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    El coronavirus en Estados Unidos (251)
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    La propagación del coronavirus hizo visibles los grandes problemas de la economía de EEUU. Si se rompe su talón de Aquiles, si la gente deja de consumir de forma masiva los productos de las grandes tiendas y prefiere quedarse en casa para protegerse contra esta enfermedad, su economía queda amenazada de entrar en una profunda recesión.

    La crisis tocó fondo con el elevado endeudamiento de las industrias de ventas y energía que fueron afectadas por la caída de las ventas a causa del coronavirus y la reducción del precio del crudo este año. La deuda de las corporaciones de Estados Unidos aumentó un monto de cuatro billones de dólares durante el período 2008-2019; por lo que la deuda corporativa se encuentra actualmente en 10 billones de dólares (40% del PIB). De esta manera, el presidente Donald Trump tendrá que lidiar cómo controlar la precipitosa de caída de estos dos sectores en donde se juega la presidencia.  

    En cuanto a la industria de ventas, las tiendas departamentales han incrementado la deuda corporativa por varias razones. Entre ellas destaca que los gigantes del comercio electrónico como Amazon han venido acaparando el volumen de ventas por lo que han reducido los ingresos de las empresas que no se han adaptado a las compras por internet. Como cada vez menos norteamericanos van a tiendas departamentales a comprar sus productos, parece que esto será un cambio irreversible para la industria de ventas. Con el fin de compensar sus pérdidas económicas, la industria ha recurrido a endeudarse con lo cual la situación ya se tornó agravante para varias empresas como J.C. Penney, Nordstrom, Kohl's y Macy’s Inc.

    ​De esta manera, la propagación del coronavirus está agravando el problema de las tiendas considerando que los estadounidenses prefieren no salir a realizar sus compras habituales. Como resultado, numerosas tiendas de ropa anunciaron que cerrarán el resto del mes de marzo con la posibilidad de ampliarse a abril. Esto atacará directamente al corazón de la economía de Estados Unidos puesto que su soporte ha sido el consumo masivo de la población norteamericana que sostiene esos niveles de compras por medio de la obtención de créditos. La interrupción del flujo de compras sin duda alguna ya desató una crisis de desempleo puesto que no solamente afecta a las tiendas departamentales, sino también a hoteles, restaurantes y gimnasios, entre otros establecimientos.

    Donald Trump, presidente de EEUU, y slogan 'Mantenga América grande'
    © AFP 2020 / Nicholas Kamm
    En consecuencia, la cantidad de personas que ya pidieron un apoyo económico de desempleo aumentó en más de tres millones colocándose en 3,2 millones de personas a finales de marzo. En caso de no aplicarse un plan de emergencia aprobado por la Cámara de Representantes, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, advirtió que la tasa de desempleo alcanzaría un 20% en algunos meses. Esa cifra no se ha visto desde la crisis económica de la década de 1980 en Estados Unidos, un período durante el cual la indigencia, el vandalismo y los robos aumentaron de forma exponencial en las principales ciudades. Por ahora, la economía de Estados Unidos tendría probablemente una contracción máxima de un 40% en el segundo trimestre de 2020 de acuerdo con las estimaciones de la Cámara de Comercio.

    Para enfrentar la crisis económica, el presidente Donald Trump anunció un programa por un monto 2,2 billones de dólares. Entre sus funciones está proporcionar un fondo por 500.000 millones de dólares a las industrias más afectadas; ayudar económicamente a los pequeños negocios por un monto de 350.000 millones de dólares para no despedir a sus empleados; incrementar los beneficios de desempleo que involucrará a desempleados y trabajadores independientes por 250.000 millones de dólares; y otorgar financiamiento para la compra de equipo médico para los hospitales por un monto de 130.000 millones de dólares, entre otras cosas.

    Lo más preocupante del plan se encuentra en el fondo por un monto de 500.000 millones de dólares que serán otorgados a las industrias afectadas por la crisis económica. Como el Gobierno no supervisará el uso de esos fondos ni habrá transparencia para que la gente sepa cómo se usaron, los directivos de esas empresas se pagarían millonarios sueldos con ese dinero; comprarían sus acciones para detener la caída de su precio en los mercados financieros como ocurrió con el rescate de los grandes bancos de inversión después de la crisis financiera de 2008. Además, el presidente Donald Trump ocuparía el programa como un mecanismo de presión financiando únicamente a las empresas que estuvieran dispuestas a apoyar su campaña presidencial este año.   

    En cuanto a la asistencia económica a los pequeños negocios, los empresarios tendrán la posibilidad de mantener los empleos a sus trabajadores a cambio de una condonación de deuda por un monto equivalente al pago del salario de sus empleados. Sin embargo, esta medida se aplicará únicamente por un período de cuatro meses. Por lo tanto, la continuidad de la ayuda no está confirmada ya que los senadores republicanos posiblemente propondrían disminuir esta asistencia en planes subsiguientes. Esto ocurriría considerando que el plan fiscal de Donald Trump prácticamente quebró las finanzas públicas por lo que un programa de emergencia de envergadura tendría como costo incrementar sustancialmente el déficit fiscal, a lo que una gran parte de los republicanos se han opuesto.

    Con respecto a los fondos hacia el sector médico, los hospitales recibirán equipo médico adicional para cubrir la falta de insumos que requieren los médicos y enfermeros para atender a los enfermos de coronavirus además de que los estadounidenses tendrán la posibilidad de recibir gratuitamente una prueba de diagnóstico para ver si tienen la enfermedad. No obstante los norteamericanos tendrán que pagar por su propia cuenta los medicamentos quedando vulnerable la población más pobre que no tiene un seguro médico o que tiene que lidiar con las aseguradoras para obtenerlos. Por ello, la cantidad de infectados continuaría creciendo, la cual, ya se encuentra en un nivel preocupante ubicándose en 142.000 a finales de marzo. En caso de no controlar la pandemia, los hospitales necesitarán más equipo e instalaciones que podrían no ser cubiertos en un corto plazo dejando a la población totalmente desprotegida.

    ​Por otra parte, las empresas del sector energético fueron afectadas de forma significativa por la reducción del precio del petróleo, que se había mantenido por encima de 50 dólares el barril el año pasado, tuvo una fuente caída ubicándose en 20 dólares a finales de marzo del año en curso. Esta reducción del precio se debió principalmente al aumento de la cuota de producción de Arabia Saudí que se ha opuesto al fracking de Estados Unidos, con lo cual, ha causado una sobreproducción del mercado petróleo reduciendo los ingresos de los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

    Esta reducción del precio evidentemente recortará los ingresos de las compañías de Estados Unidos que tendrán dificultades para pagar sus obligaciones financieras con respecto a sus bonos emitidos. Por lo tanto, las calificadoras internacionales como Fitch disminuyeron la nota de los bonos particularmente de las pequeñas y medianas empresas energéticas de Estados Unidos a BB+, de suerte que son considerados como bonos basura para los inversionistas. Como resultado, los inversionistas dejarían de invertir en el sector energético tomando en cuenta la caída de rentabilidad de las empresas petroleras.

    Cabe destacar que las pequeñas y medianas empresas del sector energético representan un punto neurálgico de la economía de Estados Unidos. Por dar algunas cifras, este grupo de compañías aporta un 83% de las producción petrolera aparte de un 90% de la producción de gas natural a nivel nacional, reflejando su superioridad a las dos empresas globales (Exxon Mobil y Chevron). Aparte de esto, los gastos de infraestructura como en la demanda de tuberías, minerales y ductos tienen un efecto multiplicador sobre la industria norteamericana que genera empleos altamente calificados por lo que su posible contracción desencadenaría efectos desastrosos para la población estadounidense.

    La reducción de la calificación hizo que las compañías petroleras anunciaran recortes importantes de sus gastos en infraestructura con el fin de mandar una señal de confianza a los inversionistas de que cumplirán con sus obligaciones derivadas de los bonos emitidos en los mercados financieros como es el caso de Occidental Petroleum, Apache y Chesapeake. Cabe destacar que la producción de petróleo de Estados Unidos depende de los grandes yacimientos en los cuales se utiliza el fracking de suerte que con ese reducido precio es inviable extraer petróleo de esos yacimientos. Por lo tanto, Donald Trump perdería el apoyo de una parte de la población de estados como Texas, Nuevo México y Dakota del Norte.

    ​A diferencia de la crisis de 2008, bajo la cual los grandes bancos de inversión de Wall Street fueron los más afectados por el impago de las hipotecas, ahora los bancos regionales serán los más perjudicados al estar más expuestos al impago de la industria de energía. En contraste con los bancos de inversión, los bancos regionales generan una gran parte de sus ingresos por medio de los créditos a las familias y las pequeñas y medianas empresas en una región particular. Además, las obligaciones financieras de dichas instituciones provienen principalmente de los depósitos de las familias. Entre los bancos con mayor riesgo de tener pérdidas económicas se encuentran Fifth Third Bancorp, KeyCorp, Comerica Inc y SunTrust Banks Inc. También estarían afectados los fondos de inversión que invirtieron en las industrias de ventas y energía cuyo financiamiento proviene de bancos, personas con altos de ingresos y fondos de pensiones.  

    En respuesta a la incertidumbre, la Reserva Federal redujo la tasa de interés a 0% aparte de impulsar la compra de títulos de deuda pública y activos financieros basados en hipotecas como los MBS este mes. Estas acciones darán un respiro a las instituciones financieras que tendrán acceso a una gran liquidez para afrontar sus obligaciones. Sin embargo, es probable que una prolongación de la recesión económica tambalease a las instituciones, en la cual, si una pieza importante cae causaría un efecto dominó que haría exacerbar la crisis económica con una caída del crédito hacia el consumo y la inversión. En caso de suceder esto, Donald Trump tendría prácticamente perdida la presidencia este año.

    Pero lo más grave de la situación es que a pesar de que Donald Trump pierda la presidencia, el candidato demócrata que ahora tiene una importante ventaja electoral, Joe Biden, no tiene un plan económico que aborde los problemas estructurales del sector de salud, el robo de los grandes bancos de inversión y la creciente desigualdad que favorece a las grandes empresas trasnacionales. Pese al apoyo de los jóvenes a la candidatura progresista de Bernie Sanders, Estados Unidos continúa siendo una sociedad profundamente conservadora que le ha impedido liderar un movimiento social capaz de enfrentar esta crisis económica.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK Y LOS TEXTOS ESTÁN AUTOEDITADOS POR LOS PROPIOS BLOGUEROS

    Tema:
    El coronavirus en Estados Unidos (251)
    Etiquetas:
    impacto, recesión, economía, coronavirus, EEUU
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