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    Dos policías chinos (imagen referencial)

    Condicionamiento operante: cómo el Gobierno chino premia y castiga a su propio pueblo en la era digital

    © AFP 2019 / Nicolas Asfouri
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    China es uno de los líderes mundiales en la aplicación de las tecnologías modernas en la vida cotidiana. Pero el gigante asiático no solo se preocupa por el bienestar de su pueblo, el Gobierno del país comunista también aprovecha las tecnologías para seguir los pasos de sus ciudadanos.

    El mundo en el que viven los chinos desde fuera puede parecer una secuela a la novela de George Orwell 1984 o un guion de la serie Black Mirror de Netflix. Las autoridades se aferran con más fuerza al control sobre los ciudadanos. El 'sistema de crédito social' chino es una de las novedades que hace posible evaluar la conducta de cualquier persona.

    La idea detrás de este sistema es fomentar la sinceridad, la honestidad y aumentar el nivel de civismo en la población de China y sus empresas, así lo aseveran los documentos oficiales. Se afirma que el sistema de crédito social no busca intimidar a las personas, no tiene como objetivo castigar su mala conducta, sino inculcarles el sentido de la responsabilidad.

    Dicha herramienta recopila la información sobre las acciones de los ciudadanos, la analiza e ingresa a ciertas personas en las listas especiales. Hay dos tipos de listas: las rojas y las negras, afirma Rogier Creemers, investigador de la Universidad de Leiden. A los individuos que están incluidos en la lista negra se les limitan ciertas posibilidades. Por ejemplo, algunos no tienen el derecho de viajar en los aviones, usar trenes de alta velocidad o vivir en hoteles de buena calidad.

    En ciertos casos se les prohíbe estudiar en las mejores escuelas u ocupar ciertos cargos. La lista roja, al contrario, 'premia' a los ciudadanos que han mostrado un buen comportamiento. No obstante, la posibilidad de ser incluido en una lista negra no solo afecta a los ciudadanos, sino también a las compañías. De hecho, esta es la parte mejor diseñada del sistema de crédito social.

    Si una empresa no paga impuestos, cometió un fraude o fabrica productos de baja calidad, es posible que sea incluida en la lista negra —junto a sus representantes— y como consecuencia de ello, el negocio puede quedarse fuera del mercado para siempre.

    En los albores del control total

    Uno de los primeros experimentos con la evaluación del comportamiento de los ciudadanos tuvo lugar en el 2010 en uno de los condados de la provincia china de Jiangsu. En ese momento las autoridades empezaron a atribuir puntuaciones a los habitantes de esta unidad administrativa. Cada uno recibía 1.000 puntos, pero la cantidad disminuía a medida que un ciudadano mostraba una mala conducta.

    Cada caso de la mala conducta le restaba puntos al infractor. Los casos de mala conducta incluían conducción en estado de embriaguez, intento de sobornar a un funcionario público o imposibilidad de cuidar a los miembros de la familia más ancianos. Si un ciudadano cometía una de las faltas mencionadas, se le quitaban hasta 50 puntos, aunque en ciertos casos la cantidad de puntos oscilaba.

    La clasificación que se les atribuía a los habitantes dependía de la cantidad de puntos que cada uno. De esta manera, los participantes del programa se dividían en cuatro categorías, de A a D. Los que tenían más de 970 puntos recibían el rating A, mientras que a los ciudadanos con menos de 599 puntos se les otorgaba la clasificación D.

    Para las personas con una clasificación baja era más difícil encontrar un trabajo o comprar una vivienda en condiciones favorables. Por el contrario, para las personas con un rating alto era más fácil ingresar en el Partido Comunista, recibir un permiso para empezar su propio negocio y tener acceso a los programas de asistencia social.

    Muchas personas y medios chinos criticaron fuertemente la iniciativa poniendo de relieve que el Gobierno no tenía derecho de evaluar el comportamiento de los ciudadanos y atribuirles una puntuación. Con el tiempo las autoridades urbanas cerraron el programa.

    Sin embargo, esto no impidió a que sistemas parecidos aparecieran en otras ciudades del país comunista que siguen funcionando hasta el día de hoy. Los expertos aseguran que estos proyectos tienen muy poco efecto en la promoción de la buena conducta porque muy poca gente está al tanto de que estos programas existen.

    Un sistema que todavía tiene que superar muchos retos

    Es importante señalar que el sistema de crédito social no es monolítico, sino que es un instrumento complejo compuesto de varios subsistemas. Cada uno de estos subsistemas se encuentra en diferentes fases de desarrollo. Está previsto que esta poderosa herramienta empiece a funcionar a pleno rendimiento en el 2020. Pero todavía no está claro si Pekín logrará cumplir con esta fecha límite, porque en la etapa actual el desarrollo del sistema se enfrenta a varios retos.

    La creación tropieza con la falta de deseo de los establecimientos públicos de China de compartir sus bases de datos entre sí, lo que es crucial para llevar a cabo el proyecto. Además, las tecnologías necesarias para la implementación del sistema de crédito social todavía no son perfectas.

    Si bien el Gobierno chino goza de un poder casi absoluto en el país, no puede permitirse hacer todo lo que quiera. Si el sistema empieza a funcionar plenamente, esto podría causar el descontento en la población como ocurrió con en el experimento en la provincia de Jiangsu.

    Al mismo tiempo una encuesta realizada por unos investigadores de la Universidad Libre de Berlín mostró que cerca del 80% de los internautas chinos tiene una actitud positiva respecto al sistema, aunque no queda claro si el sondeo puede ser considerado representativo.

    En resumidas cuentas, la introducción del sistema de crédito social todavía requiere de mucho trabajo: quedan muchas cosas por hacer y es muy probable que las autoridades chinas tomen un enfoque paulatino. Poner en servicio un sistema como este es un paso bastante controvertido por lo cual el Gobierno del país comunista primero tiene que asegurarse de que la gente perciba bien los cambios.

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