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    Jair Bolsonaro, candidato a la presidencia de Brasil

    Bolsonaro, paso firme hacia la presidencia de Brasil

    © AP Photo / Leo Correa
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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — El capitán reservista Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal) es claro favorito para ganar este 28 de octubre la presidencia de Brasil; la amplia ventaja que consiguió en la primera vuelta, 18 millones de votos respecto de su rival más cercano Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores), es su mejor aval.

    "Estamos tocando la banda presidencial", dijo recientemente el ultraderechista, en una campaña electoral marcada por su ausencia de los debates de televisión, a los que se negó, y denuncias por presunta financiación ilegal para la difusión masiva de noticias falsas en redes sociales.

    Empresas cercanas a Bolsonaro habrían contratado los servicios de agencias de marketing digital que dispararon una estrategia concertada y masiva contra la candidatura de Haddad en grupos de WhatsApp, reveló la semana pasada el diario Folha de Sao Paulo.

    La maniobra fue de tal envergadura que podría haber influenciado el resultado electoral de la primera vuelta del 7 de este mes.

    El Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido Democrático Laborista (PDL) presentaron recursos para impugnar la candidatura de Bolsonaro ante la justicia electoral, que está investigando el caso.

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    El candidato se defendió alegando que no puede controlar todo lo que hacen sus simpatizantes.

    La imagen del candidato brasileño presidencial ultraderechista Jair Bolsonaro
    © REUTERS / Sergio Moraes
    También tuvo que disculparse cuando su hijo, Eduardo Bolsonaro, dijo que para cerrar el Supremo Tribunal Federal bastan "un soldado y un cabo", lo que provocó fuertes críticas desde el Poder Judicial.

    Pero estas y otras polémicas no hacen mella en su popularidad.

    Tiene el 57% de la intención de voto, frente al 43% de Haddad, según una encuesta divulgada el martes por el Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE).

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    Miembro del ejército varias veces sancionado por insubordinación e incluso acusado de haber planificado actos violentos, terminó su carrera como capitán de la reserva y se convirtió en diputado.

    Ocupa un escaño federal desde hace 28 años y pasó por ocho partidos diferentes, pero ha conseguido mostrarse ante la opinión pública como el único candidato capaz de "romper el sistema".

    A lo largo de su trayectoria acumuló decenas de comentarios racistas, machistas y homófobos.

    Apenas concluida la primera vuelta prometió acabar "con todo tipo de activismo" y el pasado 21 de octubre dijo en un mensaje dirigido a una manifestación en Sao Paulo (sur) que los miembros de partidos de izquierda, sindicatos y movimientos sociales tendrán que elegir entre el exilio o la cárcel, además de advertir que pretendía imputar de "terrorismo" las ocupaciones de fincas que practican campesinos sin tierra.

    En diversas entrevistas declaró que prefería tener un hijo muerto que gay o que sus hijos nunca tendrían una novia negra porque fueron bien educados; en una ocasión incluso increpó a una parlamentaria de la izquierda diciéndole que no "merecía" siquiera ser violada.

    Cuando votó a favor del juicio político a la entonces presidenta Dilma Rousseff (2011-2016) dedicó su voto a Carlos Alberto Brilhante Ustra, el coronel que dirigía en la dictadura militar (1964-1985) el centro de torturas donde ella, entonces una joven guerrillera, fue sometida a vejaciones.

    Su programa está nutrido de propuestas para otorgar beneficios a las Fuerzas Armadas, facilitar el porte de armas o endurecer las penas de los delitos, excepto cuando estos sean cometidos por agentes de seguridad o para defender el patrimonio privado.

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    El líder de la extrema derecha brasileña también prometió colocar a altos mandos militares en varios ministerios y privatizar buena parte de las empresas estatales, así como acabar con las políticas en favor de los derechos humanos o la demarcación de tierras indígenas, por ejemplo.

    Bolsonaro no tiene reparos en admitir que sus conocimientos en economía son limitados, y que para ello confía en el equipo liderado por Paulo Guedes, un neoliberal que asumiría el cargo de ministro de Economía en su Gobierno.

    A pesar de que en un principio despertaba recelos en el mercado financiero, la elite económica acabó abrazando su candidatura y la Bolsa de Sao Paulo sube con fuerza cada vez que una encuesta lo sitúa como claro favorito.

    Para los analistas políticos, Bolsonaro supo canalizar el cansancio de los brasileños con la dirigencia política tradicional, y sus dardos se dirigen especialmente al PT del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011) especialmente cuando la popularidad de ese partido hacía agua por numerosos escándalos de corrupción.

    La baza de que es un candidato limpio de corrupción es otra de sus grandes cartas de presentación, igual que su discurso de enfrentamiento a la violencia; según varios especialistas Bolsonaro captó mejor que ningún otro candidato el hartazgo de la sociedad con la inseguridad en las calles.

    Sus seguidores, que lo llaman "Mito", se articulan con fuerza en las redes sociales y son una legión en Facebook (es el candidato con más seguidores, 6,4 millones).

    Pero Facebook eliminó la semana pasada 68 páginas dirigidas por grupos altamente articulados y 43 cuentas bajo acusaciones de violar las políticas de spam.

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