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    Hiroshima en octubre de 1945

    Hiroshima y Nagasaki: el crimen de guerra por el que EEUU se niega a pedir perdón

    © REUTERS / Shigeo Hayashi/Hiroshima Peace Memorial Museum
    Asia y Oceanía
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    El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se convertirá a finales de mayo en el primer mandatario estadounidense en visitar Hiroshima —una de las dos ciudades atacadas con bombas atómicas por EEUU en 1945— durante su mandato. Pero 71 años después, EEUU sigue negándose a pedir perdón al pueblo japonés por este mortífero ataque.

    La creación de un arma de destrucción masiva

    Aunque la Segunda Guerra Mundial empezó en 1939, no fue sino hasta diciembre de 1941 que EEUU entró en la guerra, luego del ataque japonés sobre la base naval norteamericana de Pearl Harbor.

    No obstante, tras el inicio de la guerra, los científicos estadounidenses previnieron a su Gobierno sobre un programa clandestino de la Alemania Nazi para crear una "potente bomba única en su tipo". Con la finalidad de contrarrestar este desafío, ese mismo año fue creado el 'Comité de Uranio' y luego, en 1941, EEUU puso en acción oficialmente lo que entraría en la historia como el Proyecto Manhattan —un plan para crear la primera bomba atómica de la historia—.

    El objetivo de EEUU era concebir su letal arma antes que la Alemania Nazi.

    Para el verano de 1945 la bomba atómica americana estaba lista. Sin embargo, en Europa, las tropas soviéticas tomaron Berlín, y la noche del 8 al 9 de mayo la Alemania Nazi se rindió ante la Unión Soviética y los Aliados.

    La capitulación teutona eliminó la necesidad de usar la bomba atómica y el peligro de la aparición de un arma semejante entre las líneas alemanas. Sin embargo, EEUU tenía otros planes.

    La planificación de la masacre

    Hiroshima (archivo)
    © REUTERS / Shigeo Hayashi/Hiroshima Peace Memorial Museum
    Ya a finales de la primavera de 1945 —antes de la victoria en Europa— los altos cargos militares de EEUU se reunieron varias veces para elegir las ciudades niponas que serían los blancos de los primeros bombardeos atómicos.

    Un gran tamaño, la presencia de una zona urbana en su cercanía, la vulnerabilidad ante una explosión fuerte y una baja probabilidad de sufrir otros ataques antes de agosto de 1945 fueron parte de los criterios para la elección de los objetivos.

    Cabe destacar que el posible 'efecto psicológico' tuvo también mucha importancia en el proceso de selección.

    Al final cinco localidades —Kokura, Hiroshima, Yokohama, Niigata y Kioto— fueron elegidas como objetivos 'adecuados' para el ataque. Nagasaki, por su parte, fue incluida en la lista de blancos secundarios, en caso de un cambio de planes.

    El 26 de julio, EEUU junto con sus aliados demandó a Japón su capitulación, amenazando con una "destrucción total" en caso de negativa. El país nipón ni siquiera respondió a este ultimátum. Como consecuencia, el presidente norteamericano Harry Truman autorizó los ataques atómicos "a partir del 3 de agosto".

    Los mortíferos bombardeos

    El 6 de agosto, a las 08:15 de la mañana, la bomba atómica 'Little Boy' fue lanzada desde el bombardero 'Enola Gay' sobre el centro de la ciudad de Hiroshima. La explosión, con una potencia de 16 kilotones, se produjo a 600 metros de altura, borrando prácticamente a toda la ciudad del mapa; solo los edificios más resistentes quedaron en pie.

    Tres días después, el 9 de agosto de 1945, un nuevo ataque fue lanzado por las fuerzas americanas. El objetivo principal era la ciudad de Kokura, pero a causa del mal tiempo el bombardero 'Bockscar' decidió cambiar de rumbo a favor del objetivo secundario de la misión: Nagasaki.

    Así, a las 11:02 la bomba atómica 'Fat Man' explotó a 503 metros de altura sobre la ciudad con una potencia de 21 kilotones.

    La explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima
    © Sputnik /
    La explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima

    Aproximadamente entre 130 y 240.000 personas murieron en los bombardeos a las dos ciudades japonesas, y miles fallecieron como consecuencia de la radiación y de las enfermedades causadas por la contaminación radioactiva.

    Después de los bombardeos, el presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, declaró que el ataque atómico contra Japón era una venganza por el ataque de Pearl Harbor y amenazó al país nipón con una "lluvia de destrucción desde el aire jamás vista en esta tierra".

    Tras el ataque contra Hiroshima, la entrada de la Unión Soviética en la guerra y la repetición del bombardeo atómico contra Nagasaki, Japón capituló ante los Aliados el 2 de septiembre.

    Hiroshima en septiembre de 1945
    © AFP 2019 /
    Hiroshima en septiembre de 1945

    Los actos posteriores

    Sin embargo, con el pasar de los años, EEUU 'suavizó' su discurso, afirmando que el bombardeo de estas dos ciudades era necesario para poner fin a la guerra y salvar la vida de muchos soldados americanos, así como la de los japoneses —en caso de combates prolongados, los analistas militares estimaban las pérdidas de EEUU en centenas de miles mientras que las pérdidas de Japón, en millones—.

    Los críticos de la actuación norteamericana, por otro lado, no se explican cómo EEUU puede justificar el bombardeo de dos ciudades y la muerte de decenas de miles de civiles como una estrategia legítima para conseguir la victoria, más aún cuando la entrada inminente del Ejército soviético en la guerra —acordada y esperada por los Aliados— tenía a Japón al borde de la derrota.

    El bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, afirman los críticos, fue un acto político sin mucho sentido bélico, fue el intento de demostrar el poder militar y la superioridad de EEUU en el mundo. El deseo deliberado de generar un impacto psicológico en la población entera del país-enemigo, sin importar el medio utilizado, equivale a un acto de terror que puede constituir un crimen de guerra, según varios expertos.

    La ciudad de Hiroshima, 1948
    © AFP 2019 / STF
    La ciudad de Hiroshima, 1948

    Pero aunque la visita de Barack Obama es la más importante hasta ahora en una serie de apariciones estadounidenses en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki —entre las que se encuentran las visitas de John Roos, exembajador de EEUU en Japón en 2012, y de Daniel Clifton Truman, nieto del presidente Truman, en 2014—, la posición norteamericana sigue siendo la misma: no hay razón para que EEUU se disculpe ante Japón.

    La situación no cambiará

    La justificación de EEUU de que la muerte de entre 130 y 240.000 civiles era necesaria para acabar con la guerra sigue vigente 71 años después.

    El país norteamericano no se caracteriza por cambiar sus puntos de vista sobre la historia fácilmente. Prueba de ello son los otros ataques mortales perpetrados bajo la bandera estadounidense —como el bombardeo de Dresde y el bombardeo de Tokio, más mortales que los bombardeos atómicos; el deliberado 'ecocidio' de plantas en Vietnam por el uso de sustancias herbicidas a gran escala; o el derribo del avión de pasajeros iraní 655 por un crucero lanzamisiles estadounidense en 1988—, por los cuales EEUU tampoco se ha disculpado.

    Memorial de las víctimas de la bomba atómica de Hiroshima
    © AFP 2019 / Raymond Roig
    Memorial de las víctimas de la bomba atómica de Hiroshima

    Así, por importante que sea el gesto de Barack Obama, la negativa de EEUU de pedir perdón por el crimen que acabó con la vida de decenas de miles de civiles japoneses contradice la imagen de un presidente galardonado con el Premio Nobel de la Paz que "busca promover un mundo seguro sin armas nucleares".

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    perdón, bombardeos, Bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, Barack Obama, Nagasaki, Hiroshima, Japón, EEUU
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