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    Los intereses económicos detrás de la crisis del cine argentino

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    La industria audiovisual argentina vive momentos de tensión tras la remoción del presidente del ente audiovisual INCAA. Los cineastas temen que se vea afectada la subvención pública de sus actividades, financiadas con cánones que deben pagar los grandes conglomerados de medios que operan en el país.

    En las últimas dos décadas, el cine argentino ha alcanzado una reputación a nivel mundial. La presencia de sus películas en el circuito comercial y en salas de cine de autor en todo el mundo no paró de aumentar. Los premios otorgados por numerosos festivales internacionales y asociaciones de críticos —entre ellos, un Oscar— dan fe de este crecimiento.

    El punto de quiebre fue la aprobación de una ley en 1994, que estableció la creación del Instituto Nacional del Cine y de Artes Audiovisuales (INCAA) y un fondo de fomento, financiado con cánones sobre la actividad de cableoperadoras, emisoras y circuitos de distribución y exhibición. En ese año, según la base de datos 'cinenacional.com' se estrenaron 14 filmes. En 2016, 130 películas argentinas fueron lanzadas en el país, de acuerdo con la misma fuente.

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    "Hubo un crecimiento exponencial que fue repartido. Por un lado crecieron los 'tanques', películas grandes que le disputan la taquilla a las películas norteamericanas. Por otro lado crecieron las películas de autor, que son reconocidas en un montón de festivales muy prestigiosos en el mundo, que han ganado premios internacionales", explicó a Sputnik Virna Molina, realizadora audiovisual y portavoz de la Asamblea por la Defensa del Cine Argentino (ADCA).

    Según Molina, la mitad de las películas que se producen en Argentina son documentales, gracias a una reforma en la reglamentación de los subsidios que favoreció a esta rama del cine. La creadora subraya que este dato es importante, porque los realizadores suelen iniciar su carrera en esta área, que les permite experimentar con una estructura de producción menos rígida que redunda en un recambio generacional y "un desarrollo estético y narrativo" del cine argentino.

    "Esto está sostenido por un fondo de fomento y por una lógica de subsidio estatal al sector cinematográfico, que proviene de la misma industria audiovisual. No toca a otros sectores de la sociedad", especificó Molina.

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    En Argentina, un 10% del precio de las entradas de cine y videogramas vendidos se destina al fondo, así como un 25% de la recaudación del Ente Nacional de Comunicación (ENACOM), que establece un canon a la televisión para abonados y la publicidad de los canales abiertos.

    Según la vocera de la ADCA, esto "molesta mucho a los conglomerados poderosos de telecomunicaciones, que tienen que dar parte de sus ganancias" y a "las grandes empresas norteamericanas" de distribución y exhibición.

    "Esos son los dos grandes sectores perjudicados con el fomento de la industria nacional de cine. Pero es amplísimo el otro sector de la sociedad que se beneficia: principalmente toda la ciudadanía argentina, que tiene una cinematografía propia para construir su subjetividad y dar un punto de vista distinto de la realidad que vivimos", opinó Molina.

    El canon que financia el fondo de fomento del sector es el núcleo del conflicto. Según las leyes actuales, las cableoperadoras que pagan el canon para fomentar el cine son denominadas 'servicios de comunicación audiovisual', pero un nuevo decreto que entra en vigor en 2018 las denomina como empresas de telecomunicaciones.

    Los cineastas temen que este cambio de nombre repercuta en la exención de los tributos actuales a estas empresas. "No tendrían que pagar un canon que, aunque es millonario, representa un porcentaje muy pequeño de las ganancias que se llevan del país las multinacionales o que acumulan las empresas argentinas. De esta manera quedarían exentas y el cine se desfinanciaría. Por lo tanto, nos quedaríamos sin cinematografía nacional", denunció Molina.

    No obstante, un comunicado firmado por el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, indica que "no existe ninguna voluntad política" de su cartera o del Gabinete para "modificar los fondos de fomento de la industria cinematográfica". "El financiamiento y los fondos están garantizados", subraya el documento, firmado además por numerosos miembros de la Asamblea General del Consejo Federal de Cultura.

    La chispa que encendió el fuego fue la destitución del presidente del INCAA, Alejandro Cacetta, que era apoyado por el medio cinematográfico. Esto llevó a que se produjeran manifestaciones multitudinarias en el emblemático cine Gaumont de Buenos Aires, y en la inauguración del BAFICI, el mayor festival internacional de películas independientes de Argentina.

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    protestas, cine, Instituto Nacional del Cine y de las Artes Audiovisuales (INCAA), Asamblea por la Defensa del Cine Argentino, Virna Molina, Alejandro Cacetta, Pablo Avelluto, Argentina
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