios y frotaban las manos enérgicamente al afirmar la rápida marcha de Rusia hacia la ruina, hoy siguen sentados esperando ya no tan efusivos.

    Luego, se pregunta uno quiénes en realidad son los que inventan conjeturas y quiénes dicen la verdad. Es allí en donde debemos caer en cuenta de que la verdad no es otra cosa que la suma de un conjunto de hechos basados en resultados y no de un montón de suposiciones reveladas como incuestionables.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK Y LOS TEXTOS ESTÁN AUTOEDITADOS POR LOS PROPIOS BLOGUEROS

    Tema:
    Las vacunas rusas contra el COVID-19 (200)
    Etiquetas:
    vacuna contra coronavirus, Sputnik V (vacuna), vacuna, coronavirus, Rusia
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