17:36 GMT +319 Octubre 2018
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    Kita Saburo, víctima de esterilización

    Una víctima de la esterilización forzada en Japón lo revela todo a Sputnik

    © Sputnik / Denis Korzhov
    Asia y Oceanía
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    Anastasia Fedótova
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    Entre abril y mayo de 2018, tres personas acudieron a los tribunales japoneses para obtener una indemnización por los daños causados a su salud en el marco de la llamada Ley de Protección Eugenésica, introducida en 1948 y derogada en 1996.

    Con esa ley de marco legal, miles de personas fueron sometidas a esterilización quirúrgica o química. Sputnik habló con una de las víctimas, Kita Saburo (el nombre de la víctima ha sido cambiado para proteger su privacidad) para conocer todo sobre este nefasto periodo de la historia nipona.

    Una persona totalmente sana

    Pese a su avanzada edad —Kita tiene 75 años— parece de 60 y trabaja todos los días como obrero. El hombre afirmó a Sputnik que, a pesar del calor, no corre el riesgo de sufrir insolación, ya que tiene una salud perfecta.

    La ley estipulaba la esterilización forzada para aquellas personas que sufrían de enfermedades genéticas o psiquiátricas, así como de lepra. No obstante, según declaró a Sputnik el abogado de la víctima, Naoto Sekia, "Kita nunca tuvo enfermedades, así que no sabe por qué fue esterilizado".

    Kita Saburo, víctima de esterilización
    © Sputnik / Denis Korzhov
    Kita Saburo, víctima de esterilización
    A su vez, el propio Kita reveló que a la edad de 14 años fue enviado a un orfanato debido a su difícil situación familiar y fue ahí donde le esterilizaron.

    "Tengo una hermana mayor y un hermano menor. Mi madre murió cuando tenía cinco meses. Cinco años después, mi padre se volvió a casar. […] Mi padre era propietario de una tienda de pescado. Él y mi madrastra salían temprano y volvían tarde. Los veía los domingos en el mejor de los casos, pero rara vez. Crecí solo", subrayó.

    "Si hubiera sabido lo que iba a pasar, hubiese huido"

    Kita fue esterilizado en abril de 1957. Según reveló el hombre, "me dijeron que me pasaba algo malo y me trasladaron al hospital, donde me dieron una inyección en la espalda". Sin embargo, los médicos le engañaron.

    "Luego, mi mente se nubló y solo sentí que me estaban haciendo algo en la parte inferior del cuerpo", reveló y también admitió que nadie le explicó nada.

    La víctima de la esterilización señaló que "unos 15, 20 días después de la cirugía, tenía dificultades para llegar al baño. Diez días más tarde, ya podía caminar, pero cuando me levantaba, sentía un dolor tan intenso que no podía dar ni un paso". Según Kita, ya no le duele, pero sufrió dolores durante unos cinco años.

    "Cuando pensaba que todos los sufrimientos habían quedado en el pasado, un invierno, el dolor volvió, y era tan fuerte que no podía contener los gritos. A menudo, simplemente quedaba paralizado por el dolor", confesó.

    Un mes después de la cirugía, el hombre se enteró de que no podría tener hijos.

    "Estaba conmocionado. Solo tenía una pregunta: '¿Por qué?'", señaló.

    El hombre agregó que quería obtener una respuesta por parte de los doctores y logró reunir a otros adolescentes esterilizados; sin embargo, los compañeros le convencieron que esto no tendría sentido, ya que no podría cambiar nada.

    "Solo se lo confesé a mi esposa justo antes de que muriera"

    A finales de la década de los 70, Kita empezó a trabajar de obrero en el municipio Ubagai, en la prefectura de Tochigi. Ahí es donde conoció a su futura esposa.

    "La esposa de mi jefe me dijo: 'No deberías estar soltero', así que nos conocimos, pese a que no quería casarme en ese momento", recordó Kita.

    Su primera cita tuvo lugar en un restaurante de sushi, ubicado en el barrio tokiota de Ikebukuro.

    La mujer no entendía por qué nunca llegó a ser madre, ya que Kita tenía miedo de que se divorciara de él si conocía que había sido esterilizado.

    Sin embargo, cuando la mujer cayó gravemente enferma, "revelé mi secreto, justo antes de que muriera. Le conté que había sido esterilizado cuando era niño".

    "Me estaba escuchando, silenciosa, y pensé que me iba a responder algo. Pero simplemente susurró: 'Mejor será que comas a tiempo', y luego murió", reveló Kita.

    "Quiero que el Estado me pida perdón"

    La idea de acudir a los tribunales se le ocurrió en enero de 2018, cuando leyó por primera vez sobre la esterilización forzada en Japón.

    "Antes de recurrir a la justicia, le pedí consejo a mi hermana mayor y me dijo: 'Con acudir a los tribunales, vas a traer a la luz muchas cosas. Así que ¡ánimo y no te detengas a medio camino!", reveló Kita, quien subrayó que, pese a que su hermana no fue esterilizada, tuvo que guardar también el secreto.

    El 31 de enero de 2018, Kita se armó de valor y llamó a la línea de atención telefónica de la ciudad de Sendai para contar su historia.

    Pese a que los abogados comenzaron a trabajar en el caso de inmediato, no lograron encontrar pruebas escritas de la intervención quirúrgica.

    Naoto Sekia, abogado de la víctima
    © Sputnik / Denis Korzhov
    Naoto Sekia, abogado de la víctima
    "Me vi obligado a recurrir a un médico para que confirmara la presencia de la esterilización", afirmó.

    El 17 de mayo, tuvo lugar la primera sesión del juicio.

    Según el hombre, no le importa mucho la indemnización. "¡Devuélvanme mi vida destruida! Esto es todo lo que voy a decir. Quiero que admitan que la cirugía que me hicieron era inmoral y que me pidan perdón. No necesito nada más"

    ¿Conseguirá obtener justicia?

    Según la profesora de derecho Olga Romanóvskaya, es probable que el Gobierno de Japón pague una indemnización a Kita y a otras víctimas de la esterilización forzada.

    "En distintos países se pagan los reclamos, incluso en caso de que la esterilización se realizara en el marco de la legislación vigente en aquel momento. La indemnización es una forma de rehabilitación, cuando el Estado admite que numerosos abusos fueron cometidos en su nombre", explicó a Sputnik.

    Romanóvskaya recordó que "hace poco, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos aceptó una demanda de este tipo presentada por varias gitanas contra las autoridades de Eslovaquia".

    La experta subrayó que en Japón los litigios suelen durar alrededor de un año, pero en este caso particular, el proceso podría durar hasta dos.

    Sin embargo, Kita no se va a rendir, ya que tiene fuerzas y energía suficiente para seguir con su lucha por la justicia.

    Radio: Un polémico grupo propone la esterilización del hombre

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    esterilizaciones forzadas, Japón