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    Los casos de COVID-19 apenas han llegado a muchas de las escondidas islas del Pacífico, pero los estragos de la pandemia son muchos. Las importaciones de alimentos cruciales se han interrumpido y los precios se han disparado a medida que disminuye el turismo.

    Ante una inminente crisis alimentaria, muchos gobiernos han recurrido a soluciones alternativas, como son iniciativas comunitarias. Han extendido las temporadas de pesca e impulsado los programas de distribución de semillas. Así sus habitantes son más autosuficientes.

    Vinesh Kumar, director de operaciones del Ministerio de Agricultura de Fiyi, explica que al principio empezaron con unas 5.000 semillas y que pensaron que con ellas tendrían para 9 meses. “Pero hubo una gran respuesta, y terminamos distribuyendo las semillas en una semana'', dice.

    Semillas de hortalizas, equipo agrícola, árboles jóvenes… Los residentes pueden montarse ahora sus propios huertos autosuficientes.

    Elisabeta Waqa vive en Fiyi, y reconoce que antes de la pandemia ya había pensado en cultivar su propio huerto. Ahora que el coronavirus le ha quitado el trabajo, se ha lanzado.

    Con una “inversión financiera nula'', según sus palabras, Waqa se armó de cubos, cajas y demás material olvidado a los lados de la carretera y en la basura para cambiar su vida. 

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    “Cuando empecé a cosechar unas dos o tres semanas después, fue cuando me di cuenta de que, Dios mío, este es un pasatiempo que la gente ha tenido durante mucho tiempo. Pensé en el dinero que podría ahorrar haciendo esto'', dice. Ahora tiene pepinos, coles y judías verdes en su patio.

    Muchas de estas islas son un paraíso para el turismo, y este constituye una parte sumamente importante de su economía: ni más ni menos que hasta el 70% de su PIB. Sus poblaciones han pasado, con el tiempo, a especializarse en el turismo, y han dejado de lado la agricultura. Además, al ser archipiélagos la tierra cultivable es limitada. Así que al final dependen más y más de los productos importados. Entre ellos, la carne en conserva, los fideos y los procesados. 

    La pandemia ha revelado los puntos débiles de una economía dependiente. Las cadenas de suministro del transporte marítimo se detuvieron. Y eso subió los precios. En la capital de Fyji, Suva, algunas frutas y verduras costaron cerca de un 75% más durante las primeras semanas.

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