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    Donald Trump, presidente de EEUU

    Trump, entre soldados y enemigos

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    Alejandra Loucau
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    La alianza entre el Partido Demócrata y los denominados "medios liberales" ya no constituye el enemigo interno más importante de la gestión presidencial. El creciente rechazo por parte de la mayoría republicana hacia la Administración Trump amenaza con erosionar de manera irreversible el liderazgo del 45 presidente de Estados Unidos.

    Si bien existen todavía líderes republicanos que apoyan a Donald Trump, como el senador por Kentucky Rand Paul, resulta evidente la creciente disidencia al interior del Partido que lo llevó al mando hace menos de un año. Tal como menciona la analista política Scottie Nell Hughes para político.com, existe un sector que "todavía no ha aceptado completamente los resultados electorales del año pasado". Aunque gran parte del programa de la alianza conservadora se esté beneficiando de muchas medidas implementadas por el actual presidente, resulta incuestionable la brecha entre los adeptos a este último y el resto de sus iniciales colegas.

    Cuando Donald Trump se convirtió en el candidato que podía hacer llegar al GOP —Grand Old Party (Manera alternativa de referirse al Partido Republicano)— al poder, muchos de sus miembros veían en el magnate a alguien que podía expandir la base del Partido a los demócratas obreros blancos, decepcionados con las políticas imperantes. Dicha idea alimentó la creencia improvisada de que los hilos de su gestión podrían ser manejados desde la cúpula real republicana. Pasados ya casi siete meses al frente de la Casa Blanca, el reacio accionar de Trump ha demostrado que no va a permitir que nada ni nadie se interponga en sus planes para gobernar a la principal potencia del mundo.

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    El débil andamiaje partidario que sostenía al presidente norteamericano comenzó a derrumbarse cuando fue despedido el jefe de personal de la Casa Blanca, Reince Priebus, una de las principales figuras del GOP, producto de sus develadas operaciones para desestabilizar a Trump y a la difícil gobernabilidad que este ha tratado de ejercer. Dicha cesantía se vino a sumar a las numerosas bajas entre los miembros iniciales de la Administración. Cuando se descubrió que Priebus era la principal fuente interna de filtraciones de información oculta a la prensa, comenzaron a caer una a una las piezas de este complejo entramado.

    Siguen las dimisiones en la Administración Trump
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    Siguen las dimisiones en la Administración Trump

    A partir de ese momento, empezó a acelerarse la ruptura y con ella, el fracaso de todas las políticas que Trump viene tratando de implementar como presidente. Si bien las luchas palaciegas comenzaron a evidenciarse cuando la mayoría republicana no pudo reemplazar el Obamacare por un programa de salud acorde a los intereses conservadores, el verdadero escándalo se desató luego de aprobarse casi por unanimidad el programa de sanciones hacia Rusia, un país al cual el magnate ha intentado acercarse desde el comienzo de su gestión.

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    La cacería de brujas devenida en reorganización de equipo está llevando a Trump a rodearse de cuadros militares adeptos a sus insubordinadas formas en detrimento de las figuras políticas republicanas. El nombramiento del ahora exsecretario de Seguridad Nacional, John Kelly, como reemplazante de Priebus constituye la principal muestra de esta tendencia.

    Como si esta serie de desventuras no fuera suficiente, los empresarios que en un primer momento apoyaron el programa trumpiano también comenzaron a emprender su repliegue. Durante el pasado 16 de agosto, retirados 10 de los 28 miembros que conformaban el Consejo Asesor empresarial, el mandatario decidió disolver las comisiones que lo conformaban (Manufacturing Council y Strategy & Policy Forum). Este órgano 'ad hoc', creado por el presidente poco tiempo después de asumir su cargo, expresaba un consenso entre los industriales para la aplicación de las políticas proteccionistas y de renegociación de acuerdos comerciales, estipuladas en su agenda económica. El Consejo, conformado por compañías como Dell, Whirlpool, Ford, Dow, Harris Corp., Merck & Co., Johnson & Johnson, Lockheed Martin, GE, Intel, AFL-CIO, Boeing, Campbell Soup Co., Caterpillar, etc. representaba uno de los puntales de su famoso lema "Make America great again".

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    Más allá de las versiones que señalan a las polémicas declaraciones vertidas por Trump sobre los sucesos violentos de Charlottesville como causa detonante del abandono empresarial, parecen ser más profundas las razones que llevaron a esta pérdida de respaldo.

    Todo indica que los representantes republicanos tienen su propio apoyo de clase para llevar a cabo los planes de aislamiento hacia la figura presidencial. Es en el poder económico, así como en sus representantes políticos donde radica la verdadera clave de continuidad gubernamental, a pesar de que Trump crea que se puede elevar sobre toda la disidencia y gestionar a pesar de esta.

    Estamos ante el recrudecimiento de una guerra por el poder cuyo objetivo es minar de forma categórica los frágiles cimientos de la misión presidencial. Menos claro resulta el fin último de las maquinaciones republicanas que, en lo fundamental, han decidido unirse a las maniobras emprendidas por el sector demócrata y lo que se denomina el "Estado profundo" estadounidense. Lo cierto es que una puja de estas dimensiones expresa la debilidad del sistema democrático que sustenta al aparato imperialista norteamericano. El complejo panorama que se avizora en el futuro cercano amenaza con redefinir la estructura misma de las relaciones políticas actuales.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK Y LOS TEXTOS ESTÁN AUTOEDITADOS POR LOS PROPIOS BLOGUEROS

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    Etiquetas:
    republicanos, Partido Demócrata (EEUU), Donald Trump, EEUU
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