21:13 GMT +313 Noviembre 2018
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    Un catamarán en Maranhão

    Brasil sospecha de nueva ruta de migración irregular desde África a través del Atlántico

    © Foto : Gobierno de Maranhão
    América Latina
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    Joan Royo Gual
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    SÃO LUÍS DO MARANHÃO, BRASIL (Sputnik) — Las autoridades brasileñas sospechan de una posible ruta de contrabando de personas entre África y Brasil por el océano Atlántico, a raíz de que unas semanas atrás arribó a las costas del estado de Maranhão (norte) un catamarán con 27 personas a bordo, algo inédito hasta la fecha.

    "Nunca habíamos visto nada así, hasta ahora la llegada de inmigrantes ilegales procedentes de África a Brasil se ha dado siempre en barcos de mercancías, nunca en estas circunstancias; si alguien se lanza al océano en un catamarán quizá es porque las personas que organizaron el viaje conocen una ruta marítima, lo que es un indicio de que podría estar iniciándose una vía clandestina entre África y Brasil", dijo a Sputnik el secretario de Derechos Humanos del Gobierno de Maranhão, Francisco Gonçalves.

    Un total de 25 inmigrantes africanos (en su mayoría senegaleses) y los dos capitanes brasileños que los llevaron, "coyotes" en la jerga policial, salieron de Cabo Verde a finales de abril en un catamarán de 12 metros que ni siquiera contaba con sistema GPS y desembarcaron en São José de Ribamar, en Brasil, a 3.500 kilómetros de distancia, después de varios días a la deriva.

    La travesía duró 35 días y estuvo repleta de penurias, como explicó a Sputnik uno de los viajeros, Muctarr Mansaray, un joven de 27 años que dejó su Sierra Leona natal porque tras la guerra civil, el brote de ébola y las últimas inundaciones no veía ninguna perspectiva de futuro.

    Mansaray se instaló en Cabo Verde hasta que un amigo que ya vivía en la ciudad brasileña de São Paulo lo convenció de emprender el viaje.

    "Los capitanes nos engañaron, dijeron que habría comida pero no había casi nada, tuvimos que compartir muy poca cosa; también se acabó el agua y decidimos beber agua del mar, pero por suerte un día llovió mucho; rezamos durante días para que lloviera y poder beber agua dulce", comentó el joven.

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    En la travesía se alimentaron de galletas, leche y cebollas, y un día en que pasaron por encima de un banco de peces pudieron comer pescado que consiguieron pescar con mucha facilidad.

    Mansaray relató que la tensión fue creciendo a medida que se daban cuenta de que los traficantes, que cobraron entre 800 y 1.000 euros por cabeza para llevarlos hasta Brasil, estaban perdidos y no querían llamar a la Marina para pedir ayuda por temor a ser detenidos.

    "Las cosas fueron empeorando en los últimos días; se rompió el motor y el mástil se partió por la mitad (…) Estábamos perdidos en medio del mar, los capitanes decían que sabían el camino guiándose por las estrellas, pero estábamos desesperados", contó Mansaray.

    Él y sus compañeros, todos musulmanes, pasaban día y noche rezando.

    En cierto momento Mansaray, que acabó asumiendo el rol de líder del grupo, amenazó con lanzar al agua a los coyotes si no encontraban una solución.

    "Les dijimos que llamaran a la Marina brasileña para pedir ayuda y que nos rescataran, dos personas no podían acabar con la vida de 27", sostuvo.

    Finalmente, cuando estaban a 120 kilómetros de la costa, aparecieron en el horizonte unos pescadores brasileños que les ofrecieron agua y comida y, al cabo de tres días, los acompañaron hasta tierra firme.

    "Nuestro capitán brasileño nos pidió dinero, quería que hiciéramos una contribución para compensar la comida que nos dieron; pero el pescador, Moisés, cuando vio que yo estaba recogiendo el dinero me preguntó "Muctarr, ¿qué estás haciendo?". Me dijo; "No quiero tu dinero, solo quiero ayudaros, me ha enviado Dios, quiero ayudarlos gratis", contó el joven.

    Finalmente desembarcaron en São José de Ribamar, muy cerca de São Luis, la capital del estado, aunque el destino inicial de la travesía era otra ciudad costera, João Pessoa, un poco más al sur.

    Allí, los coyotes supuestamente tenían contactos que trasladarían a los inmigrantes a las grandes ciudades del sureste, São Paulo y Río de Janeiro, que en realidad eran la meta final del viaje.

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    Cuando los inmigrantes llegaron a puerto el Gobierno estadual preparó un amplio dispositivo de ayuda; todos pasaron por exámenes médicos y fueron vacunados.

    "Fueron rescatados en una situación dramática, pero estaban en relativo buen estado de salud, al margen de la deshidratación y las insolaciones", dijo el secretario de Derecho Humanos.

    El caso más grave fue el de un joven cuya presión arterial no bajaba de ninguna forma porque había bebido mucha agua de mar.

    Ahora el grupo vive en un polideportivo de São Luis cedido por el Gobierno, que también se encarga del suministro de comida y en breve les ofrecerá cursos de portugués.

    La Policía Federal está ultimando los detalles para otorgar a los africanos una residencia temporal de dos años mientras se tramita su petición de refugio; así podrán buscar empleo y empezar una nueva vida.

    Los dos coyotes brasileños están presos y se enfrentan a una acusación de tráfico ilegal de personas.

    La policía y el Ministerio de Justicia están tirando del hilo para averiguar más sobre la posible nueva ruta migratoria, aunque por el momento no hay resultados concluyentes.

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    Etiquetas:
    migrantes, Atlántico, África, Brasil