10:07 GMT +310 Diciembre 2018
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    Gustavo Petro, excandidato a la presidencia de Colombia

    Gustavo Petro y ocho millones de votantes

    © AP Photo / Juan Manuel Barrero
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    Fernán Medrano
    Fernán Medrano
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    Lo primero que hay que aclarar con respecto al excandidato presidencial colombiano Gustavo Petro es que es un político de centro izquierda, acaso un socialdemócrata; es un hombre pragmático y sabe cómo funciona la realpolitik. Tras más de cinco meses de las elecciones presidenciales cabe la pregunta, ¿quieren aplicarle la 'muerte política' a Petro?

    El exalcalde de la capital del país fue la ficha que desde el progresismo y el movimiento político Colombia Humana apareció con fuerza en las elecciones presidenciales colombianas de este año; acción que se tradujo en la obtención de más de ocho millones de votos.

    No cabe duda de que es un acontecimiento histórico para los movimientos de avanzada de este país suramericano, es la primera vez en la historia nacional que un candidato presidencial comprometido con las mayorías pisoteadas llega con vida a la segunda vuelta electoral.

    Recordemos que al líder popular colombiano Jorge Eliécer Gaitán no le permitieron participar en su momento en la contienda electoral ya que lo asesinaron. Pero al senador Petro no lo han podido asesinar y los más de ocho millones de votos son contra la política tradicional y la clase dominante.

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    De ahí la siguiente pregunta: ¿quieren aplicarle a Petro la 'muerte' política mediante las exageradas multas económicas? Sanciones que suman más de 300.000 millones de pesos, según el propio senador colombiano.

    Las multas fueron impuestas por la Contraloría de Bogotá, a cargo de Juan Carlos Granados, funcionario envuelto recientemente en presunto favorecimiento a Odebrecht, además de no ser el suyo un cargo de elección.

    Petro dirigió Bogotá con suficientes corrientes políticas en su contra, incluso con el tibio rencor de un cierto sector de la izquierda colombiana. No obstante, sorteó la revocatoria de su mandato por las dificultades relacionadas con el sabotaje a la recolección de la basura de la capital colombiana. Aun así, Petro finalizó su mandato.

    El esquema de recolección de basura que a duras pena pudo implementar Petro, permitió que los bogotanos ahorraran 50.000 millones de pesos, de acuerdo con datos oficiales. Los ciudadanos dejaron de echar a la basura varios miles de millones.

    Los operadores privados de aseo de Bogotá sintieron que su negocio peligraba, porque no recibieron esa cantidad millonaria de dinero. Petro les quitó el sistema de recolección de basura a los operadores privados con el fin de convertirlo en público, porque la gente no tiene tanto dinero como para derrocharlo en basura. Es de ese asunto de donde se derivan las multas contra el exalcalde de Bogotá.

    El establecimiento colombiano está desesperado y asustado con la hazaña electoral realizada por Petro y el pueblo colombiano.

    La derecha supone que él será el presidente de Colombia en un futuro no lejano, por cuanto no cuenta de momento con un candidato que logre hacerle contrapeso en medida significativa en una eventual contienda electoral. Asimismo, no concibe que alguien que no es de la clase dominante llegue a ocupar el más alto cargo de elección popular de Colombia.

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    Lo que está ocurriendo con Petro es, guardadas las diferencias, lo más parecido a los golpes de Estado encubiertos propinados contra definidos expresidentes latinoamericanos, como Manuel Zelaya, en Honduras; Fernando Lugo, en Paraguay; Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff, en Brasil.

    Sin lugar a dudas, a Bolsonoro le allanaron el camino a la Presidencia del Brasil, quitando a Lula de en medio. El columnista de Sputnik Alfredo Jalife-Rahme cuenta que "el exalmirante [James Stavridis] de EEUU se jacta de la 'barrida' de EEUU en Suramérica con Bolsonaro".

    La conocida estrategia mantiene suficientes puntos comunes allá, acá y acullá; es la presunta comisión de una falta a la ley, para sacar al líder de la vida política. Los jueces terminan juzgando a aquellos líderes sociales y políticos que intentan implementar programas de Gobierno populares y sus políticas, aunque contengan un mínimo de decencia y justicia social.

    La clase política tradicional colombiana debería de considerar la posibilidad de irse de vacaciones, y, a la vez, reconocer que es el tiempo de que un Gobierno con compromiso con las mayorías alterne en el poder. A lo mejor el prestigio del sistema político colombiano se recuperaría. Más aún, se revitalizaría. La izquierda colombiana contribuiría con sus aportaciones a potenciarlo y a imprimirle una apariencia moderna.

    De todas formas, con Petro o sin Petro Colombia debe continuar forjando un período de cambios. No es un asunto de personalismos o de culto a la personalidad de un líder. Es una cuestión que le atañe a la sociedad entera, sobre todo a los excluidos, a los jóvenes, a los estudiantes, a las víctimas de la violencia, a los huérfanos, a las madres cuyos hijos fueron asesinados para demostrar que la guerra se estaba ganando.

    Petro no tiene el rótulo ni de comunista ni socialista ni maoísta ni trotskista ni estalinista ni marxista-leninista. Con todo, Petro propone una era de cambios, de reformas, progresista a fin de beneficiar a la gente despreciada, justamente desde la izquierda colombiana. En nuestros días, el exalcalde de Bogotá y más de ocho de millones de votantes que acudieron a las urnas en las elecciones presidenciales de 2018 son el músculo electoral de los sectores medios, los oprimidos y la vanguardia de Colombia.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK Y LOS TEXTOS ESTÁN AUTOEDITADOS POR LOS PROPIOS BLOGUEROS

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    Gustavo Petro, Colombia