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    Fernando Haddad, candidato presidencial del Partido de los Trabajadores de Brasil

    Fernando Haddad y la difícil tarea de frenar la ola Bolsonaro en Brasil

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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — El candidato presidencial del PT de Brasil, Fernando Haddad, forzado a convertirse en el sucesor del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, ha tenido un arduo trabajo para mostrarse como un auténtico "petista" e intentar derrotar al gran favorito, el ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal.

    Hijo de inmigrantes libaneses, Haddad se crio en la clase media urbana de la ciudad de Sao Paulo (sudeste), y estudió Derecho en la Universidad de São Paulo, centro donde empezó su militancia de izquierda y donde años más tarde daría clases como profesor de historia.

    De hecho, su trayectoria política está estrechamente ligada al mundo de la formación.

    En 2005 el entonces presidente Lula lo nombró ministro de Educación, cargo en el que estaría hasta 2012, ya en el Gobierno de Dilma Rousseff (2011-2016).

    En ese tiempo inauguró 126 campus universitarios, y estableció cuotas y becas que permitieron que por primera vez en la historia pobres, negros e indígenas entraran en masa en las facultades públicas.

    Al final de su gestión como ministro, el porcentaje de inversión pública que Brasil destinaba a educación pasó de 3,9 a 5,1% del Producto Interno Bruto.

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    En 2012, aprovechando su buena gestión como ministro, Haddad se presentó a la alcaldía de Sao Paulo, una plaza difícil por ser de tradición conservadora, y obtuvo el cargo con 55,94% de los votos, tras derrotar en segunda vuelta al candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña, José Serra.

    Su mandato (2013-2017) se caracterizó por las políticas sociales, el impulso al transporte en bicicleta y las trabas al vehículo privado, lo que le granjeó aplausos entre especialistas en urbanismo y medio ambiente, pero también fuertes críticas vecinales.

    A pesar de la popularidad inicial, su labor como alcalde acabó algo desdibujada.

    En junio de 2013 tuvo que hacer frente a unas protestas juveniles contra el aumento del precio de la tarifa del transporte público, que derivaron en una gran movilización nacional contra toda la dirigencia política.

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    A nivel nacional, su popularidad fue cayendo al mismo ritmo que la del PT, que cada vez se encontraba más afectado por los escándalos de corrupción, la crisis económica y los prolegómenos del proceso de "impeachment" contra la entonces presidenta Rousseff.

    En las elecciones municipales de 2016, Haddad sufrió una dura derrota ya en la primera vuelta.

    Para Leda Paulani, amiga personal, colega de trabajo de Haddad durante muchos años y su secretaria de Planificación en el Ayuntamiento de Sao Paulo, el candidato fue blanco de la oposición, política y mediática, contra el PT.

    "La gente que nunca tuvo simpatía por el PT vio que Fernando era una persona honesta, con potencial, creativo, bien formado… entendieron que era un peligro, porque podía ser un candidato muy difícil de derrotar, así que lo tuvieron que destruir; desde el día en que pusimos los pies en el Ayuntamiento la prensa nos atacó de una forma que nunca antes le habían hecho a ningún alcalde", comentó Paulani a esta agencia.

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    Aunque tras dejar la alcaldía de Sao Paulo abandonó la primera línea de la vida pública, Haddad siguió siendo una figura destacada en el PT, representando el ala moderada y reformista del partido.

    El sustituto

    Lula le encargó la elaboración del programa de Gobierno para las elecciones de 2018, pensando ya en él como posible sucesor en caso de que la justicia acabara inhabilitando su candidatura, tal como pasó.

    A partir de entonces, la estrategia del PT apuntó a generar en la ciudadanía la idea de que votar por Haddad era votar por Lula, que aparecía por entonces como favorito en todas las encuestas.

    En la campaña para la primera vuelta el candidato visitaba semanalmente la cárcel de Curitiba, donde Lula está preso, para diseñar la campaña y evidenciar la cercanía entre ambos, algo que era clave para garantizar la transferencia de votos.

    En la campaña de la segunda vuelta, en cambio, Haddad dejó de visitar a Lula y de mencionarlo continuamente en sus discursos, buscando apaciguar el "antipetismo" de muchos votantes y conquistar apoyos en el electorado de centro y centroderecha.

    A pesar de la conexión, las diferencias entre ambos saltan a la vista: Haddad no tiene el carisma y la oratoria de Lula que emociona a las masas, sino un perfil académico más templado y comedido.

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    El profesor de ciencia política de la Universidad de São Paulo, Cícero Araújo, que fue colega de departamento del candidato del PT, asegura que Haddad siempre fue un "intelectual sofisticado", pero con una inteligencia práctica muy grande.

    "No es un intelectual de esos que se queda cerrado en su caja; tiene la capacidad de transformar ideas abstractas en políticas concretas, basta ver su actuación en el Ministerio de Educación, que dejó a Lula impresionado", comentó el profesor a Sputnik.

    Dejar atrás ese aire académico y acercarlo al electorado más pobre y menos alfabetizado (el más fiel al expresidente Lula) fue uno de los retos de la campaña de la primera vuelta, ya que Haddad era relativamente poco conocido en la región nordeste, la de menor renta de Brasil y donde el PT suele cosechar mejores resultados.

    En la campaña de la segunda vuelta, las menciones a su programa de Gobierno, basado sobre todo en recuperar el legado de los gobiernos de Lula (empleo y renta, programas sociales, lucha contra la desigualdad, entre otros), se vieron desplazadas por las alertas sobre un eventual Gobierno de Bolsonaro, que Haddad considera un peligro para la democracia.

    Todos contra Bolsonaro

    En su discurso del 7 de octubre, tras conocerse los resultados de la primera vuelta y al saber que se mediría con el candidato de la ultraderecha, Haddad se propuso formar un "amplio frente democrático", una especie de "todos contra Bolsonaro" que no parece haberle dado resultado a la hora de buscar apoyos.

    Haddad solo consiguió el respaldo explícito de pequeñas agrupaciones de izquierda; el Partido Democrático Laborista, de Ciro Gomes, que quedó en tercera posición, apenas le dio un "apoyo crítico".

    Por su parte, el expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), clave para captar votos en la derecha moderada, se resistió a darle apoyo explícito, pese a sus continuas críticas a Bolsonaro.

    El candidato del PT aparece estancado en las encuestas a pesar de los escándalos que afectaron la campaña de Bolsonaro en la segunda vuelta, como la presunta financiación irregular a través de empresas que posibilitaron el envío de miles de noticias falsas a grupos de la aplicación de mensajería WhatsApp.

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    Muchas de esas noticias eran falsas y contenían graves calumnias contra Haddad y Manuela d"Avila, su candidata a vicepresidenta, algo que según el PT habría determinado el resultado de la primera vuelta electoral, en la que Bolsonaro obtuvo 46% de los votos, contra 29,3 de Haddad.

    La imagen del candidato brasileño presidencial ultraderechista Jair Bolsonaro
    © REUTERS / Sergio Moraes
    El candidato de izquierda también centró buena parte de su campaña en poner énfasis en las declaraciones autoritarias de Bolsonaro, quien afirmó que en caso de ser elegido presidente los opositores a su Gobierno tendrán que adaptarse a sus leyes u optar entre el exilio y la cárcel.

    Esto parece haber ayudado a remontar a Haddad en las encuestas de opinión, aunque modestamente.

    Según un sondeo de la consultora Datafolha, Haddad obtiene 44% de intención de voto, frente a 56% para Bolsonaro.

    Para muchos analistas, la estrategia del PT ya pasa por garantizar una derrota digna y batallar en el Tribunal Superior Electoral para que se impugne la candidatura de Bolsonaro en base a la presunta financiación ilegal.

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    Las elecciones definirán al próximo presidente de Brasil, cuyo mandato de cuatro año comienza el 1 de enero de 2019. 

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