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    MONTEVIDEO (Sputnik) — Jóvenes negros, latinos y nativos. El coronavirus se ha ensañado con los varones menores de 21 años pertenecientes a estas minorías en Estados Unidos, que con unos 6,5 millones de casos positivos de COVID-19, es el país con mayor número de contagios en todo el mundo.

    El desempleo o la precariedad laboral; el bajo -o nulo- acceso a sistemas de salud y seguimientos clínicos; la discriminación y el hacinamiento habitacional, son condimentos que aportaron a la proliferación de la cepa entre esta población, según un estudio de los gubernamentales Centros de Diagnóstico y Prevención (CDC).

    Del 12 de febrero al 31 de julio se registraron en Estados Unidos un total de 121 muertos y 391.814 casos de COVID-19 entre personas menores de 21 años.

    La cifra también incluye casos de síndrome multisistémico inflamatorio pediátrico (MIS-C), y representa aproximadamente 8% del total reportado de contagios de la enfermedad causada por el nuevo coronavirus.

    De los 121 fallecidos, 76 (63%) eran hombres, 54 (45%) eran latinos, 35 (29%) eran negros y cinco (4%) eran nativos.

    En el análisis de eso datos los CDC resaltan cuatro cosas. En primer lugar, que aunque los latinos, negros y nativos americanos representan el 41% de la población estadounidense menor de 21 años, lamentaron cerca de 75% de las muertes en ese rango etario.

    En segundo lugar, las muertes fueron más frecuentes entre los hombres y entre las personas de 10 a 20 años. De ellos, los adultos jóvenes de 18 a 20 años representaron casi la mitad de todas las muertes en esta población.

    En tercer lugar, 75% de los fallecidos tenía al menos una afección subyacente y 45% tenía dos o más.

    Las enfermedades notificadas con más frecuencia fueron las pulmonares crónicas, como el asma (28%); obesidad (27%); afecciones neurológicas y del desarrollo (22%), y problemas cardiovasculares (18%).

    Cuarto, existió una proporción sustancial de muertes extrahospitalarias en asociación con la infección por SARS-CoV-2 entre todos los grupos de edad en este análisis.

    En julio pasado, también sobre datos de los CDC, el diario The New York Times ya advertía que los habitantes latinos y afroestadounidenses habían registrado el triple de infecciones que sus vecinos blancos. El daño es más incisivo allí donde hay más densidad de población: la costa Este.

    Acceso a la salud

    Un estudio realizado a comienzos de la pandemia por la empresa de biotecnología Rubix LS da cuenta del ingreso familiar estimado de aquellos pacientes que se testearon para COVID-19 en los estados de Connecticut, Florida, Maryland, Massachusetts, New Jersey, New York y Virginia, todos en la costa Este del país.

    De casi 15.000 afroestadounidenses atendidos, 10.000 percibe menos de 50.000 dólares al año, y sólo 674 superan los 99.000 dólares.

    En el caso de los latinos, 7.198 de 8.230 perciben menos de 50.000 dólares al año; lo mismo ocurre con los 3.205 nativos y nativas atendidos.

    La firma también da cuenta de que a los pacientes afroestadounidenses con síntomas se les administraba, en proporción, menos test de coronavirus que al resto de la población.

    Empleo

    Según los CDC, estos grupos también están conformados por trabajadores esenciales que no pueden trabajar desde sus hogares, lo que genera un mayor riesgo de exposición al SARS-CoV-2, con una posible transmisión secundaria entre los miembros del hogar, incluidos bebés, niños, adolescentes y adultos jóvenes.

    También al resto de la población, como sucedió sobre todo en las ciudades de Nueva York, Detroit o Chicago, donde trabajadores de obra civil, alimentación, limpieza y transporte -empleos ejercidos por la clase media o baja- han resultado más afectados y han propagado al virus a lo largo y ancho de esas urbes.

    Por último, los propios investigadores sugieren que, para aquellos que pertenecen a grupos minoritarios raciales y étnicos en mayor riesgo, con afecciones médicas subyacentes y sus cuidadores, son necesarios mensajes de prevención claros, coherentes y apropiados para el desarrollo, la lengua y la cultura.

    El trabajo de los CDC sugiere que los menores de 21 años expuestos al COVID-19 deben ser monitoreados para detectar posibles complicaciones.

    Asimismo, recomienda continuar con la vigilancia de infecciones, hospitalizaciones y muertes asociadas al COVID-19 entre esta franja etaria, en el marco de la reapertura de escuelas y liceos en EEUU.

     

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    minorías, COVID-19, EEUU
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