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    Lo que ocurrió en Bolivia en noviembre de este año fue, como dijo con todas sus letras el presidente mexicano López Obrador en su discurso a la nación: un golpe de Estado. A la luz de estos recientes hechos, la en su momento controvertida decisión de crear la Guardia Nacional en México cobra más sentido que nunca.

    Y cobra sentido, en especial, si atendemos a los distintos tipos de ejércitos y sus élites castrenses que existen en los países latinoamericanos. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana de Venezuela y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba por ejemplo, nada tienen que ver con las Fuerzas Militares de Colombia y las Fuerzas Armadas de Chile. Las dos primeras tienen un estrecho vínculo con el pueblo y con el proyecto político que sus pueblos han elegido, mientras que las segundas son básicamente fuerzas represoras golpistas y de ocupación al servicio de los monopolios extranjeros y sus virreyes locales.

    Bajo estas circunstancias todo pareciese indicar que la creación de la Guardia Nacional no estuvo fundamentada exclusivamente en términos de seguridad pública, sino de estrategia política. Para comenzar, la GN depende del presidente a través del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, un civil, quien nombra al comandante, un militar (implícitamente con la aprobación del presidente). La GN ha sido entrenada y nutrida en un primer momento por el personal de las policías militares de las Fuerzas Armadas y de la Marina, absorbidas en este nuevo cuerpo pero bajo un mando civil. En resumidas cuentas la GN es un brazo armado que no debe su obediencia a la jerarquía  castrense, sino a un secretario federal, un civil, quien en papel debiese ser un cercano al presidente, al menos políticamente hablando. Este cuerpo armado  pone a disposición del ejecutivo federal, un personal que posee un entrenamiento similar a cualquier ejército regular y con un poder de fuego y equipo muy superiores a los de la Policía común y que eventualmente sería un dolor de cabeza para cualquier intentona golpista.

    Esta reorganización, o digamos 'implantación' de un nuevo brazo armado en el organigrama de seguridad pública nacional hace posible lo que al parecer es uno de los objetivos del presidente López Obrador en el plano político: el acercamiento entre militares y civiles. En otras palabras, la introducción de una mística popular en el ideario de las fuerzas armadas nacionales, como él mismo ha dicho: "El ejército es pueblo uniformado". Las nuevas órdenes de no reprimir y no responder a agresiones con el uso de la fuerza demuestran que su propósito es una nueva óptica orientada a un ejército popular. Esta disposición ya ha sido probada en el terreno durante la lucha con los traficantes de combustibles robados, en donde algunos militares fueron inclusive amagados y desarmados. Pero tuvo su máxima prueba durante el encuentro con la mafia organizada en el estado de Sinaloa, donde el personal de la GN estuvo en grave peligro, resistiendo aun así firmes y leales a las nuevas órdenes operacionales sin abrir fuego.

    Por supuesto que esta nueva visión popular para el ejército choca con la concepción de los conservadores y reaccionarios que insisten en percibir a esta institución pública como su guardia personal dedicada a su protección y al mantenimiento de sus privilegios. Múltiples críticas sobre el "no uso de la fuerza" contra los ladrones de combustible o contra la mafia no se han hecho esperar por parte de estos grupos. Exigen mano dura a costa de la sangre de inocentes en las calles. No entienden que 'las guerras' contra el narco y la delincuencia no han llevado a nada durante las últimas décadas, salvo a miles de muertos.

    Pero no solo la oposición política ha salido a rabiar sobre el nuevo acercamiento en materia de seguridad pública. Algunos militares han hecho declaraciones temerarias al respecto. El general en retiro Mauricio Ávila Medina, quien fue aspirante a una candidatura presidencial no partidista en 2018 declaró a raíz de un comentario que hizo López Obrador sobre un posible golpe militar en México:

    "Señor presidente, será el pueblo, el pueblo que trabaja, el pueblo que estudia, los empresarios amenazados por los criminales, quienes exijan al Ejército que intervengacomo última opción, pero el Ejército intervendrá dentro de la Constitución, conforme al artículo 29, cuando el pueblo le exija a usted y al Congreso que declaren el estado de excepción".

    Las declaraciones de López Obrador sobre un golpe de Estado ocurrieron luego de que se hiciera público un discurso del general Carlos Gaytán Ochoa (militar en activo) durante un desayuno en instalaciones de la Secretaría de la Defensa Nacional, en el que criticó "decisiones estratégicas que no han convencido a todos".

    "Actualmente vivimos en una sociedad polarizada políticamente, porquela ideología dominante, que no mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda, que acumularon durante años un gran resentimiento", agregó el general Gaytán.

    Tampoco es coincidencia que el general Cienfuegos, se retirase al dejar su puesto como secretario de la defensa durante el infame sexenio de Peña Nieto. Sus reaccionarias y conservadoras convicciones políticas seguramente le impedían seguir sirviendo a las órdenes de un presidente como López Obrador. Otro caso revelador es el del almirante en retiro Mariano Francisco Saynez Mendoza, exsecretario de la Marina durante el Gobierno de Felipe Calderón, quien al terminar su cargo fue condecorado por el comando norte de EEUU por su gran labor (¿al servicio de quién?).

    A estas manifestaciones de descontento entre militares elitistas se les suman las de los sectores ultracatólico-cristianos y racistas más reaccionarios y retrógrados en México, que se encuentran mayormente dentro de la iglesia católica, las congregaciones cristianas, el Partido Acción Nacional y el Yunque. Estas corrientes pregonan la misma retorica rancia de la ultraderecha brasileña, argentina, chilena y el golpismo militar-cristiano fanático-racista  boliviano. En este sentido, el golpe a Evo y al Movimiento al Socialismo (MAS) es un recordatorio amargo, sobre todo para las nuevas generaciones, del peligro al menoscabo al Estado laico, del racismo, del militarismo y del anticomunismo. Pero también debería desenmascarar de una vez por todas la naturaleza criminal de las oposiciones de derecha latinoamericanas, de la Organización de Estados Americanos, de la Unión Europea y por supuesto de los EUA. Todos ellos navegan con banderas de organizaciones y Estados democráticos pero apoyan golpes criminales ilegítimos contra los Gobiernos de países soberanos.

    Por otro lado y tristemente algunas 'ultraizquierdas' ya salieron a dar lecciones (teóricas) a los bolivianos y a Evo de cómo conducir apropiadamente un proyecto revolucionario y, por supuesto aprovechando, para atacar a Obrador por ofrecer asilo a Evo en vez de recomendarle que se quedara y luchara hasta la muerte, o insinuando que el apoyo es hipócrita. Como siempre, la minúscula izquierda aventurera disfruta más señalando los errores o limitaciones de líderes como Evo o López Obrador, regodeándose en su supuesta 'sabiduría' y su 'pedigrí' revolucionario, que en condenar este artero golpe militar. Sueñan quizá con que la caída de lo que ellos llaman social demócratas, les dejará el camino libre a los miles de contingentes de trabajadores y campesinos que solo están esperando la oportunidad para entrar marchando al palacio nacional, enarbolando banderas rojas e instalar la dictadura del proletariado como por arte de magia, una vez que se puedan deshacer de la venda de los ojos que representan los proyectos de izquierda 'light'. Obvio, todo eso bajo el comando de sus minúsculas organizaciones de revolucionarios de élite.

    Pero todos sabemos lo único que ocurriría en el caso de que Obrador fuese depuesto. Sería el regreso de la reacción antirrevolucionaria, antilatinoamericana, antiindigenista, anticomunista, xenófoba y machista para descargar su ira vengativa sobre todos los movimientos progresistas por haber osado abollarles la corona, como ha sido el caso en Honduras, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Argentina y Brasil.

    ¡Alerta México! Esto es una lección para no confiarse y redoblar la unidad nacional y entre los pueblos trabajadores de Latinoamérica y del mundo. La burguesía mexicana también da ya muestras de no descartar el uso de la violencia y/o de inclusive utilizar a las mafias para desestabilizar el país y finalmente derrocar a Obrador a como dé lugar.

    ¡Ni un golpe militar más en Latinoamérica!

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK Y LOS TEXTOS ESTÁN AUTOEDITADOS POR LOS PROPIOS BLOGUEROS

    Etiquetas:
    Andrés Manuel López Obrador, Bolivia, golpe de Estado, Evo Morales, golpe, México
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