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    Para alguien que, como yo, haya estado más de 20 años sin visitar la capital rusa, este Moscú de pleno siglo XXI guarda no pocas sorpresas. Y es que en las últimas décadas la ciudad ha atravesado varios períodos que sin dudas han ido moldeándola hasta llegar a su fisonomía actual.

    Para empezar, la urbe de mis recuerdos era mucho más pequeña, aunque desde entonces ya entraba en los rankings de grandes capitales. Pero su posterior crecimiento, la sitúan hoy como la ciudad más poblada de Rusia y Europa (con más de 12 millones de personas) y en el sexto lugar por área en el mundo.

    Parte de esta expansión se debe a los cambios de los límites urbanos de 2011, cuando se incluyó en el territorio de la capital la llamada 'Nueva Moscú', con el objetivo, entre otros, de desmantelar la estructura monocéntrica tradicional de la zona metropolitana. De esta forma, la ciudad alcanza un territorio de 2.550 km², creciendo en 2,39 veces. Pero más allá de cuestiones administrativas, lo cierto es que atravesarla de un extremo a otro se convierte casi en un recorrido de larga distancia, pero repleto de edificios.

    Sin embargo, tan largo trayecto no se hace demasiado difícil en una ciudad que destaca por una excelente red de transporte urbano, encabezada por el buque insignia, el metro de Moscú, catalogado de museo subterráneo por la belleza de muchas de sus estaciones. Aunque funciona desde 1935, no ha parado de crecer en los últimos tiempos. Este septiembre ha comenzado a rodar un novedoso sistema de transporte que se integra al metro moscovita, el Anillo Central de Moscú.

    Para llegar a la ciudad, puede hacerse por alguno de sus cinco aeropuertos, sus nueve estaciones de ferrocarril, o tres puertos fluviales.

    La vida en Moscú se facilita con tecnologías de comunicación envidiables. La ciudad cuenta con seis operadores de telefonía móvil, lo que hace que esta sea de precios bastante bajos comparados con otros países del mundo. La wifi gratis se encuentra con gran facilidad, hasta en el propio metro moscovita, por lo que es perfectamente posible estar bien comunicado en todo momento.

    En 2012, Moscú alcanzó el 1er lugar en el ranking nacional de calidad del medio ambiente urbano, compilado por el Ministerio de Desarrollo Regional de la Federación Rusa, y no sorprende, por la cantidad de parques y áreas verdes con que cuenta la ciudad.

    La metrópolis rusa es también un importante centro cultural, educativo, turístico y de investigación mundial, que no tiene nada que envidiar a otras capitales.

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    Muchos de estos cambios recientes en las infraestructuras citadinas, se deben a la mano de Sergey Sobyanin, alcalde de Moscú desde 2010, quien ha hecho del perfeccionamiento de la ciudad una de las banderas de su gestión. Además del mejoramiento indiscutible del transporte público y la creación de una red de servicios de taxi muy eficiente, se han renovado las calles y carreteras. Entre 2011 y 2015 solamente, se construyeron unos 400 km de nuevas vías.

    Por otra parte, la Moscú de las últimas décadas se erige en líder de la recuperación arquitectónica, no solo dando nueva vida a edificaciones de antaño, sino recobrando algunas perdidas y construyendo otras nuevas.

    Las iglesias son quizás lo que más ha proliferado en este tiempo. Salpican el nuevo paisaje moscovita, pero con diseños que parecen sacados de la época zarista. El mayor exponente es la Catedral del Cristo Salvador, la más alta de la religión ortodoxa en el mundo, construida por primera vez en el siglo XIX, dinamitada hasta los cimientos en la época soviética y que hoy vuelve a alzarse imponente en el mismo sitio que muchos recordamos como la piscina Moscú.

    Más aquí: Fantasmas, ratones mutantes y metro-2: Leyendas urbanas de Moscú

    Un lugar de ensueño hoy abierto para disfrute de moscovitas y visitantes es Tsarítsino, parque y palacio mandado a construir por Catalina II (apodada la Grande) y que no gustó a la célebre emperatriz. Después de muchos avatares históricos, en 2007 se concluye su última restauración para mostrarse como lo vemos hoy.

    Ha cambiado también la fisonomía moscovita de antaño y ahora no solo encontramos los modernísimos rascacielos de Moscow City, que se alza imponente a la orilla del rio Moskva, sino cientos o miles de nuevos centros comerciales, al punto de hacer extraños lugares que creíamos conocer como la palma de la mano.

    Pero a pesar de todo, desde otras partes del mundo, muchos se han quedado con una imagen que ya no es la real. Desde los que la recuerdan o extrapolan a la época soviética con la gris uniformidad de aquellos tiempos a los muchos que la imaginan aún como la ciudad dura de los primeros años tras la perestroika.

    La propia Wikipedia todavía la describe como la más cara del mundo, superando a Tokio, y la más peligrosa de Europa, basado en datos del 2003. "Se calcula que en torno a 2.000 niños viven en las calles de la capital y en total, unos 300.000 vagabundos y 'sin techo' deambulan por Moscú" afirma la enciclopedia online.

    Lea: Moscú, una joven de casi 900 años

    Lo cierto es la capital rusa de hoy está muy lejos de esa imagen. Una ciudad limpia y hermosa como pocas, tranquila, en la que puedes andar sin demasiadas preocupaciones casi a cualquier hora, cosmopolita y abierta.

    No recuerdo haber visto nunca ni uno solo de esos niños de la calle, y los vagabundos son muchísimo menos frecuentes que en Madrid, por ejemplo.

    Tampoco existen barrios marginales a la usanza de otras grandes capitales, incluso en los más populares se puede pasear sin que esto implique un peligro.

    No tengo datos oficiales recientes sobre el costo de la vida en Moscú, pero en mi modesta experiencia de nueva habitante de esta urbe, puedo asegurar que en no pocos aspectos, como alimentación, comunicaciones o transporte, es bastante más económica que otras ciudades que conozco, como París o Zurich, o hasta mi propia Habana.

    Así que, si usted aún no la conoce, o si hace mucho que no la visita, no se guíe por mi opinión, ni por la de nadie. Si tiene ocasión, venga y compruebe con sus propios ojos la magia de Moscú.

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