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    Junio se vio marcado por las tensiones entre dos potencias, China y la India. Los militares de estos dos países pelearon el día 15 en un territorio disputado en la región de Ladakh. El incidente que provocó decenas de muertos puso a las dos naciones al borde de un conflicto armado. Sputnik explica cómo puede evolucionar la situación.

    La disputa limítrofe entre Pekín y Nueva Delhi se remonta a mediados del siglo XX, cuando los dos gigantes asiáticos permanecían en estado de guerra. A raíz del conflicto armado que tuvo lugar en 1962, la República Popular China se quedó con el control de una parte de la región de Ladakh, Aksai Chin.

    Es verdad que de vez en cuando los militares chinos e indios protagonizan riñas y disputas verbales sobre el control de la de facto frontera que se estableció como consecuencia de aquella guerra, pero durante décadas no hubo tantas víctimas mortales como ahora. El reciente conflicto lo cambia todo: de nuevo surge la amenaza de un enfrentamiento armado entre dos potencias del continente asiático con más de 1.000 millones de habitantes cada una.

    La confrontación que tuvo lugar el 15 de junio en el límite chino-indio se saldó con 20 soldados indios muertos, mientras la parte china perdió, según diferentes fuentes, entre 35 y 43 efectivos. El lugar donde se produjo el incidente, Ladakh, se considera una parte de otra región más grande conocida como Cachemira. Esta zona es conocida por ser el escenario de otras confrontaciones sangrientas: los conflictos indo-pakistaníes por el control sobre ella. 

    Las opiniones sobre las razones y los pormenores de la reciente escaramuza en el límite difieren. Sin embargo, lo más importante en este caso es que las partes no recurrieron al uso de armas de fuego, lo que quiere decir que ni la parte india ni la china están interesadas en una escalada. Ambas entienden que las consecuencias de un conflicto armado sin cuartel entre las dos serían intolerables.

    Inicialmente tanto Pekín como Nueva Delhi enviaron refuerzos a la zona para estar preparados para lo peor. Resultó no ser necesario, porque días después los beligerantes llegaron a un acuerdo y retiraron considerables refuerzos compuestos por efectivos del Ejército y vehículos blindados. Pero las tensiones siguen. Por ahora es pronto hablar de una desescalada.

    Capacidades de los beligerantes

    En el supuesto de que estalle una guerra abierta entre China y la India, esta última tiene menos posibilidades de ganarla. 

    La razón radica en el mero hecho de que la República Popular China dispone de Fuerzas Armadas más potentes: Pekín tiene en su disposición más cazas, más aviones de ataque, más misiles balísticos y más misiles de crucero. Otra gran ventaja de China es en el hecho de que una parte significativa del equipamiento militar, diferentes tipos de armamento y vehículos son de producción nacional. China también importa armas de Rusia.

    En el transcurso de cualquier guerra la India va a depender mucho de los países productores de armas, mientras esto no es así en el caso de la RPC, que importa muy poco armamento. Pekín supera también a su vecino del sur en la producción de drones de ataque, armas de alta precisión y, además, su aviación es considerablemente más moderna, numerosa y eficaz que la de la India. China es una verdadera potencia militar en Asia y a la India le será difícil competir con ella.

    No obstante, sería incorrecto e injusto decir que Nueva Delhi carece de ventajas. Por ejemplo, sus Fuerzas Armadas tienen más tanques, y su calidad está como mínimo a la par que la de los tanques de China. Además, los militares indios pueden movilizar más tropas que China en un período más corto de tiempo. La reserva de las FFAA indias es varias veces mayor que la de China: 2,1 millones frente a 510.000, de acuerdo con los datos de 2019 y 2020.

    Hay un factor, sin embargo, que reduce las posibilidades indias de vencer en un conflicto con China: la falta de infraestructura en la región de Ladakh. A lo largo de los últimos años Pekín invirtió cantidades gigantescas de dinero en el desarrollo de esa zona fronteriza. Allí ahora están concentrados más recursos chinos, y la región cuenta con carreteras que pueden ser usadas para enviar tropas rápidamente. La India no invirtió en carreteras, y de ahí su gran desventaja.

    También existe el factor pakistaní. Si Pakistán decide entrar en guerra contra la India al mismo tiempo que esta última lucha contra China, Nueva Delhi estará destinado al fracaso militar. Pakistán es una de las partes que reclama la soberanía sobre Cachemira, pero no mantiene discrepancias con China en este asunto, por lo cual teóricamente es posible una alianza entre Islamabad y Pekín.

    Aspecto político y rol de Rusia

    El 25 de junio concluyó la visita oficial de tres días de la delegación india a Moscú. La misión fue encabezada por el ministro de Defensa del país, Rajnath Singh, y participó en las celebraciones del 75 aniversario de la victoria sobre el nazismo. Pero, además, tomó parte en una serie de encuentros en los que se abordó la cuestión de aceleración del suministro de los sistemas de defensa antiaérea S-400 y los aviones militares MiG-29 —21 unidades— y Su-30MKI —12 unidades—.

    Los medios informaron que las partes llegaron a un entendimiento mutuo y que, de hecho, Moscú aceptó la petición de Nueva Delhi de suministrar el armamento en un período más corto de tiempo. La India quiere estar segura de que, en caso de un teórico conflicto armado, es capaz de dar una respuesta contundente al enemigo.

    Entretanto, la posición de Rusia en cuanto a la confrontación entre sus socios es prudente. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, informó que Rusia sigue los acontecimientos con atención. El punto de vista oficial de Rusia radica en el argumento de que una confrontación entre China y la India es una mala idea para los dos, para la región euroasiática y para el sistema internacional.

    El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, aseveró que la India y China no necesitan la contribución de Rusia u otros países para solucionar la tensión en la frontera. No obstante, al mismo tiempo, para Rusia sería ideal que las partes india y china se sentaran en la mesa a negociar y demarcasen su frontera. Rusia preferiría evitar un conflicto entre sus socios. Lamentablemente, en la etapa actual la opción de demarcar el límite no es factible. 

    En cuanto al Gobierno indio, puede usar las tensiones con China para mejorar la situación en los asuntos internos del país: las discrepancias con Pekín pueden ayudar a consolidar la población, aumentar el presupuesto militar y tener un as en la manga en las negociaciones con los norteamericanos. El Departamento de Estado estadounidense ya se solidarizó con la India en respuesta a la reciente escaramuza en la frontera.

    Los soldados de los dos países protagonizaron otras riñas: de hecho, el empeoramiento del conflicto en la frontera entre China y la India se remonta a los principios de mayo. En la actualidad no se registran otros incidentes, aunque las tensiones siguen siendo altas. Las partes intercambiaron heridos y muertos y por ahora no muestran el deseo de empezar una guerra sin cuartel.

    China no quiere un conflicto con la India porque implicaría nuevas tensiones con Estados Unidos; la India no quiere una guerra contra China porque entiende que esta última tiene las de ganar. Además, las autoridades de los dos países entienden que no hace falta luchar y que sus soldados pierdan la vida por un pedazo de tierra deshabitado y desierto, aunque grande. Ni la India ni China han dado todavía un paso atrás por cuestiones de reputación.

    Etiquetas:
    disputa territorial, China, Rusia, la India
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