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    Kim Jong-un, líder de Corea del Norte

    Kim Jong-un tiene sus motivos para cambiar el tono con Corea del Sur

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    Asia y Oceanía
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    La retórica extrañamente conciliadora de Kim Jong-un hacia su vecino del sur ha hecho que muchos especulen con la posibilidad de que el líder norcoreano quiera mostrarse dispuesto a cambiar la política exterior de su país.

    En su discurso de Año Nuevo, el líder juche apareció ante las cámaras con un traje de estilo occidental en lugar de su típica y tradicional chaqueta de estilo mao. Dijo querer aliviar las tensiones con Corea del Sur y estar dispuesto a enviar a la delegación norcoreana a los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang de 2018.

    La noticia fue recibida de buen grado en Seúl y el ministro para la Unificación de Corea del Sur, Cho Myoung-gyon, ha propuesto que se mantengan conversaciones con Pyongyang al más alto nivel el 9 de enero en la zona desmilitarizada que separa los dos países.

    Por si fuera poco, el 3 de enero Reuters aseguraba que Kim Jong-un había abierto, por primera vez casi dos años, un canal de comunicación transfronteriza con Seúl en la aldea de Panmunjom, la misma donde en 1950 se firmó el armisticio que puso fin a las hostilidades entre las dos Coreas.

    Lea más: Seúl propone a Pyongyang celebrar negociaciones de alto nivel

    Divide y vencerás

    Algunos analistas sugieren que cuando Kim Jong-un le ofrece a Corea del Sur la pipa de la paz lo que está intentando es alejar a Seúl de Washington, el aliado de los surcoreanos en la crisis de la península. Que esta sea la intención de Pyongyang preocupa al Departamento de Estado de Estados Unidos y así lo han expresado voces dentro.

    "Kim Jong-un puede estar intentando abrir una brecha entre las dos naciones, entre nuestra nación y la República de Corea. Puedo aseguraros que eso no ocurrirá", dijo a la prensa la portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert, el 2 de enero.

    Según Robert Litwak, docente en el Woodrow Wilson International Center for Scholars, la puesta en escena y el ofrecimiento de Kim Jong-un fue muy calculado teniendo en cuenta que Pyongyang ha demostrado que es capaz de alcanzar con sus misiles la parte continental de Estados Unidos.

    "Lo que Kim está viendo es una oportunidad poco común de poner a los surcoreanos en contra de Estados Unidos", asegura Litwak al diario The New York Times.

    Shin Beomchul, de la Academia Diplomática Nacional de Corea del Sur, señala en Associated Press que, a pesar de esta nueva retórica —más conciliadora y suave que aquella que Corea del Norte tiende a usar- la estrategia del líder norcoreano "sigue siendo la misma".

    "Está desarrollando bombas nucleares mientras intenta reducir la presión internacional y la alianza militar entre Corea del Sur y Estados Unidos y conseguir que se levanten las sanciones internacionales", asegura Beomchul.

    Daniel Russel, investigador en el Asia Society Policy Institute, apunta en The Washington Post que no hay nada nuevo en los últimos movimientos de Pyongyang.

    "Sería ingenuo esperar que Corea del Norte negocie de buena fe o se considere condicionada por nuevos acuerdos dado su historial (…) El patrón de Pyongyang consiste en elevar las tensiones hasta el límite, dejar caer una oferta conciliadora, recoger todas y cada una de las concesiones y volver a hacer lo mismo una y otra vez".

    Una pausa

    Evan Medeiros, exdirector del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos para Asia durante la Administración Obama, asegura al The Washington Post que es posible "reducir temporalmente" las tensiones y que el resultado será que las relaciones entre Estados Unidos y Corea del Sur se vean seriamente dañadas.

    "Se especula mucho con que Kim Jong-un está tratando de hacer ver Corea del Norte más moderna e internacional", dice al The New York Times Robert Kelly, profesor de ciencias políticas de la Universidad Nacional de Pusan (Corea del Sur), a propósito del cambio de aspecto del líder norcoreano durante su discurso de Año Nuevo.

    "Está haciendo el paripé. Está montando un espectáculo", asegura.

    Las opiniones, llenas de sospechas y desconfianza, al parecer no dejan de presentar a Kim Jong-un como un líder ingenuo y empeñado en sembrar discordia con oscuros fines. Pero para el director de proliferación y política nuclear del Royal United Services Institute, Tom Plant, las últimas declaraciones del líder norcoreano sí son de buena fe, aunque también son parte de una estrategia.

    "Yo las vería como algo positivo en el sentido de que [Kim Jong-un] no está diciendo 'vayamos hoy a la guerra'. Es una oportunidad para tomarse un descanso. Quieren bajar un poco el tono. A Corea del Norte no le interesa ir a la guerra y también están dispuestos a ver cómo reaccionará Washington", opina Plant en News.com.

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    guerra nuclear, Kim Jong-un, Corea del Norte, Corea del Sur