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    Xi Jinping, presidente de China

    Xi Jinping acumula un poder desconocido en décadas

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    Asia y Oceanía
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    Las semanas previas a la Asamblea Nacional Popular (el Parlamento chino) que se celebra estos días en Pekín han servido para evidenciar el poder que ha amasado en apenas tres años el presidente, Xi Jinping.

    PEKÍN (Sputnik) — Siete jefes provinciales del Partido Comunista de China se han referido al presidente Xi Jinping como el hexin (núcleo, en traducción aproximada) al que deben fidelidad. El léxico sirve para orientarse entre los arcanos de la política china y la resurrección de un título enterrado durante décadas muestra los cambios en la dinámica del poder.

    Deng Xiaoping, el arquitecto de las reformas, había jubilado los excesos autoritarios al juzgar que desmanes de la Historia moderna que aún traumatizan a los chinos como el Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural fueron posibles sólo por el desaforado culto a la personalidad que disfrutó Mao. Deng pensó que nadie debía acumular tanto poder por el bien del país y ordenó que el foco apuntara al partido en lugar de al líder.

    Cada presidente ha heredado desde entonces menos poder del anterior y es el Comité Permanente del Politburó, formado hoy por siete miembros, el que tradicionalmente ha dirigido el rumbo.

    Pero los expertos aseguran que Xi ha finiquitado la fórmula del "primero entre iguales" del liderazgo compartido.

    Su presencia en la televisión pública es atosigante incluso para los parámetros propagandísticos del país. Sólo Mao apareció en más portadas del Diario del Pueblo que Xidada o el tío Xi.

    El presidente incluso se ha apartado de la farragosa política con críticas mundanas a la calamitosa selección de fútbol, la arquitectura extravagante o la pulsión crematística de los artistas que deberían educar al pueblo.

    Presuntos poetas le dedican odas, una canción popular aconseja casarse con alguien como él y un oscuro restaurante en el que probó unas empanadillas es hoy lugar de peregrinación.

    Su rostro abunda en los recuerdos para turistas junto al de Mao y han sido publicados al menos cinco libros con sus discursos.

    Supone un cambio radical con respecto a la sordina que había acompañado su ascenso a la élite, cuando mantuvo un perfil bajo, evitó los charcos y disimuló sus posturas. Al ser elegido presidente, muchos chinos se preguntaron quién era. "Es el marido de Peng Liyuan", respondieron algunos, en referencia a su esposa, una célebre cantante de ópera.

    Su devoción popular no admite comparación con sus prececesores, Hu Jintao y Jiang Zemin, gracias a su rostro menos hierático, su mediática esposa y el culto a la personalidad levantado en los medios oficiales.

    "Todo el trabajo de los medios del partido deben reflejar el deseo del partido, salvaguardar la autoridad del partido y su unidad. Deben amar al partido, proteger al partido y alinearse con sus líderes en sus ideas, políticas y acciones", aseguró Xi en una reciente visita a la agencia de noticias Xinhua, el Diario del Pueblo y la televisión pública CCTV.

    La cuenta de weibo (el twitter chino) de un célebre bloguero fue cerrada por recordar que la prensa debería servir al pueblo en lugar de al Gobierno.

    Su reputación ha sido apuntalada por una férrea lucha contra la corrupción sin precedentes en China. Cada caída de un político es jaleada por un pueblo que ha sufrido los excesos del poder desde el mandarinato. Xi ha cumplido su promesa de acabar con moscas y tigres, en referencia a funcionarios y altos cargos.

    "Xi ha podido consolidar su poder porque había miedo entre las élites de que, si no se realizaban esos esfuerzos para erradicar la corrupción, se pondría en peligro la supervivencia del partido. Su campaña es diferente de las anteriores porque apunta a bajos y altos cargos. Algunos cargos importantes habían caído en campañas previas, pero nada comparable a la escala de la actual", señala por email a SPUTNIK Brad Williams, profesor del Departamento de Estudios Asiáticos de la City University de Hong Kong.

    Ningún otro presidente se habría atrevido a acabar con Zhou Yongkang, antiguo zar de la seguridad nacional, ni a meter mano en las poderosas empresas públicas o el Ejército.

    No hay dudas de la culpabilidad de los defenestrados, pero también hay derecho a especular sobre los porcentajes de purga política y lucha contra la corrupción.

    Williams subraya sus esfuerzos en eliminar todos los focos de oposición, dentro y fuera del partido.

    "Su campaña en la prensa y la sociedad civil, el control del partido sobre el Ejército y el adoctrinamiento general es un regreso a los oscuros días de la Revolución Cultural y está diseñada para asegurar la fidelidad al partido", opina Williams.

    Xi ha eclipsado al Comité Permanente y empequeñecido a los acólitos dejados por Hu. Eso incluye al vicepresidente Li Keqiang, a quien Xi parece haber robado la dirección económica.

    Es difícil calibrar los efectos prácticos del título de hexin, si dificulta la oposición a sus designios o no trasciende del puro simbolismo. Algunos expertos incluso sugieren que el febril acaparamiento de títulos evidencia su debilidad por el problemático desarrollo económico.

    La respuesta llegará en la renovación de cinco de los siete miembros del Comité Central, cuya composición es un fiel termómetro del equilibrio de fuerzas.

    "No creo que Xi haya podido purgar a todos sus enemigos aún ya que la escala e intensidad de la campaña anticorrupción habrá creado probablemente nuevos focos de oposición, especialmente entre funcionarios de Gobierno", finaliza Williams.

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    Partido Comunista de China (PCCh), Li Keqiang, Mao Zedong, Deng Xiaoping, Xi Jinping, China
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