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    ¿Colonizar Marte o la Luna?

    CC BY 2.0 / Kevin Gill / Mars
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    Mario Díaz
    Mario Díaz
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    Una mancha sobre la superficie del planeta Marte parece ser todo lo que quedó del módulo de descenso Schiaparelli.

    Giovanni Virginio Schiaparelli fue un astrónomo italiano del siglo XIX que dedicó una buena parte de sus estudios a observar el planeta Marte. Fue precisamente él quien describió una densa red de estructuras lineales, que observaba con su telescopio, a las que llamó canales ('canali' en italiano). El término 'canale' en italiano o en castellano 'canal', se puede usar tanto para describir una vía artificial o natural. El inglés distingue las artificiales ('canals') de las naturales ('channels'). El nombre dado por el astrónomo italiano sugería construcciones artificiales, y las leyendas, la especulación y el folclore se desarrollaron con mucha rapidez acerca de la posible existencia de vida en el planeta rojo.

    La nave espacial Schiaparelli, llamada así para honrar los estudios del astrónomo italiano, era parte de ExoMars 2016, una misión conjunta de las agencias espaciales europea y rusa. La nave espacial de ExoMars consiguió el objetivo de entrar en órbita marciana y de llevar a cabo observaciones de gases en la atmósfera de Marte. El objetivo fundamental del módulo Schiaparelli era precisamente probar técnicas de descenso suave sobre la superficie. Otra prueba de aterrizaje suave intentada por la agencia en el 2003 (con el módulo de descenso Beagle 2) también fracasó.

    El satélite marciano artificial de la NASA Modulo Orbital de Reconocimiento de Marte (MRO, por sus siglas en inglés) tomó fotografías del área donde se esperaba que Schiaparelli se posara suavemente. Las imágenes del MRO muestran una mancha de unos 15x40 metros a una distancia de aproximadamente 5 kilómetros de donde Schiaparelli debía descender. Las estimaciones de ingenieros de la agencia indican que la nave cayó desde una altura de unos 2 a 4 km, alcanzando una velocidad de unos 300 km/h al momento del impacto.

    Este resultado de la misión sirve para replantear una discusión válida: ¿Tiene sentido para la NASA, la agencia espacial de EEUU —no involucrada en esta misión—, seguir apostando, casi ciegamente, a una misión a Marte como objetivo fundamental de su programa espacial para los próximos años? La NASA se ha propuesto desarrollar las capacidades necesarias para mandar humanos a un asteroide en 2025 y a Marte en 2030. Este objetivo ha sido explícitamente propugnado por el Gobierno del actual mandatario, Barack Obama.

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    Muchos científicos y especialistas se preguntan si tiene sentido apostar todos los esfuerzos en esta dirección. Los desafíos a superar en el intento de enviar humanos al espacio son enormes. Los costos financieros aún mayores.

    La aventura espacial empezó hace apenas 59 años, con el lanzamiento el 4 de octubre de 1957 por la Unión Soviética del primer satélite artificial de la tierra, el Sputnik 1. Luego vino el primer viaje orbital de un ser humano con Yuri Gagarin a bordo del Vostok 1 en 1961. La culminación de esta aventura fueron los viajes tripulados por humanos a la Luna. La última de estas misiones ocurrió el 7 de diciembre de 1972. Desde entonces, los seres humanos no hemos salido más allá de los 160 kilómetros de altura con respecto a la superficie del mar, las llamadas órbitas bajas (LEO, por sus siglas en inglés).

    En gran medida, los avances en la conquista del espacio y del desarrollo de los viajes fuera de la Tierra estuvieron guiados por la carrera espacial producto de la Guerra Fría y la competencia política entre soviéticos y estadounidenses.

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    El futuro del desarrollo espacial no debería ser producto de la competencia, sino de la colaboración. La colaboración de los distintos países que han desarrollado tecnología espacial reduciría las cargas presupuestarias por nación. La cooperación ayudaría a entendernos mejor, más allá de las diferencias políticas y culturales.

    La meta de volver al espacio y comenzar a extender la presencia de nuestra especie fuera de la tierra es válida y debe proponerse como objetivo global. Nos llevará no años, sino siglos de avance lento pero seguro conquistar el sistema solar, y probablemente pasará el milenio antes de que lleguemos con una misión a un planeta extrasolar. La luz de Próxima Centauri, la estrella más cercana a nosotros, tarda poco más de cuatro años en arribar a la tierra (la distancia es superior a los diez billones de kilómetros).

    En agosto pasado, el Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés) descubrió un planeta dando vueltas alrededor de Próxima Centauri (denominado Próxima b), que está a una distancia de la misma la cual podría permitir la existencia de agua en su superficie. Las características extremas de Próxima Centauri como estrella (intensa actividad magnética, una estrella tipo 'bengala' o flama) que periódicamente estalla con erupciones mucho más intensas que las de nuestro sol, hacen dudar de que la vida pueda haber evolucionado en este planeta. Pero es el planeta más cercano a nuestro sistema solar que tiene alguna posibilidad de albergar vida. Llegar a él con nuestra tecnología actual llevaría miles de años.

    Si pensamos a largo plazo, lo crucial es preservar la especie. Necesitamos de la colaboración de todos los países. Pero debemos recordar cómo se extendió nuestra especie en el pasado. Es necesario consolidar los avances de a poco y sobre terreno conocido. Desde ese punto de vista, es importante colonizar la Luna, que está relativamente cerca: podemos llegar en un par de días. La colonización de la Luna y los viajes regulares a ella nos permitirían contar con un periodo extendido de pruebas de tecnología. Habituar a nuestra especie a las condiciones extremas de la vida en la Luna, y mejorar los mecanismos de interacción con un medio ambiente hostil, nos enseñará muchísimo sobre las tecnologías necesarias para sobrevivir fuera de la Tierra. Y podríamos aprender a desarrollar tecnologías útiles para preservar el medio ambiente en nuestro planeta.

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    En un artículo del blog 'The Space Review', Eric Hedman argumentaba a favor de la colonización de la Luna primero, y alertaba sobre el peligro de seguir posponiendo la posibilidad de recomenzar los viajes más allá de las órbitas LOE, en las que nos hemos estancado hace ya más de cuarenta años. Estoy de acuerdo con él: empecemos por colonizar la Luna.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    colonización, Schiaparelli, ExoMars, Espacio, Luna, Marte
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