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    Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente brasileño

    Proceso contra Lula es "el segundo paso de un golpe de Estado en Brasil"

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    BUENOS AIRES (Sputnik) — La negativa del Supremo Tribunal Federal de Brasil de concederle el expresidente Lula da Silva el hábeas corpus que solicitó para que se evaluara la legalidad de su posible arresto es parte de un golpe de Estado que comenzó a gestarse con la caída de Dilma Rousseff, afirmó el historiador y periodista Martín Granovsky.

    "El encarcelamiento de Lula es el segundo paso del golpe que comenzó con el derrocamiento de Dilma en 2016", señaló Granovsky, director del Núcleo de Estudios del Brasil de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo.

    Para el académico, el objetivo de un sector de poder dominante es que Lula no pueda ser candidato ni presentarse a las elecciones presidenciales del 7 de octubre "para hacer el proceso político conservador brasileño todavía más implacable, impiadoso y irreversible".

    "Quieren profundizar la inserción internacional de Brasil con Estados Unidos y alejarlo de los BRICS, grupo del que forma parte pero ya sin intensidad con China, India, Rusia y Sudáfrica; quieren profundizar políticas como la reforma laboral y terminar con la reforma jubilatoria; quieren liquidar a la petrolera estatal Petrobras y quieren privatizar bancos públicos", enumeró el experto.

    En este propósito se afana un sector de los grandes medios de comunicación, "sobre todo O Globo, que tiene el monopolio de la televisión abierta", incidió el historiador.

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    También es parte de esta confabulación un segmento del poder judicial, tanto en la procuración (fiscalía) como en el Tribunal Supremo, del que no pueden ser excluidos "el juez Sérgio Moro, que fue quien condenó a Lula en primera instancia, y los camaristas que confirmaron posteriormente su sentencia sin pruebas", esgrimió Granovsky.

    La caída del líder del Partido de los Trabajadores (PT) también es auspiciada por "sectores de los grandes bancos brasileños y transnacionales; parte de los poderosos industriales de San Pablo y además un sector de la clase política, sobre todo del ala más conservadora".

    El periodista aludió así al PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño) al que pertenece el presidente Michel Temer y al PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) cuyo referente es el expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2003).

    "Esos sectores quieren que el país involucione de manera irreversible para retrotraerlo al Brasil anterior a la esclavitud de 1888 o al posterior a la abolición, donde los esclavos habían dejado de pertenecer a sus dueños pero no tenían libertades y derechos desarrollados", consideró el argentino.

    En este proceso, que fue definido como una contrarreforma por Marco Aurélio García, historiador brasileño y asesor de Lula fallecido en 2017, "el proyecto es un Brasil que vaya para atrás pero que no vuelva nunca para adelante".

    Justicia cómplice

    Predomina la idea fuera de Brasil, de acuerdo a Granovsky, de que la justicia brasileña no tiene selectividad y que por lo tanto actúa del mismo modo para todos.

    Esta concepción es errónea "porque a nivel empresario la justicia se concentró en Odebrecht (la mayor constructora del país), y a nivel político se concentró en el PT (Partido de los Trabajadores de Lula y Dilma)".

    Al margen de que haya otros empresarios y políticos procesados o condenados, el historiador resalta la diferencia de trato que recibió Lula con respecto al senador Aécio Neves, excandidato presidencial del PSDB en 2014.

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    "Lula tiene ahora vía libre para ir preso porque la presidenta de la Supremo Tribunal Federal, Cármen Lucía, inclinó la balanza en contra de Lula, mientras que fue quien salvó a Aécio Neves".

    Granovsky se refirió a la decisión de la corte suprema de devolverle en octubre de 2017 el escaño de senador pese a que Neves había sido filmado mientras pedía a la compañía cárnica JBS que le entregara 2 millones de reales (unos 645.000 dólares).

    Pero el caso de Lula es diferente, a juicio del historiador argentino, "porque no hay prueba fehaciente de que haya recibido sobornos, sino que fue condenado por rumores, lo que va contra cualquier tipo de libertades individuales, legalidad y estado de derecho".

    Puede concluirse, por ello, que "la justicia brasileña es irregular, se basa en el estado de excepción y es selectiva", enfatizó.

    Sociedad brasileña

    El especialista en política brasileña mostró poco optimismo de que la sociedad brasileña se movilice para defender al expresidente brasileño.

    "Hasta ahora lo que muestra Brasil es que hay una aceptación pasiva de Lula cada vez mayor que lo haría ganar en primera y en segunda vuelta, pero esa aceptación pasiva no se traduce en una pelea activa ni por sus derechos ni por los derechos de sus votantes", reflexionó el analista.

    Eso ha permitido que "sectores ultraconservadores vayan avanzando al no encontrar resistencia efectiva".

    "Cuando en política hay un vacío, los vacíos se ocupan, y en este caso, se ha adueñado de este espacio la derecha más cruel y esclavista del continente", finalizó Granovsky.

    Lula fue condenado a 12 años y un mes de cárcel por presuntos delitos de corrupción y blanqueo de dinero, acusado de haber recibido de manos de la constructora OAS un apartamento de lujo. 

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    golpe de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil