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    Prueba nuclear en Corea del Norte (archivo)

    Un nudo bien atado: cómo la guerra comercial de Trump 'entierra' el desarme norcoreano

    © REUTERS / KCNA
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    La cumbre entre EEUU y Corea del Norte, celebrada el 12 de junio en Singapur, fue alabada como un gran éxito y un paso decisivo hacia una península más segura y menos belicosa. No obstante, los especialistas con décadas de experiencia en asuntos norcoreanos no creyeron ni un minuto en este optimismo hiperinflado, valora un destacado experto ruso.

    El ambiente mediático positivo se debió principalmente a dos razones, explica el especialista ruso en el tema norcoreano —y radicado en Seúl—, Andréi Lankov.

    La primera, se trata de la simple falta de conocimiento y experiencia sobre la política de Pyongyang por parte de los colaboradores y periodistas de los medios dominantes. Los mensajes optimistas se impusieron sobre el escepticismo expresado por los profesionales, explica en su artículo para la edición rusa de Forbes.

    La segunda es la habilidad del presidente de EEUU, Donald Trump, "de crear un espectáculo impactante de la reunión en Singapur". El objetivo de este 'show', según Lankov, es "convencer a los electores que su mandatario logró algo que ninguno de sus predecesores pudo hacer: resolver el asunto nuclear norcoreano".

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    Una 'resaca' diplomática

    "La triste realidad, inevitable desde el inicio, se evidenció los días 7 y 8 de julio. El canciller de EEUU, Mike Pompeo, visitó Pyongyang para acordar los plazos y planes concretos del desmantelamiento del programa nuclear. Y no logró absolutamente nada", sentencia Lankov.

    En aquel entonces, el líder norcoreano Kim Jong-un ni siquiera se reunió con el jefe de la diplomacia estadounidense y, al terminar la visita, los medios estatales de Pyongyang denunciaron las exigencias de Pompeo como "un robo a mano armada".

    Lankov recuerda que el programa nuclear de Corea del Norte asciende a los años sesenta y está estrechamente vinculado con "una certeza absoluta" de los líderes norcoreanos de que solo las armas nucleares podrían proteger al país de una invasión externa y asegurar la conservación del poder en las manos de la élite actual.

    Esta certeza fue corroborada por el ejemplo de Libia: Muamar Gadafi voluntariamente cerró su programa nuclear y cuando se desató una insurgencia armada en su país, los países occidentales interfirieron en el conflicto del lado de los rebeldes.

    Gadafi pereció y su país se quedó prácticamente despedazado, fomentando la fe de los líderes norcoreanos en la necesidad de poseer armas nucleares.

    "Esta postura es lógica y es difícil argumentar en su contra. Solo quedan las preguntas de por qué se requirió la cumbre en Singapur y por qué Pyongyang se declaró dispuesto a discutir un hipotético desarme", destaca el experto.

    'Efecto Trump', parte 1: el miedo de imprevisibilidad

    Las declaraciones belicistas y las amenazas directas de la Administración estadounidense a lo largo del año 2017 han sido atentamente valoradas en Pyongyang y otras capitales interesadas, sin importar si eran sinceras o no, subraya Lankov.

    La presión económica y diplomática contra Pyongyang corre el riesgo de provocar una grave crisis en el país, mientras que la retórica bélica tenía cierta credibilidad dado que el entorno de Trump no parece muy disuadido por las posibles 'pérdidas colaterales', en este caso, las vidas de ciudadanos surcoreanos y japoneses.

    Las alusiones a una solución militar impactaron también en China, que optó por sumirse a la presión económica contra su vecino para aliviar las tensiones.

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    Al encontrarse entre la espada y la pared, "Kim Jong-un decidió hacer unas concesiones y mostrarse dispuesto a cooperar, incluso a prometer deshacerse de las armas nucleares", explica el autor. La cumbre de Singapur, culminada con un acuerdo vago y poco vinculante, es la cima de este enfoque.

    'Efecto Trump', parte 2: respuestas asimétricas

    La decisión de Donald Trump de cumplir su promesa electoral y desatar una contienda comercial con China lo cambió todo, según el experto.

    "Pekín no va a ignorarlo y China se interesó en unas respuestas asimétricas [a EEUU]. Se le ocurrió Corea del Norte", afirma Lankov.

    Kim Jong-un ya protagonizó tres cumbres de alto nivel con el líder chino Xi Jinping, todo con el fin de prevenir la creación de un frente común de China y EEUU contra su país y su autoridad.

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    Y la guerra comercial vigente hizo su misión mucho más fácil: ahora Corea del Norte "no es una fuente de problemas sino una herramienta cómoda para presionar a EEUU".

    Al sentir el apoyo por parte de China, Pyongyang se atrevió a declarar una postura más dura sobre su hipotético desarme nuclear, demostrada por su actitud durante la visita del canciller estadounidense.

    "Si no fuera por el cambio de enfoque de Pekín, Corea del Norte tampoco aceptaría su desarme completo, aunque se comportaría de una manera mucho más prudente y cautelosa, haciendo concesiones y manteniendo una imagen de que continuará desarmándose", teoriza el autor.

    Ahora que "no hacen falta estos juegos", los logros de la cumbre en Singapur pronto van a evocar "solo una sonrisa triste". Para Lankov, guste o no, el mundo tendrá que reconciliarse con una Corea del Norte con armas nucleares sin que ningún tuit presidencial lo cambie.

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    Etiquetas:
    guerra comercial, desarme nuclear, Donald Trump, Kim Jong-un, Corea del Norte, EEUU
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