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    Bandera de Brasil

    ¿Qué pasó al final con la huelga de camioneros en Brasil?

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    América Latina
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    Las huelgas de camioneros en Brasil comenzaron el 21 de mayo. La razón, el aumento del precio de los carburantes. Del 12 al 19 de mayo, la empresa gasística estatal, Petrobras, revisó al alza los precios del petróleo seis veces. ¿Qué pasó en Brasil?

    Las protestas tuvieron como primer objetivo bloquear las carreteras. Los primeros intentos se pudieron ver en 21 estados brasileños. En algunos tramos de las carreteras, los conductores solo permanecían de pie y, en otros, optaron por quemar neumáticos para dificultar el paso de los vehículos durante un tiempo, aunque luego dejaban el paso libre.

    Durante los días que siguieron, las protestas se extendieron a otros estados. Los primeros en sentir sus consecuencias fueron las fábricas de Chevrolet, de Fiat y de Ford y, también, los primeros en anunciar que estaban experimentando problemas en la fabricación de automóviles. El 22 de mayo, los aeropuertos empezaron a limitar el uso de combustibles y, al día siguiente, las consecuencias de esas mismas protestas empezaron a hacer mella en el transporte terrestre: las rutas de autobuses dejaron de dar servicio.

    Ese mismo día, el presidente brasileño, Michel Temer, solicitó una tregua de dos o tres días para encontrar "una solución satisfactoria". Más tarde, Petrobras anunció que bajaría el precio de los carburantes un 10% temporalmente para las siguientes dos semanas.

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    El 24 de mayo, el Gobierno anunció que se había llegado a un acuerdo con los representantes de la huelga de camioneros para que cesasen las protestas en el que se fijaba eliminar completamente los impuestos sobre la venta de combustibles y una reducción del 10% del diésel, como ya había hecho antes Petrobras.

    A pesar del acuerdo, una parte de los protestantes anunció que seguirían manifestándose.

    "Si esto sigue así una semanas, literalmente no tendremos nada que comer y no podremos salir de casa. [El país] está completamente paralizado", explicaba a Sputnik la economista brasileña Michelle Nunes, de la Universidad Presbiteriana Mackenzie de Río de Janeiro.

    Añade que la crisis que se ha apoderado del país demuestra que existe una urgente necesidad de abordar dos cuestiones: los problemas infraestructurales y la carga impositiva. En su opinión, los problemas que han aparecido a raíz de las protestas afectan a todos los brasileños sin excepción, independiente de si las aprueban o no.

    Temer anunció que utilizaría a las fuerzas de seguridad para despejar las carreteras e instó a los gobernadores de los estados a que hicieran lo mismo. Justificó su decisión argumentando que el Estado no iba a "permitir que la población se quede sin productos de primera necesidad".

    "No permitiremos que los hospitales se queden sin lo necesario para salvar vidas. No permitiremos que los niños salgan perjudicados porque las escuelas estén cerradas. No permitiremos que la actividad de la capa industrial se vea afectada".

    El mismo día, Temer publicaba un decreto que permitía a las Fuerzas Armadas intervenir para desbloquear las carreteras. La mañana del 26 de mayo, las Fuerzas federales de seguridad desactivaban más de 132 piquetes.

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    Muaro Roberto Schlüter, experto en logística en la Universidad Presbiteriana Mackenzie de Campinas, excluye cualquier componente político en la huelga que ha consumido Brasil durante mayo.

    "Aquí no se observa ningún componente político a excepción de la incapacidad de los políticos de entender los problema reales y encontrar una solución", explica a Sputnik.

    Las protestas obligaron a que más tarde se cancelasen los vuelos, a que se pospusiesen las operaciones en los hospitales y que las estanterías de los supermercados quedasen considerablemente vacías.

    Según un estudio del Instituto de planificación tributaria brasileño, ocho días de protestas fueron suficientes para perder 3.860 millones de reales —poco más de mil millones de dólares.

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    Las protestas cesaron el 31 de mayo, cuando el tráfico volvió a la normalidad.

    "Gracias a Dios que la huelga ha terminado gracias a mi postura (que han criticado) y gracias al diálogo", dijo poco más tarde Temer, y subrayó que el Estado no había usado la fuerza.

    El mismo día en que el presidente brasileño hacía estas declaraciones, su Gobierno publicaba una medida provisional que prevé abolir los subsidios presupuestarios en determinados sectores.

    Su objetivo es generar la cantidad necesaria de fondos para subvencionar el precio del diésel y, así, fijar una cifra hasta finales de 2018, tal y como estaba previsto en el acuerdo inicial entre el presidente Temer y los camioneros.

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    combustible, huelga, camioneros, Petrobras, Michel Temer, Brasil
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