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    'De Tinder a la cama' o los secretos sexuales de un hacker

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    Roni Bandini
    Roni Bandini
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    Hackers automatizan Tinder y se convierten en los nuevos Casanova.

    Tinder es ese 'mercado libre' de personas, donde una foto es todo lo que hace falta para aceptar o descartar la posibilidad del encuentro. Arrastrando fotos a la izquierda, las personas son desechadas. Arrastrando fotos a la derecha se indica un posible interés. En el último caso, si la otra persona llevó la foto propia a la derecha, Tinder habilita la opción de chatear. Con voluntad y el tono correcto en el chat, quizás algunos días más tarde sea posible intercambiar los números de WhatsApp. Y desde WhatsApp a la cama hay una distancia bastante razonable.

    Este es básicamente el uso estándar de Tinder. Y el uso estándar de Tinder —o de cualquier cosa— es lo que hace reír a Daniel. ¿Quién es Daniel? Es el nombre que le puse para esta nota a un porteño de 25 años, lector recursivo de Ayn Rand, programador freelance y hacker. Pero Daniel no es hacker bajo la concepción popular del tipo con la máscara de Guy Fawkes que roba datos de tarjeta y sabotea una planta eléctrica, sino hacker como alguien con bastante más curiosidad que la media y con los conocimientos necesarios para hacer funcionar cualquier sistema a su gusto. 

    La pregunta entonces es ¿cómo usa un hacker la App Tinder? En primer lugar Daniel no usa la App en absoluto. Su celular descansa sobre la mesa mientras Tinder piensa que Daniel está pasando perfiles febrilmente y chateando como si se terminara el mundo.

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    ¿Cuál es el truco? Una vieja notebook Ubuntu Linux está ejecutando una aplicación que interactúa con Tinder en nombre de Daniel y su celular. Daniel me deja mirar la pantalla de la notebook y sacarle fotos. Mientras tanto me explica los detalles de funcionamiento.

    La aplicación, desarrollada en lenguaje de programación Python, obtiene automáticamente los perfiles de Tinder y le da like a las mujeres que se encuentran a menos de 20kms a la redonda, con lindos rostros y cuyas descripciones incluyen palabras clave que podrían sugerir un comportamiento promiscuo. Al producirse una coincidencia —a la fiestera cercana de rostro agraciado le gustó el perfil de Daniel—, la aplicación comienza a chatear bajo un guion establecido. En primer lugar "Hola. ¿Cómo anda eso?", siguiendo con "Te voy a ser sincero, vivo en el exterior, estoy de paso por tres noches y me gustaría salir a divertirme. Si querés pasamos a WhatsApp".

    En rigor, solo un pequeño porcentaje de las mujeres contactadas por la aplicación de Daniel aceptan pasar a WhatsApp así de rápido. Pero ese porcentaje bajo son como mínimo, unas tres mujeres por semana y de esas tres, Daniel dice que se lleva a la cama una por semana.

    — Esto es como una fábrica de sexo. Mujeres y mujeres y más mujeres lindas. Bue… para ser sincero, a veces se me cuela una feíta.   

    Resulta que la división entre 'feítas' y 'linditas' la hace su aplicación.

    — ¿Cómo hace tu aplicación para separar mujeres lindas y feas?

    — Eigenface.

    — No sé qué es Eigenface.

    Daniel me mira con expresión de haber sido condenado a vivir en un planeta de subnormales.

    — Es un algoritmo de reconocimiento facial por vectores. La idea es que cualquier rostro se puede armar con una combinación de partes estándar. Yo le muestro las caras que me gustan, tipo Scarlett Johansson y el algoritmo se encarga de separar en partes y comparar con las fotos de Tinder.

    — ¿Es complicado desarrollar un Tinder Bot de este tipo?

    — Complicado es otra cosa. Si hasta hay aplicaciones dando vueltas que se pueden bajar. Lo que pasa es que no andan tan bien como la mía y además en todos los casos hace falta un auth token.

    — ¿Qué es un auth token?

    — Es una cadena secreta de letras y números que le da Tinder a tu teléfono. Necesitás eso antes que nada. Y para conseguir el token, alguien como vos tendría que morir y volver a nacer. 

    • Los chats de Tinder
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    Para Daniel yo soy un proto-periodista y en ese caso, probablemente tendría que morir y volver a nacer. Pero resulta que tengo bastante experiencia en programación y con algo de investigación, al momento de escribir la nota entiendo que el procedimiento de obtención del auth token no es tan complicado. Consiste en instalar y configurar un servidor Proxy, instalar un certificado SSL en el Smartphone, conectar el Smartphone al Proxy e interceptar el tráfico entre el Smartphone y Tinder por medio de un procedimiento llamado 'Man in the middle' cuyo fin es capturar el token. Ya con el token y algunas librerías que se bajan de los repositorios Github, cualquier programador puede desarrollar su propia fábrica de sexo.

    Los auth tokens de Tinder
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    Los auth tokens de Tinder

    — Me imagino que esto te cambió la vida.

    — Tengo mucho sexo, pero también estoy un poco aburrido. Lo que me gustaría, lo que realmente me gustaría es darme cuenta de que la mina que tengo enfrente llegó hasta ahí programando su propia máquina de sexo, una mejor que la mía, una que coordine la salida chequeando Google Calendar y se encargue del chat por WhatsApp. Ahí cierro todo y me enamoro.

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    Daniel cierra la notebook que está ejecutando el Tinder Bot y mira las luces de un departamento a través de la ventana, quizás pensando que ahí mismo está su Scarlett con el pelo rubio iluminado por el reflejo de líneas de código óptimas, poéticas y perfectas.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK Y LOS TEXTOS ESTÁN AUTOEDITADOS POR LOS PROPIOS BLOGUEROS

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    Etiquetas:
    sexo, redes sociales, Tinder, WhatsApp
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