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    Lula da Silva, expresidente de Brasil

    Lula, entre el Palacio de Planalto y la prisión

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    América Latina
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    Joan Royo Gual
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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — Obrero metalúrgico, sindicalista y el presidente brasileño más popular de la historia: Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011), con sus múltiples facetas y una enorme capacidad de adaptación, espera por la decisión del Tribunal Supremo Federal que podría enviarlo a prisión.

    Al mismo tiempo se despiertan pasiones entre quienes desean verlo entre rejas y los que sueñan con que vuelva a gobernar.

    "No piensen que la lucha es fácil; no hay problema en perder una vez, pero no podemos perder la disposición de luchar", proclamó Lula el lunes en Río de Janeiro en un encuentro con otros líderes de la izquierda, en su última aparición previo a la decisión de 4 de abril.

    Lula nació en 1945 en el interior del estado brasileño de Pernambuco (noreste), en el seno de una familia muy humilde, y ya de niño se vio obligado a trabajar, relegando sus estudios al punto de que cuando llegó al Gobierno por primera vez se enorgulleció de que el primer "diploma" que conseguía en la vida fuera el de presidente.

    Cuando apenas tenía siete años, su familia se mudó a Sao Paulo (sureste), donde creció y desarrolló toda su carrera política, vinculada con los movimientos obreros de la periferia industrial de la ciudad.

    En 1968, en plena dictadura militar, se afilió al Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo.

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    A finales de los años 70 y principios de los 80 impulsó huelgas por las que fue detenido, experiencia que le sirvió para moldear la idea de fundar un partido: en 1980, junto con otros sindicalistas, intelectuales de movimientos sociales y católicos progresistas, fundó el Partido de los Trabajadores (PT), que con el tiempo se convertiría en el mayor partido de izquierda de América Latina.

    Lula perdió tres elecciones (1989, 1994, 1998) antes de imponerse al conservador José Serra en los comicios de octubre de 2002, y a partir de entonces ocupó durante ocho años el Palacio de Planalto (sede del Gobierno).

    Durante su gestión se controló la inflación, la economía llegó a crecer 7,5% y en 2011 Brasil llegó a ser la sexta economía mundial, desbancando al Reino Unido.

    El crecimiento fue acompañado de un importante esfuerzo para combatir la desigualdad: fueron especialmente importantes programas sociales como 'Hambre cero' y 'Bolsa Familia', que lograron sacar de la miseria a 36 millones de brasileños en los 13 años de gobiernos del PT, según la fuerza política.

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    Esto hizo que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) excluyera a Brasil de su Mapa del Hambre (que ilustra la distribución global de los índices de hambre).

    La mejora del nivel de vida de los más pobres (sobre todo en la más subdesarrollada región noreste del país) sigue siendo el principal factor que explica la popularidad que Lula sigue teniendo a día de hoy.

    A nivel internacional, las administraciones de Lula se caracterizaron por una mirada multilateral, menos dependiente de Estados Unidos, con una aproximación especial hacia los vecinos latinoamericanos.

    Ese distanciamiento de Washington no impidió que en 2009 el entonces presidente estadounidense Barack Obama dijera que Lula era "the man" (el hombre indicado) y el político más popular del mundo.

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    Sin embargo, los gobiernos de Lula no estuvieron exentos de escándalos: en 2006 se destapó la trama de corrupción del "Mensalão", de compra votos en el Congreso legislativo, por la cual el líder izquierdista perdió a buena parte de sus colaboradores más cercanos.

    Durante el Gobierno de Dilma Rousseff (2011-2016) Lula se mantuvo una presencia importante.

    En 2016 fue nombrado ministro de la Casa Civil (jefe de gabinete) por Rousseff, aunque la oposición les acusó de gestar una maniobra para proteger a Lula de la Justicia, puesto que gozaría de fuero privilegiado.

    Y es que para entonces Lula ya se había visto salpicado por el caso de corrupción conocido como 'Lava Jato'.

    El expresidente ha sido citado continuamente por directivos de la semiestatal petrolera Petrobras y cabecillas de la trama corrupta, y el Ministerio Público Federal llegó a decir que el líder izquierdista encabezaba todo el esquema, aunque hasta hoy no se han presentado pruebas contundentes.

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    Lula acumula siete causas en la Justicia: la primera de ellas, la que podría llevarle a la cárcel, tiene que ver con un apartamento de lujo en la costa del estado de Sao Paulo que supuestamente habría recibido de manos de la empresa constructora OAS, una de las implicadas en la maraña de Petrobras.

    Según los jueces, que lo condenaron a 12 años y un mes de cárcel, Lula es el dueño de ese apartamento, que habría recibido como contrapartida por los favores prestados a la empresa, aunque el exmandatario niega todas las acusaciones y dice ser víctima de una persecución judicial y mediática para evitar a toda costa que vuelva al Gobierno.

    A sus 72 años, Lula es el precandidato del PT para las elecciones presidenciales de octubre y el favorito en todas las encuestas, a pesar de que es poco probable que pueda presentarse; lo decidirá el Tribunal Superior Electoral a partir de agosto, pero hay escaso margen, dado que la ley brasileña impide candidaturas de condenados en segunda instancia.

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    Lula se convirtió en los últimos meses en el eje de la extrema polarización política que vive Brasil.

    Mientras es aclamado en cada acto público que se presenta, movimientos conservadores como "Vem para Rua" (ven a la calle) logran movilizar a miles de brasileños para pedir que vaya a prisión.

    Su popularidad va de la mano con la animadversión que genera su figura en segmentos conservadores y de extrema derecha; a finales de marzo, durante una caravana por el estado de Paraná (sur) dos autobuses de su comitiva fueron atacados con tiros.

    El expresidente, que confesó no haber vivido nunca algo así, comparó la situación con el surgimiento del nazismo y alertó de lo que puede suceder en los próximos meses si no se calman los ánimos.

    El TSF juzgará el habeas corpus preventivo (petición para evaluar la legalidad de un arresto) presentado por los abogados del expresidente.

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    Si los magistrados rechazan la petición Lula, quien ya fue condenado en segunda instancia, podría ir a prisión esta misma semana; pero si lo aceptan, el expresidente podrá seguir en libertad mientras sus abogados recurren en las dos instancias que le quedan: el Tribunal Superior de Justicia y el Tribunal Supremo Federal. 

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    elecciones presidenciales, arresto, corrupción, Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil