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    MOSCÚ (Sputnik) — La península de Corea vuelve a ser un polvorín. La demolición de la oficina de enlace en Kaesong mostró que está a punto de agotarse la paciencia de Pyongyang, puesta a prueba por la falta de medidas contundentes de Seúl para frenar a los activistas responsables de lanzamientos de globos con propaganda antinorcoreana.

    La explosión en Kaesong no solo puso nervioso al Sur, sino también sirvió de alerta para algunos actores clave de la escena internacional. Mientras que China y Rusia expresaron la confianza en que las naciones vecinas se esforzarán para preservar la paz en la península, la UE y Estados Unidos acusaron a Pyongyang de generar tensiones y llamaron al Estado juche a abstenerse de nuevas "acciones contraproducentes".

    Según Konstantín Asmólov, investigador principal del Centro de Estudios Coreanos del Instituto de Lejano Oriente de la Academia de Ciencias de Rusia, la destrucción del centro en Kaesong forma parte de la campaña de Pyongyang para lograr que el Gobierno surcoreano comience "una cooperación verdadera".

    En caso de fracaso de esa campaña, algo que se decidirá en una semana, el Estado juche podría abrir fuego, dinamitando la situación en la península.

    La crisis de los folletos

    En una entrevista con esta agencia, el experto ruso recordó que después de que el 31 de mayo la ONG Combatientes por Corea del Norte Libre, del desertor norcoreano Park Sang-hak lanzara desde el Sur 500.000 globos con folletos de propaganda anti-Pyongyang, Kim Yo-jong, hermana de líder norcoreano Kim Jong-un y número dos de Corea del Norte, exigió a Seúl que frenara las actividades de los desertores.

    Para Pyongyang, apuntó Asmólov, el lanzamiento de esos folletos, que contenían caricaturas "realmente asquerosas" de Kim Jong-un, fue una infracción de la Declaración de Panmunjom, en particular su disposición sobre "el cese de las acciones hostiles" entre las naciones vecinas. El lanzamiento de mayo fue el tercero en lo que va de este año, mientras que el año pasado se realizaron diez lanzamientos de globos con folletos de propaganda.

    "Como resultado, las autoridades surcoreanas cerraron la zona fronteriza para los desertores, y presentaron en su contra una denuncia, exigiendo abrir un caso penal. Teniendo en cuenta la velocidad de las decisiones burocráticas, esta medida es nula", afirmó el investigador.

    El experto precisó que, ante "los intentos del Sur de justificarse", el Gobierno norcoreano planteó una pregunta "muy desagradable": ¿por qué Seúl empieza a tomar todas esas medidas solo ahora, después de que Pyongyang diera un puñetazo fuerte en la mesa, y no tras la firma de la Declaración?"

    "Resulta que las autoridades surcoreanas son incapaces de controlar las actividades de las organizaciones conservadoras en su territorio y firman acuerdos que igual se violarán, o los activistas actúan con una aprobación tácita del Gobierno", supuso Asmólov.

    Inacción ceremonial

    En opinión del experto, el presidente surcoreano, Moon Jae-in, no tomaba en serio la crisis de folletos y "pensaba que todo se arreglaría por sí mismo". Así, en vez de tomar alguna medida importante, Moon hizo un videomensaje el lunes pasado para conmemorar la primera cumbre intercoreana de 2000, entre el entonces presidente surcoreano, Kim Dae-jung, y el anterior líder de Corea del Norte, Kim Jong-il.

    En esa "ceremonia solemne, en su espíritu de simbolismo Moon se puso la corbata del fallecido Kim Dae-jung. Pero el problema es que esas ceremonias llenas de un simbolismo profundo es todo lo que Seúl quiere de la cooperación intercoreana. ¿Y dónde está una ayuda real? ¿Dónde están contactos verdaderos?", criticó el investigador.

    Al mismo tiempo el experto ruso descartó las justificaciones del Gobierno surcoreano de que el régimen democrático supuestamente no le permite callar a los activistas. Asmólov recordó que en algunas ocasiones Moon recurrió a medidas "rápidas y duras" para eliminar a sus oponentes políticos.

    "Así fue en el caso del pastor Jun Kwang-hoon (líder del Consejo Cristiano de Corea), que exigía someter a Moon a un juicio popular, organizaba mítines masivos pese a la epidemia del coronavirus y aseguraba a todo el mundo que su 'palabra de Dios' puede inactivar el virus. Muy pronto lo metieron en la cárcel, y ahora se prevé demoler su iglesia bajo un pretexto de renovación de la zona", apuntó.

    El investigador también recordó que Moon puede usar la ley de seguridad nacional de Corea del Sur.

    "Solo decir que las provocaciones de la ONG de Park Sang-hak afectan la seguridad nacional sería suficiente para ponerle entre rejas", afirmó.

    Aniversario negro

    El experto está convencido de que pese a la demolición de la oficina de enlace y las amenazas de desplegar tropas en la zona desmilitarizada, Pyongyang aún no ha dado por enterrada la Declaración de Panmunjom.

    "La Declaración será enterrada cuando el Norte la rompa oficialmente", subrayó Asmólov.

    El investigador apuntó que ahora todas las miras están en la fecha del 25 de junio, día que marcará el 70 aniversario del inicio de la Guerra de Corea y para el que la ONG de Park Sang-hak anunció el lanzamiento de un millón de globos con folletos de propaganda.

    "Si pese a las medidas tomadas los activistas intentan lanzar sus globos, no descarto que Corea del Norte, tal y como lo prometía, responda con un bombardeo. En un buen escenario, abrirá fuego para derribar los globos. En el peor guión, bombardeará el lugar del lanzamiento", presintió. 

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    tensiones, Corea del Norte, Corea del Sur
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