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    Las llamas devoran Oregón como nunca antes lo habían hecho y las autoridades recurren a los reclusos del estado para colaborar en las labores de extinción del fuego. Una tradición de más de medio siglo de antigüedad que es útil no solo para el bien común, sino también para que los presos puedan canalizar su adrenalina.

    Oregón lleva setenta años dirigiendo un programa con el que, cuando llega la temporada de incendios y algún foco se sale de control, arregla dos problemas de una vez: por un lado, se multiplican las manos amigas de los efectivos que luchan contra las llamas, y, por otro, los presos se rehabilitan mejor.

    Presos sofocan un fuego en Oregón, EEUU
    © REUTERS / ADREES LATIF
    Presos sofocan un fuego en Oregón, EEUU

    En esta temporada se ha echado mano de 12 brigadas de reclusos que se convierten en bomberos por un tiempo. Todos ellos cobran entre 9 y 9,80 dólares por jornada laboral, ya que la legislación estadounidense no contempla a los presos al determinar el salario mínimo de los trabajadores, informan medios estadounidenses.

    Los reclusos llevan consigo motosierras, hachas, palas y azadas para ayudarse. Cabe destacar que muchos de ellos acabaron entre rejas por robos a mano armada y delitos similares, pero ninguno de ellos lo hizo por crímenes sexuales u homicidios. Esto es importante, ya que las brigadas tratan con mucha población local.

    Los incendios que arrasan Oregón ya han calcinado más de 400.000 hectáreas y han dejado un balance de al menos 10 víctimas mortales. Y es que el estado no había vivido algo parecido en todo un siglo.

    Etiquetas:
    presos, incendio, Oregón, EEUU
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